Una IA encuentra una alternativa al Ozempic
Un algoritmo rastreó los 20.000 genes humanos y dio con BRP, un péptido diminuto que reduce el apetito de forma parecida a Ozempic, aunque actuando de manera más localizada en el cerebro
Nuestro propio cuerpo fabrica un montón de mensajeros químicos que regulan el hambre, y muchos de ellos siguen sin descubrir, escondidos entre miles de fragmentos de proteínas. Un equipo de la Universidad de Stanford ha usado la inteligencia artificial para bucear en ese archivo y ha sacado a la luz uno especialmente prometedor: una molécula natural que, en animales, quita el apetito con una eficacia comparable a la de los fármacos de moda para adelgazar, y con menos efectos secundarios.
Un péptido escondido en nuestros genes
La molécula se llama BRP y es un péptido, es decir, una cadena corta de aminoácidos, las piezas con las que se construyen las proteínas. En su caso, una cadena minúscula de apenas 12 aminoácidos. Procede de una proteína mayor llamada BRINP2 mediante un proceso habitual en el organismo: muchas hormonas nacen como prohormonas, moléculas inactivas que unas enzimas van cortando en trozos más pequeños hasta liberar el fragmento que de verdad funciona. Una de esas piezas, por ejemplo, es el famoso GLP-1, la hormona que regula el hambre y el azúcar y cuyos efectos imita la semaglutida de Ozempic. La sospecha de los investigadores era que la misma maquinaria de corte podía estar produciendo otros mensajeros del apetito todavía sin identificar.
Una IA para leer 20.000 genes
El problema es de escala. Buscar a mano esos péptidos entre cientos de miles de fragmentos resulta casi imposible, así que el equipo construyó un algoritmo bautizado como Peptide Predictor. El programa peinó los 20.000 genes humanos que codifican proteínas en busca de los puntos donde una enzima concreta (la prohormona convertasa 1/3, ya relacionada con la obesidad) suele hacer sus cortes. Después acotó la lista a las proteínas que se secretan fuera de la célula, un rasgo típico de las hormonas, y se quedó con 373 prohormonas candidatas. De ellas, la IA predijo 2.683 péptidos posibles. El equipo eligió 100 de los más prometedores, incluido el GLP-1 como control, y comprobó su capacidad para activar neuronas cultivadas en el laboratorio. El GLP-1 triplicó la actividad de esas células, un resultado potente. BRP, mucho más pequeño, la multiplicó por diez.
Como Ozempic, pero más localizado
La diferencia con los fármacos actuales está en dónde actúa. Los receptores sobre los que trabaja la semaglutida están en el cerebro, pero también en el intestino, el páncreas y otros tejidos, y de ahí vienen tanto sus beneficios (bajar el azúcar) como buena parte de sus molestias (náuseas, estreñimiento, digestión lenta). Según explica la investigadora Katrin Svensson, autora principal del trabajo, BRP parece actuar sobre todo en el hipotálamo, la pequeña región cerebral que gobierna el apetito y el metabolismo, y lo hace por una vía distinta de la del GLP-1. Los resultados en animales, publicados en la revista Nature, fueron llamativos. Una inyección de BRP antes de comer redujo la ingesta de la hora siguiente hasta en un 50% en ratones y en minicerdos, un modelo que se parece más al metabolismo humano. En ratones obesos tratados durante 14 días, la grasa corporal bajó mientras el grupo de control seguía engordando, y además mejoraron su control del azúcar. En las pruebas de comportamiento no aparecieron señales de náuseas, estreñimiento ni la pérdida de músculo asociada a otros tratamientos.
Por qué conviene frenar el entusiasmo
Todos estos resultados se han obtenido en ratones y cerdos, no en personas, así que se ignora por completo si el efecto se repetirá en humanos y a qué precio. Los investigadores todavía no han identificado el receptor al que se acopla BRP, el interruptor molecular sobre el que actúa, de modo que su mecanismo no está del todo mapeado. Hay además un problema práctico: los péptidos tan pequeños se degradan enseguida en el cuerpo, por lo que habría que rediseñarlos para que duraran lo suficiente y no exigieran inyecciones constantes. Conviene sumar dos cautelas más. La primera, que los ensayos en humanos los prepara una empresa cofundada por la propia Svensson, que figura como inventora en las patentes, un interés comercial que siempre conviene tener presente.
Con todas esas reservas, lo verdaderamente valioso del trabajo quizá esté en el método más que en el propio BRP. La obesidad es una enfermedad seria para la que llevamos décadas sin buenas herramientas, y disponer de un algoritmo capaz de rastrear nuestro propio genoma en busca de mensajeros ocultos abre la puerta a encontrar muchos más, no solo para el apetito. La inteligencia artificial se convierte así en una especie de prospector que cartografía una mina que teníamos delante sin saber leerla: la de las moléculas que nuestro cuerpo ya fabrica. BRP es, por ahora, una promesa de laboratorio y una hipótesis sobre cómo regulamos el hambre, no una pastilla en la farmacia. El camino hasta ahí, si es que llega, será largo.
REFERENCIA
- Prohormone cleavage prediction uncovers a non-incretin anti-obesity peptide (Coassolo et al., Nature 641(8061):192-201, 2025. DOI: 10.1038/s41586-025-08683-y)
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