No es el sol, es Betelgeuse, la estrella arrugada que está a punto de estallar
El radiotelescopio ALMA ha captado la imagen más detallada jamás obtenida de la superficie de Betelgeuse, revelando al menos dos regiones más calientes que el entorno
Betelgeuse (pronúnciese "bitelchús") es una de esas estrellas que no necesitan presentación. Brilla en el hombro derecho de Orión, a 600 años luz de la Tierra. Es tan grande que, si estuviera en el lugar del Sol, sus bordes alcanzarían más allá de la órbita de Júpiter, y lleva décadas fascinando a los astrónomos porque podría explotar como supernova en cualquier momento de los próximos miles de años. En 2019, su misteriosa pérdida de brillo, conocida como el Gran Oscurecimiento, convulsionó la astronomía aficionada y profesional. Un nuevo trabajo basado en datos del radiotelescopio ALMA añade otro capítulo a esa historia.
Una imagen de siete milisegundos de arco
Las observaciones se realizaron en 2023 con el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array en su configuración de líneas de base más largas, lo que permitió alcanzar una resolución de siete milisegundos de arco, un detalle extraordinario para la radioastronomía. A esa escala, ALMA puede resolver estructuras en la atmósfera de Betelgeuse que serían invisibles en prácticamente cualquier otra estrella. Ubicada a unos 600 años luz de distancia, la supergigante roja tiene un radio de unas 800 veces el del Sol, y ese tamaño colosal es lo que hace posible verle detalles. El equipo, liderado por el astrónomo del Observatorio Europeo Austral Bill Dent, publicó los resultados como preprint en arXiv (DOI 10.48550/arXiv.2608.19339), pendiente aún de revisión por pares.
Una superficie hirviente e irregular
Lo que muestra la imagen es una estrella que no se parece en nada a una esfera perfecta. La temperatura media de la atmósfera de Betelgeuse ronda los 2.300 grados Kelvin, pero la distribución de ese calor es enormemente irregular. ALMA detectó al menos dos puntos calientes, uno hacia el noreste y otro hacia el suroeste del disco estelar. El más brillante supera en unos 800 grados al gas circundante. La silueta de la estrella también varía hasta en un seis por ciento en su radio aparente según la dirección que se mida, y por los bordes del disco emerge una emisión más tenue que se extiende varios radios estelares hacia el espacio. Las observaciones de moléculas presentes en la atmósfera, como el monóxido de silicio y el monóxido de carbono, muestran un entorno todavía más irregular y grumoso.
El punto caliente que desafía los modelos
El hallazgo más sorprendente llegó al comparar las nuevas imágenes con las que ALMA tomó de Betelgeuse en 2015. El punto caliente del noreste aparece prácticamente en la misma posición y con una intensidad similar en ambas épocas. Eso significa que esa estructura lleva al menos siete años en el mismo lugar, mucho más tiempo del que los modelos actuales de convección estelar asignan a las grandes células convectivas. En la teoría estándar, el gas caliente que asciende desde las capas profundas de una supergigante roja genera enormes burbujas que suben, se enfrían y se hunden de nuevo en ciclos que duran décadas como mucho. Un rasgo que persiste siete años en el mismo lugar sin desplazarse ni desvanecerse desafía ese esquema.
La pista del compañero que podría calentar desde fuera
La orientación de estos puntos calientes de larga vida resulta llamativa a la luz de un dato reciente: existen indicios de que Betelgeuse podría tener un compañero estelar en órbita cercana. El estudio no establece ninguna conexión directa entre ambos fenómenos, y los autores son prudentes al respecto, pero la posibilidad de que una estrella compañera influya en la dinámica de la atmósfera de Betelgeuse añade otra capa de misterio a una estrella que ya acumula demasiadas para sus escasos 10 millones de años. Como señala Dent, su destino inevitable como supernova hace especialmente fascinante saber cómo es en este momento, cuando la astrofísica comienza a descubrir que ni siquiera sus modelos de convección la describen bien del todo.
El siguiente paso lógico es comparar estas observaciones con futuras imágenes de ALMA para ver si el punto caliente del noreste sigue en su lugar, si se mueve o si finalmente desaparece. Esa información ayudará a distinguir entre un rasgo convectivo atípicamente longevo, una estructura sostenida por el campo magnético o una huella de la interacción con un posible compañero. Betelgeuse lleva décadas siendo la estrella favorita de quienes esperan ver una supernova en el cielo, y mientras ese espectáculo no llegue, al menos ALMA se encarga de que no nos aburramos.
REFERENCIA
- Long-lived hotspots on the millimeter surface of Betelgeuse (preprint) (Dent et al., arXiv, 2026. DOI: 10.48550/arXiv.2608.19339 , pendiente de revisión por pares)
- ALMA Reveals Long-Lived Hotspots on Betelgeuse's Bubbling Surface (ALMA Observatory / ESO, 24 de agosto de 2026)
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