No, a las mujeres no se les da mejor la multitarea, la diferencia está en otra cosa

hombres y mujeres

Un estudio muestra que hombres y mujeres rinden igual en tareas simultáneas salvo una: cuando hay que responder preguntas al mismo tiempo

El estereotipo de que las mujeres hacen mejor varias cosas a la vez es uno de los más instalados en la cultura popular, aparece en memes, en conversaciones de oficina y en chistes de sobremesa con la misma regularidad que la frase "los hombres son incapaces de escuchar mientras hacen algo". Como todos los estereotipos con raíces en la experiencia cotidiana, este tiene algo de verdad y algo de exageración, y hasta ahora nadie había sido capaz de separar ambas con precisión. Un matrimonio de investigadores de la Universidad de Londres acaba de hacerlo.

Índice
  1. Un experimento de cocina, papel y conversación
  2. Dónde aparece la única diferencia real
  3. Necesito silencio para concentrarme
  4. Un mecanismo que no está completamente claro
  5. Referencia

Un experimento de cocina, papel y conversación

André Szameitat, profesor en el Centro de Neurociencia Cognitiva y Clínica de la Universidad de Brunel, y Diana Szameitat, profesora de la Universidad City St George's, diseñaron su experimento inspirados en algo muy concreto: su propia vida criando dos hijos. Querían replicar la multitarea real, no la de laboratorio, que suele consistir en pulsar botones ante estímulos en una pantalla.

El resultado fue un entorno repartido en tres mesas distintas donde los 41 hombres y 37 mujeres del estudio debían simultanear cinco tareas: seguir una receta de cocina simulada, realizar dos tareas de papel y lápiz cuando sonaba un temporizador, monitorizar una presentación de palabras sobre fondos de colores y anotarlas, y responder oralmente a preguntas complejas pregrabadas que sonaban por altavoces. Ninguna de las tareas era virtual. Ninguna era trivial. Y todas competían por la atención al mismo tiempo.

Dónde aparece la única diferencia real

En las cuatro tareas sin componente verbal, el rendimiento de hombres y mujeres fue estadísticamente indistinguible. No hubo diferencia en la tarea de cocina, ni en las de papel, ni en el monitoreo de la presentación. El estereotipo de la multitarea general, aplicado a esas dimensiones, no encontró respaldo en los datos.

Pero en la tarea de conversación, los hombres ignoraron las preguntas más del doble de veces que las mujeres. Cuando la presión temporal aumentaba en el transcurso del experimento, esa brecha se hizo más pronunciada todavía. "Existe esta sospecha de que sí existen diferencias de sexo en la multitarea", señaló André Szameitat. "Pero hasta ahora no habían sido identificadas."

Los investigadores proponen que esa "menor locuacidad" de los hombres bajo presión podría explicar por qué el estereotipo existe y persiste. Si históricamente las personas han observado que los hombres dejan de responder o de mantener conversaciones cuando están concentrados en otras tareas, y las mujeres no, el estereotipo tiene una base experiencial real, aunque no refleje una diferencia global en la capacidad de multitarea.

Necesito silencio para concentrarme

Para saber si esa diferencia era visible desde fuera, el equipo organizó un segundo estudio en el que 160 personas que no conocían los objetivos de la investigación vieron vídeos de los participantes realizando las tareas y los evaluaron. Los observadores juzgaron a las mujeres como más en control, con mejor rendimiento y menos estresadas que los hombres. Y cuando los investigadores analizaron qué era lo que más influía en esas valoraciones, la respuesta fue clara: la actuación en la tarea de conversación era el factor más determinante en la percepción de competencia global.

En otras palabras, la gente usa la fluidez verbal como señal de que alguien tiene todo bajo control. Cuando los hombres dejan de responder a las preguntas mientras hacen otras cosas, los observadores lo interpretan como una señal de que están perdidos, aunque en las otras cuatro tareas estén rindiendo igual que sus compañeras.

Un mecanismo que no está completamente claro

Lo que el estudio no puede determinar es si los hombres abandonan la tarea de conversación de forma estratégica (una decisión consciente de priorizar las otras tareas) o porque les resulta genuinamente más difícil mantener la actividad verbal mientras procesan otras demandas simultáneas. El investigador Marco Hirnstein, de la Universidad de Bergen, señaló la ambigüedad: "Podría ser una decisión consciente. También podría ser que tuvieran tanto pasando a la vez que algo tenía que ceder, y lo primero en irse fue esa tarea verbal."

Esa distinción importa para las implicaciones prácticas. Si es una priorización estratégica, es potencialmente modificable con instrucciones o formación. Si refleja una mayor dificultad para mantener la producción verbal bajo presión cognitiva elevada, las implicaciones para el diseño de puestos de trabajo que dependen de la comunicación verbal continua son distintas. "La reducida locuacidad en el lugar de trabajo puede ser percibida como maleducada o incluso grosera", señaló Szameitat. "La investigación futura debería examinar si el entrenamiento podría ayudar a mantener las habilidades verbales bajo presión."

Referencia

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