Un estudio encuentra que los estilos de apego ansioso predicen de forma consistente un mayor número de hijos, mientras que el apego seguro se asocia con familias más pequeñas
La teoría del apego describe cómo las experiencias tempranas con los cuidadores (en general los padres) determinan los patrones que usamos para relacionarnos con los demás a lo largo de la vida. La idea intuitiva que la mayoría de la gente tiene sobre estas categorías es que el apego seguro es bueno para todo: mejores relaciones, mayor bienestar, mejores resultados vitales.
Un estudio publicado en el International Journal of Psychology con más de 15.000 participantes en tres países ha encontrado un efecto inesperado del apego inseguro, especialmente el temeroso y el preocupado, que predice sistemáticamente un mayor número de hijos.
Los estilos de apego y su relación con la fecundidad
La teoría del apego adulto distingue cuatro patrones principales. El apego seguro combina una visión positiva de uno mismo y de los demás, facilitando relaciones estables y satisfactorias. El apego temeroso implica una visión negativa de ambos, con miedo al rechazo y dificultad para mantener relaciones. El apego preocupado se caracteriza por una dependencia excesiva de los demás para la validación, con relaciones frecuentemente conflictivas. El apego evitativo o desdeñoso mantiene una imagen positiva de uno mismo pero negativa de los demás, tendiendo a la autosuficiencia emocional y evitando la intimidad.
H. Komatsu y su equipo analizaron datos de 15.120 adultos reclutados mediante una encuesta online en Japón, Canadá y Estados Unidos, y midieron su estilo de apego predominante y el número de hijos que tenían. Los resultados mostraron que el apego temeroso y el preocupado, los dos estilos de apego inseguro más marcados por la ansiedad relacional, predecían de forma positiva y consistente el número de hijos en las tres muestras. Las personas con esos estilos relacionales tendían a tener familias más numerosas que las de apego seguro o desdeñoso.
El apego seguro predice menos hijos
En Canadá y Estados Unidos, el apego seguro se asoció negativamente con el número de hijos: las personas con el patrón relacional considerado más saludable tendían a tener familias más pequeñas. En Japón, el apego seguro no mostró ninguna relación significativa con la fecundidad en ninguna dirección.
Este hallazgo invierte el supuesto habitual de que el apego seguro es adaptativamente superior en todos los dominios. En términos evolutivos, si lo que se mide es el éxito reproductivo (número de descendientes), los estilos de apego inseguro muestran una ventaja que la psicología del bienestar no había considerado. La pregunta obvia es por qué.
Las posibles explicaciones
El estudio propone varios mecanismos que podrían conectar la inseguridad relacional con una mayor fecundidad. Las personas con apego preocupado, que buscan validación constante de los demás y temen el abandono, podrían recurrir a la maternidad o paternidad como fuente de vínculos afectivos que perciben como más incondicionales que los de pareja. Las personas con apego temeroso, que oscilan entre el deseo de intimidad y el miedo al rechazo, podrían iniciar relaciones sexuales más frecuentemente o con menos planificación anticonceptiva como resultado de sus patrones relacionales impulsivos.
Otra vía posible es la tendencia de las personas con apego ansioso a permanecer en relaciones incluso cuando son insatisfactorias, lo que aumenta el tiempo de exposición al riesgo de embarazo no planificado. Y en culturas donde los hijos son percibidos como un recurso social o un seguro de vejez, la inseguridad percibida en otros dominios de la vida podría traducirse en una mayor inversión en descendencia.
Por qué Japón es diferente
La ausencia de relación significativa del apego seguro con la fecundidad en Japón, frente a la relación negativa en Norteamérica, es el hallazgo que más peso tiene sobre las interpretaciones del estudio. Japón tiene una de las tasas de natalidad más bajas del mundo y una cultura donde las presiones sociales sobre la maternidad y la paternidad, los costes de la crianza y las expectativas laborales operan de forma muy distinta a como lo hacen en Canadá o Estados Unidos. Los investigadores proponen que las normas culturales median sustancialmente cómo los estilos de apego se traducen en comportamientos reproductivos: lo que en un contexto cultural es una ruta hacia la fecundidad puede ser irrelevante o incluso contraproducente en otro.
Lo que el estudio no puede establecer
El diseño transversal basado en encuesta online tiene limitaciones relevantes. La causalidad no puede establecerse: el estudio mide asociación, no mecanismo directo. No puede determinarse si el estilo de apego influyó sobre las decisiones reproductivas, si tener más hijos modificó el estilo de apego, o si ambos están influidos por factores de tercera variable no medidos (estatus socioeconómico, religiosidad, educación). El reclutamiento online sesga las muestras hacia personas con acceso a internet y cierto nivel de alfabetización digital, y la medición del estilo de apego mediante cuestionario captura el estado actual, no el historial de desarrollo.
Lo que el estudio sí aporta es una base empírica para cuestionar la equivalencia entre apego seguro y éxito adaptativo en todos los dominios de la vida. En psicología evolutiva, la «adaptación» se mide en términos de descendencia, y en ese terreno los resultados apuntan en una dirección que invita a revisar algunos supuestos de la psicología del apego.