No hagas videollamadas: los cerebros de las personas se sincronizan en una conversación cara a cara
La sincronía de ondas cerebrales entre dos personas durante la interacción presencial predice el afecto mutuo, el aprendizaje y el bienestar social
Estar en la misma longitud de onda con alguien era, hasta hace una década, una metáfora. Ahora es una magnitud física medible en tiempo real: cuando la conversación fluye de verdad, las oscilaciones eléctricas en el cerebro de una persona empiezan a replicar el ritmo de las oscilaciones en el cerebro de la otra, visibles en los datos en milisegundos.
Suzanne Dikker, profesora de investigación en la Universidad de Nueva York y la Universidad de Gante, lleva diez años midiendo ese fenómeno en entornos donde la neurociencia de laboratorio nunca había llegado, y los hallazgos acaban de ser sintetizados en una revisión publicada en Trends in Cognitive Sciences.
bad Bunny y el enlectroencefalograma portátil
Durante décadas, el estudio del cerebro estuvo atrapado dentro de máquinas inmóviles. Una resonancia magnética funcional pesa varias toneladas y requiere que el sujeto permanezca quieto dentro de un tunel estrecho. Estudiar qué ocurre entre dos cerebros durante una conversación real, en una habitación real, era técnicamente imposible.
El casco de EEG portátil cambió esa limitación. Lo bastante ligero para llevarse puesto durante una clase o un concierto, registra la actividad eléctrica del cerebro a través de sensores en el cuero cabelludo. No tiene la resolución anatómica de una resonancia, pero captura algo que la resonancia no puede: ondas cerebrales en movimiento, en contexto, en dos o más personas simultáneamente.
El equipo de Dikker usó esta tecnología en lugares donde la neurociencia nunca había entrado: clases de secundaria durante semanas de instrucción real, salas de museos, festivales con público real, y en 2019 los colocaron en Bad Bunny y Residente mientras colaboraban en el tema "Bellacoso", mostrando en tiempo real el estado de su alineación neuronal en las pantallas del estudio.
Sincronía, afecto y aprendizaje entre dos cerebros
Cuando dos personas estaban genuinamente comprometidas la una con la otra, sus ritmos de ondas cerebrales empezaban a coincidir. La alineación no era metafórica: las oscilaciones eléctricas de un cerebro comenzaban a reflejar el timing de las oscilaciones del otro, en milisegundos, todo visible en los datos brutos.
En los estudios en aulas de secundaria, que siguieron a estudiantes durante semanas, los alumnos cuya actividad neuronal se sincronizaba más con la de sus compañeros reportaban que esos compañeros les gustaban más. También reportaban mayor implicación con el contenido del curso y valoraban más positivamente la clase. "Nuestros años de experimentos muestran que podemos medir de forma consistente la noción aparentemente inaprensible de 'estar en la misma longitud de onda' con alguien, una sincronía vinculada a relaciones sociales saludables", señaló Dikker.
La revisión distingue qué tipos de actividad producen más sincronía: no las estructuradas o mediadas por pantallas, sino las casuales e informales. La charla intrascendente, los juegos, la conversación sin propósito son las que más consistentemente generan alineación neuronal. La implicación no es trivial: las actividades que muchas personas y muchas políticas de bienestar mental tratan como "pérdida de tiempo" son precisamente las que más contribuyen al sustrato neurológico de la cohesión social.
Los cerebros solitarios no se sincronizan bien
Los hallazgos sobre la soledad fueron los más llamativos. Cuando el equipo analizó los datos de individuos socialmente aislados, encontró un patrón distintivo: su actividad neuronal durante las interacciones era más idiosincrásica, más única a ellos mismos, menos dispuesta a caer en sincronía con las personas a su alrededor. Los cerebros solitarios, de forma medible, tienen más dificultades para sincronizarse.
La dirección causa-efecto aquí es difícil de establecer definitivamente, y los autores lo reconocen. Es posible que el aislamiento cause el patrón neuronal solitario. Es posible que para algunas personas la sincronía sea más difícil de alcanzar, lo que a su vez aumenta su aislamiento.
Los investigadores argumentan que la relación es casi con toda seguridad bidireccional: "Las personas solitarias muestran una actividad cerebral más idiosincrásica, y existe evidencia creciente de que las actividades cara a cara que implican sincronía interpersonal, como jugar o charlar, son importantes para mantener la cohesión social en las comunidades", dijo Dikker.
La implicación más importante de ese argumento es que la firma neural de la soledad que han identificado no es solo un síntoma sino posiblemente un mecanismo: la dificultad de sincronizar podría perpetuar el aislamiento de forma activa, no solo reflejarlo.
Neurofeedback para sincronizar cerebros
Lo que convierte esta revisión en un paso más allá del diagnóstico es que el equipo ha demostrado que la sincronía se puede modular de forma deliberada. El marco que proponen es el del neurofeedback multi-cerebro: un sistema que captura las dinámicas neurales interpersonales en tiempo real y las usa para proporcionar retroalimentación a los participantes, guiando la interacción hacia mayor o menor sincronía según el objetivo.
Los autores proponen una jerarquía de tres niveles para ese neurofeedback: puede dirigirse a las dinámicas sensoriales compartidas (alinear señales básicas), a los procesos sociocognitivos (modular atención y comprensión mutua), o a los resultados sociales globales (afecto, cohesión, aprendizaje). Cada nivel tiene aplicaciones distintas, desde intervenciones terapéuticas en personas con dificultades de socialización hasta herramientas pedagógicas en entornos educativos.
El horizonte clínico más prometedor, aunque todavía especulativo, es el uso de neurofeedback multi-cerebro como herramienta para abordar la soledad crónica o las dificultades de interacción social en condiciones como el autismo o la depresión. Si la firma neurológica de la soledad es medible, y si la sincronía puede ser guiada desde fuera, existe al menos en principio una palanca de intervención que ningún tratamiento disponible actualmente tiene.
El equipo reconoce que los desafíos metodológicos son sustanciales y que las aplicaciones reales requieren mucho trabajo adicional. Pero la prueba de concepto de que la sincronía se puede medir, predecir y modular ya está establecida.
Referencia
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