Estudio: ¿Cómo es posible que el looksmaxxing se haya hecho tan popular?

Chad Maxxinton, la parodia de Saturday Night Live de Clavicular

Un investigador noruego ha analizado cómo el 'looksmaxxing', una subcultura dedicada a maximizar el atractivo físico masculino mediante peligrosos métodos ha llegado al reconocimiento cultural generalizado

Imagen: Chad Maxxinton, la parodia de Saturday Night Live de Clavicular

Términos como "mogging" o el sufijo "-maxxing" circulan hoy en redes sociales con millones de menciones, aparecen en sketches de Saturday Night Live y colaron a su promotor más conocido, Clavicular, en un desfile de moda de París. En España, el popular "streamer" Ibai Llanos pasó de un aspecto descuidado y con un sobrepeso importante a cambiar totalmente su físico y la apariencia de su rostro, sumándose a esta tendencia.

Hace apenas cinco años, ese vocabulario era completamente ininteligible fuera de un puñado de foros oscuros de Internet. Cómo ocurre esa transición, de subcultura cifrada a referencia cultural, es la pregunta que aborda un nuevo estudio de caso publicado en la revista académica Journal. Media.

Índice
  1. Qué es el looksmaxxing
  2. La masculinidad diagnóstica
  3. Las cinco fases del fallo de contención de las ideas peligrosas
  4. Lo que el modelo de propagación desvela
  5. REFERENCIA

Qué es el looksmaxxing

El término designa el intento sistemático e intensivo de maximizar el atractivo físico propio. Las comunidades que lo practican están organizadas alrededor de sistemas de puntuación de rasgos faciales, análisis de ángulos y medidas corporales, y una jerarquía social que clasifica a los hombres según su atractivo percibido.

looksmaxxing
Un influencer australiando poniendo en práctica el peligroso "bone smashing"

Lo que empieza como una versión extrema de los consejos de autoayuda masculina incluye con frecuencia prácticas de alto riesgo: anabolizantes, intervenciones cosméticas agresivas y, en los extremos más oscuros del movimiento, técnicas pseudocientíficas que los propios miembros denominan "hardmaxxing". Esto incluye el "bone smashing", consistente en golpearse repetidamente los huesos faciales con martillos con objetivo de romper o fracturar la estructura ósea para que, al curarse, se forme una mandíbula y unos pómulos más anchos, más marcados o de aspecto más masculino. Los expertos médicos y los cirujanos plásticos advierten con firmeza de que la "trituración ósea" no funciona y provoca daños faciales graves y permanentes.

La masculinidad diagnóstica

El investigador Dag Øivind Madsen, de la Universidad del Sureste de Noruega, lo ubica dentro de la órbita de las comunidades incel, formadas por jóvenes con ideología extremadamente misógina, aunque señala que su lenguaje de la mejora personal le ha permitido migrar hacia plataformas y audiencias más amplias.

El concepto más útil que aporta el estudio es el de masculinidad diagnóstica. A diferencia del influencer aspiracional convencional, que proyecta un estilo de vida deseable para que la audiencia lo imite, el influencer diagnóstico identifica los defectos físicos del espectador, los clasifica y le promete que puede pagarle para corregirlos.

La lógica no es "mira cómo soy": es "mira lo que tienes mal y lo que yo puedo hacer por ti". Clavicular, el influencer analizado en el estudio, convirtió esa lógica en un negocio que, según fuentes citadas en el paper, le generaba más de 100.000 dólares mensuales mediante suscripciones a su programa de mejora y a sus streamings. Lo que vende es un diagnóstico de insuficiencia y la promesa de un tratamiento, lejos de ser un estilo de vida aspiracional.

Las cinco fases del fallo de contención de las ideas peligrosas

Madsen propone el concepto de fallo de contención para describir el proceso por el que una subcultura con su propio argot y sus propias normas internas se hace inteligible para el público general. A partir del análisis de rastros digitales públicos del influencer entre diciembre de 2025 y julio de 2026, el investigador identifica cinco fases. La primera es la incubación vernácula: la comunidad genera un vocabulario propio, opaco para cualquier outsider, que actúa como frontera de pertenencia.

La segunda es el montaje de infraestructura: el creador de contenido construye una red multiplataforma, con canales de largo formato para los iniciados y una red de "clippers" pagados que recortan y distribuyen los momentos más llamativos en formato corto.

La tercera es la aceleración por controversia: los escándalos públicos generan episodios dramáticos y fáciles de narrar que atraen la atención de personas que nunca habían oído hablar del fenómeno. La cuarta es la traducción al mainstream: medios tradicionales y comentaristas de perfil alto explican la subcultura a sus audiencias, normalizando sin querer los conceptos que critican.

La quinta es la consolidación paródica: el vocabulario y la figura del influencer se vuelven tan reconocibles que la cultura general los absorbe como referencia compartida, incluso en formatos de parodia que no requieren ninguna explicación previa.

Lo que el modelo de propagación desvela

El propio Madsen señala que se trata de un estudio de caso de un único creador de contenido, en un contexto geográfico y temporal específico, por lo que la secuencia puede variar para otras figuras o subculturas. El paper es conceptual y analítico, no empírico: no mide cuántos jóvenes adoptan realmente la ideología de fondo ni con qué profundidad, solo cómo circulan estas representaciones a través de los medios.

Eso es relevante porque el modelo aclara el mecanismo de difusión, que es el mismo independientemente del contenido: controversia, recortes virales y cobertura crítica que paradójicamente amplifica lo que pretende denunciar.

El paper apunta también a los daños documentados por investigaciones anteriores, que incluyen jóvenes sometidos a críticas brutales de su aspecto físico bajo la apariencia de ayuda, impulsados hacia intervenciones de riesgo y hacia un discurso que atribuye su malestar a sus propias deficiencias físicas en lugar de a las condiciones sociales que generan esa inseguridad.

El valor principal del estudio es precisamente ese: ofrecer un mapa del mecanismo por el que una subcultura dañina se vuelve mainstream, y permitir a investigadores, educadores y plataformas reconocer las fases antes de que la fase cinco haga el daño prácticamente inevitable. Cuando una parodia de Saturday Night Live ya no necesita explicar el chiste, el trabajo de contención ya ha fracasado.

REFERENCIA

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