¿Cómo duermen las ballenas bajo el agua? Su técnica es sorprendente
Un estudio con cachalotes frente a Noruega revela que estos gigantes se quedan suspendidos, en vertical, justo debajo de la superficie mientras descansan
Imagina a un animal de quince metros y decenas de toneladas colgando inmóvil en el agua, en posición vertical, como una columna dormida a pocos metros de la superficie. Así descansan los cachalotes, en una postura vertical que no adopta ningún otro cetáceo. Durante años quedaba en el aire una pregunta física de aspecto tonto y respuesta nada evidente: siendo tan flotantes, ¿cómo se las arreglan para no salir disparados hacia arriba mientras duermen? Un equipo acaba de resolverlo, y la respuesta es tan elegante como inesperada: soltando burbujas.
El problema de flotar demasiado
El cachalote es el único gran cetáceo que se sabe que descansa en vertical, suspendido justo bajo la superficie. Esa posición tiene ventajas: lo protege del vaivén del oleaje y le ahorra el enorme gasto de energía que supondría bajar a dormir a aguas profundas. El inconveniente es puramente físico. Estos animales flotan con facilidad, sobre todo en los primeros cien metros de agua, por la gigantesca reserva de espermaceti (una cera líquida) que llevan en la cabeza. Un cuerpo tan boyante debería subir sin remedio hacia la superficie en cuanto se relaja. La incógnita era cómo consigue quedarse quieto a media agua sin nadar.
Burbujas a modo de lastre
Para averiguarlo, los investigadores colocaron pequeños sensores mediante ventosas sobre 42 cachalotes en aguas de las islas Lofoten, en Noruega. Los aparatos registran el sonido, la profundidad y los movimientos en tres dimensiones. Diez de los 42 cachalotes descansaron sumergiéndose cabeza abajo, y esas grabaciones sincronizadas de postura, movimiento y sonido de burbujas fueron las que sirvieron de base al análisis. Con esos datos, el equipo de Noémie Freymond y Patrick Miller construyó una simulación basada en la densidad de los tejidos, el rozamiento con el agua y el volumen de gas dentro del cuerpo.
El resultado, publicado en el Journal of Experimental Biology, confirma la sospecha: al liberar burbujas, el cachalote reduce su flotabilidad y logra quedarse casi en equilibrio, ni subiendo ni bajando. Como es un buceador en apnea, si empieza a ascender el gas de sus pulmones se expande siguiendo la ley de Boyle-Mariotte y lo empuja aún más hacia arriba; soltar aire contrarresta justo ese efecto. Los animales, además, inician las inmersiones de descanso con menos aire en los pulmones que las de caza, otro ajuste fino de la flotabilidad.
El truco contraintuitivo de la profundidad
Aquí aparece el detalle más bonito. Los cachalotes que descansaban muy cerca de la superficie soltaban unas 11 burbujas por siesta, mientras que los que reposaban asociados a mayor profundidad emitían apenas tres o cuatro. La intuición diría lo contrario, ya que una inmersión profunda parece exigir más aire. La explicación está de nuevo en la presión: cuanto más abajo, más comprimido queda el gas del cuerpo y menos flota el animal, de modo que necesita ventilar mucho menos para mantenerse sumergido. Cerca de la superficie, en cambio, ese mismo gas se expande y obliga a soltar más burbujas para no emerger. Física de bachillerato aplicada, sin quererlo, por un animal dormido.
¿De verdad están dormidos?
Conviene una pequeña cautela con la palabra dormir. Durante estos episodios los cachalotes se quedan inmóviles y dejan de responder al entorno, un comportamiento compatible con el sueño, pero los sensores de movimiento no pueden asomarse a su cerebro para confirmar que están durmiendo de verdad. Que un animal regule su flotabilidad con tanta precisión mientras, muy probablemente, duerme resulta asombroso, un reto totalmente ajeno a los mamíferos terrestres, como resume Miller. Queda además una puerta abierta muy sugerente: los autores no descartan que esas burbujas sirvan también para expulsar el exceso de CO2 o de nitrógeno acumulado en los tejidos, lo que conectaría este gesto con la forma en que estos buceadores extremos manejan los gases y evitan problemas de descompresión.
Vale la pena recordar que el trabajo nació de la tesis de máster de Freymond, hoy dedicada a estudiar el sueño de los chimpancés, sobre las observaciones pioneras de Miller acerca del descanso de estos animales. Los cachalotes, que también frecuentan aguas españolas como las de Canarias o el Estrecho, siguen dándonos lecciones de ingeniería. La próxima vez que veas burbujas subiendo del mar, quizá haya detrás un gigante de cabeza cuadrada echándose la siesta y ajustando, burbuja a burbuja, su sitio exacto en el agua.
REFERENCIA
- Buoyancy regulation through modulation of onboard gas volume by resting sperm whales (Physeter macrocephalus) (Freymond, Burslem y Miller, Journal of Experimental Biology 229(14):jeb251920, 2026. DOI: 10.1242/jeb.251920)
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