La electrificación del reparto urbano ya no es una promesa de futuro, sino una solución tangible para reducir emisiones, mejorar la calidad del aire y rebajar costes sanitarios. Volkswagen Vehículos Comerciales lo sabe y por eso ha convertido los modelos PHEV y BEV en una de las grandes palancas de transformación de la última milla.

La última milla también puede entenderse como una política de salud pública. Cada paquete que llega a casa activa una cadena logística que durante décadas se ha apoyado casi exclusivamente en furgonetas diésel: almacenes, tráfico urbano, rutas intensivas y decenas de vehículos recorriendo barrios densamente poblados cada día. Hoy, sin embargo, la gran pregunta es por qué se sigue retrasando la electrificación del e-commerce.

Volkswagen vehículos comerciales

La apuesta de Volkswagen por los vehículos comerciales PHEV —híbridos enchufables— y BEV —100% eléctricos— responde a una lógica mucho más amplia que la simple reducción de CO₂. El verdadero impacto está en el aire que respiramos. La Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA) sitúa la contaminación atmosférica como el principal riesgo ambiental para la salud en Europa. Solo en 2023, la exposición a partículas finas PM2.5 provocó 182.000 muertes prematuras en la Unión Europea; los óxidos de nitrógeno (NOx), estrechamente ligados al tráfico rodado, causaron otras 34.000; y el ozono troposférico, 63.000 más. Además, el 94% de la población urbana europea sigue expuesta a niveles de PM2.5 superiores a los recomendados por la OMS.

Menos emisiones, menos enfermedad

Reducir esas cifras pasa, en buena medida, por electrificar el transporte urbano. El transporte es responsable del 57,3% de las emisiones de NOx en la Unión Europea y de casi el 31% de las partículas PM2.5 y PM10. En ciudad, ese impacto se multiplica. Las emisiones se producen cerca de colegios, hospitales, viviendas y zonas de alta densidad peatonal. De ahí que cuando una furgoneta Volkswagen BEV (Battery Electric Vehicle) sustituye a una diésel, el beneficio sanitario sea inmediato: desaparecen las emisiones locales de escape, se eliminan los NOx y las partículas derivadas de la combustión y se reduce además la contaminación acústica.

En el caso de los PHEV (Plug-in Hybrid Electric Vehicle o Vehículo Eléctrico Híbrido Enchufable) de Volkswagen, cuando se utilizan correctamente —es decir, con carga frecuente y un uso real en modo eléctrico— el efecto también es relevante porque algunos modelos pueden recorrer hasta 119 km sin recurrir a los combustibles fósiles. Eso quiere decir menos emisiones urbanas, pero también menos ingresos hospitalarios. La propia Unión Europea subraya que reducir la contaminación hasta los niveles recomendados por la OMS habría evitado buena parte de las muertes atribuibles a las partículas finas. La electrificación, por tanto, no es solo una cuestión de sostenibilidad o regulación: es una medida de salud pública.

El coste invisible de cada entrega

Estudios realizados por la Unión Europea sobre externalidades del transporte sitúan los costes derivados de contaminación atmosférica, ruido, congestión y morbilidad asociada al diésel ligero urbano entre varios céntimos y más de un euro por entrega, dependiendo del entorno urbano y de la intensidad de uso. En operaciones de última milla en grandes ciudades como Madrid o Barcelona, la estimación del coste sanitario se sitúa entre 0,30 y 1 euro por paquete entregado.

Cada furgoneta electrificada que sustituye a una diésel reduce emisiones locales de NO₂ y partículas finas, dos de los contaminantes más ligados a enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

Electrificar reduce esa carga invisible. Y esa es una de las razones por las que VW está acelerando la transición. La gama de Volkswagen Vehículos Comerciales ya cuenta con cerca de una decena de modelos PHEV y BEV destinados tanto al uso profesional como al familiar. Solo entre enero y marzo de 2026, las entregas de vehículos comerciales electrificados —PHEV y BEV— la situó como la segunda marca con más electrificados vendidos en España.

PHEV: electrificar sin renunciar a autonomía

Los híbridos enchufables son unos de los grandes protagonistas del reparto urbano y extraurbano. Permiten operar en modo eléctrico dentro de la ciudad —donde las restricciones y el impacto sanitario son mayores— sin renunciar a autonomía total para trayectos largos o usos intensivos. El Caddy eHybrid y el Caddy Cargo eHybrid son probablemente uno de los mejores ejemplos de esta transición realista. Ofrecen hasta 119 kilómetros de autonomía eléctrica combinada y hasta 147 kilómetros en ciudad, suficiente para cubrir buena parte del reparto diario sin recurrir al motor térmico. Su autonomía total alcanza los 630 kilómetros y la versión Cargo ofrece hasta 3,7 m³ de volumen de carga .

El nuevo Transporter PHEV, que llega en 2026, amplía esa lógica al núcleo del vehículo profesional. Ofrece hasta hasta 80 kilómetros de autonomía eléctrica urbana, además de hasta 820 en uso combinado. La Caravelle PHEV traslada esa misma propuesta al transporte profesional de pasajeros, con hasta 9 plazas y etiqueta CERO, especialmente útil para transporte premium de viajeros, taxi o servicios urbanos. A ello se suman el Multivan eHybrid y el California eHybrid, con autonomías eléctricas de hasta 91 y 88 kilómetros respectivamente.

BEV: la solución más directa en ciudad

En muchas operaciones de última milla, sin embargo, el vehículo 100% eléctrico ya no es una alternativa de futuro, sino la opción más eficiente del presente. La barrera histórica de la autonomía ha dejado de ser determinante en buena parte del trabajo real. El ID. Buzz y el ID. Buzz Cargo son probablemente el mejor ejemplo de cómo la electrificación ha dejado de exigir renuncias. Con baterías de hasta 86 kWh, ofrecen hasta 469 kilómetros de autonomía combinada y hasta 626 kilómetros en ciudad, además de carga rápida de hasta 200 kW .

El e-Transporter, diseñado específicamente para uso profesional y logística urbana, alcanza hasta 371 kilómetros combinados y hasta 522 kilómetros urbanos, con hasta 9 m³ de capacidad de carga. El e-Caravelle lleva esa misma lógica al transporte profesional de pasajeros, con hasta 345 kilómetros de autonomía combinada y hasta 482 kilómetros urbanos

Cada furgoneta diésel que sigue repartiendo en el centro de una ciudad mantiene una factura invisible: contaminación, ruido, enfermedades respiratorias, eventos cardiovasculares y gasto hospitalario. Cada vehículo comercial PHEV o BEV que entra en circulación reduce parte de esa carga. Porque de lo que se trata es de repartir mejor, pero también de respirar sano.