Un equipo de la Universidad de Alicante y la Universidad de Salerno publica una revisión de los 43 cascos de hierro recuperados en 1990 del yacimiento submarino de Benicarló (Castellón), catalogados durante más de 30 años como romanos
En 1990, unos pescadores locales arrastraron en sus redes dos grandes masas de metal fundidas por la corrosión marina, frente a la costa de Benicarló, en Castellón. Cuando los arqueólogos abrieron aquellas concreciones, encontraron 43 cascos de hierro apilados: un hallazgo espectacular que fue interpretado en su momento como un cargamento romano, dado que la zona costera valenciana es rica en restos del período romano imperial y los cascos presentaban una morfología que los especialistas de la época asociaron con ese período.
Durante más de tres décadas, la colección fue catalogada, exhibida y citada como romano. La nueva investigación liderada por el doctorando Manuel Frallicciardi (supervisado conjuntamente por la Universidad de Alicante y la de Salerno), publicada en Antiquity, demuestra que esa clasificación era incorrecta: los cascos no son romanos sino medievales, fabricados entre 1375 y 1425 aproximadamente.
La técnica que cambió la historia: radiocarbono en tejido
La clave del hallazgo fue la conservación, dentro de los cascos, de fragmentos de textil: los foros o revestimientos interiores de tela que los cascos medievales llevaban para amortiguar los golpes. Ese material orgánico se había preservado en condiciones anóxicas bajo la concreción marina durante siglos. El equipo aplicó datación por radiocarbono directamente sobre esas fibras textiles, combinada con análisis físico-químicos de los materiales ferrosos para caracterizar su técnica de fabricación.
Tres grupos del conjunto de Benicarló: a y b) corresponden a los dos bloques recuperados en Piedras de la Barbada, que actualmente se conservan en el Museo de Bellas Artes de Castellón (grupos A y B); c) las piezas separadas y conservadas que se exhiben en el Museo de la Ciudad de Benicarló (grupo C). Las imágenes se han elaborado a partir de datos fotogramétricos (ilustración de M. Frallicciardi).
Los resultados fueron inequívocos: las fechas de radiocarbono apuntan consistentemente a la segunda mitad del siglo XIV y el principio del XV, un período en que la costa valenciana estaba bajo presión creciente de la piratería islámica y los reinos mediterráneos competían por el control de las rutas marítimas. «Estamos ante evidencia directa de comercio de armas a gran escala. Este descubrimiento revela una red de intercambio que conectaba las potencias mediterráneas en un período de piratería, guerra y creciente demanda de equipamiento militar», señaló el coautor Raimon Graells, profesor de la Universidad de Alicante.
El mayor depósito de cascos medievales del Mediterráneo occidental
Los 43 cascos de Benicarló son ahora el mayor depósito conocido de cascos medievales en el Mediterráneo occidental. El número de piezas y el estado de conservación de los textiles interiores convierten este hallazgo en una fuente de información inédita sobre la fabricación, el comercio y el uso de equipamiento militar en la Baja Edad Media mediterránea.
El análisis morfológico identifica los cascos como del tipo de capacete o sallet, cascos abiertos de forma redondeada ampliamente usados por infantería en toda Europa durante el siglo XIV y XV. Esa tipología se producía principalmente en talleres de armería del norte de Italia (Milán) y Alemania (Colonia, Núremberg), desde donde se distribuían por todo el Mediterráneo a través de redes comerciales establecidas. Los cascos de Benicarló podrían representar parte de un cargamento destinado a las milicias costeras del Reino de Valencia, implicadas en la defensa marítima de la región durante el período de mayor presión de la piratería en el siglo XIV.
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