¿Por la que la gente no tiene hijos? La vivienda y el dinero no son los únicos motivos

parejas sin hijos

Una encuesta internacional encuentra que la guerra, el clima y el estado de la democracia influyen tanto o más que la vivienda y el sueldo en la decisión de tener hijos

A una pareja joven de Berlín y a otra de Buenos Aires se les presenta el mismo par de escenarios hipotéticos: en uno, el mundo se mantiene relativamente estable; en el otro, hay guerra en el continente, el clima se deteriora y las instituciones democráticas pierden fuerza. Se les pregunta en cuál de los dos escenarios verían más probable tener un hijo. La respuesta de la pareja alemana y la de la pareja argentina, según un estudio publicado en agosto en la revista PNAS, no dependen de los mismos factores.

Índice
  1. Tener hijos en un futuro incierto
  2. Un mismo miedo, pesos distintos según el país
  3. Qué significa para el debate sobre la natalidad
  4. REFERENCIAS

Tener hijos en un futuro incierto

Un equipo liderado por la demógrafa Maria Letizia Tanturri, de la Universidad de Padua, ha encuestado a más de ocho mil personas de entre veinte y cuarenta y cuatro años en Italia, Alemania, Estados Unidos y Argentina mediante un diseño experimental basado en escenarios hipotéticos. A cada participante se le presentaban combinaciones distintas de circunstancias familiares (recursos económicos, estabilidad de la vivienda) y condiciones globales (inestabilidad climática, económica, política e internacional), y se le pedía que valorara en cuál de esas combinaciones sería más probable que decidiera tener hijos.

El resultado general confirma lo que la demografía ya sabía: los recursos económicos y la estabilidad de la vivienda siguen siendo el factor más determinante en los cuatro países. Sin embargo, el estudio añade un matiz que hasta ahora no se había medido de forma experimental, la percepción de estabilidad global (el miedo al cambio climático, a la falta de democracia o a un conflicto internacional) tiene un peso propio sobre la decisión de tener hijos, independiente del económico, y ese peso varía mucho de un país a otro.

Un mismo miedo, pesos distintos según el país

En Argentina, el factor que más pesa después de la economía es la estabilidad macroeconómica y climática del país. En Alemania, el miedo a la guerra y a la erosión de las instituciones democráticas resulta especialmente influyente. En Estados Unidos, los conflictos internacionales apenas alteran la disposición a tener hijos, un resultado que los propios autores atribuyen a una menor percepción de vulnerabilidad directa ante ese tipo de amenazas. En Italia, en cambio, ningún factor de inestabilidad global destaca especialmente por encima de los demás, y el peso de la incertidumbre se reparte de forma más difusa entre varias preocupaciones.

Qué significa para el debate sobre la natalidad

El relato dominante sobre la caída de la natalidad en los países ricos suele reducirse a una cuestión de vivienda cara y sueldos insuficientes, y este estudio confirma que esa explicación sigue siendo central. Sin embargo, sugiere además que las políticas centradas exclusivamente en ayudas económicas y conciliación laboral pueden estar dejando fuera una parte relevante de la ecuación, sobre todo en países donde el miedo a la guerra o al colapso institucional pesa tanto como el dinero. Además, como el peso de cada factor varía tanto entre países, los autores plantean que las políticas de natalidad diseñadas de forma uniforme para toda Europa, por ejemplo, podrían estar ignorando diferencias que sí importan a la hora de convencer a una generación de tener hijos.

Hay que tener en cuenta que se miden intenciones ante escenarios hipotéticos, no una decisión real tomada en condiciones de vida cotidianas. Además, la muestra no distingue entre personas que no quieren tener hijos por convicción y personas que querrían tenerlos pero no pueden, y España, pese a tener una de las tasas de natalidad más bajas de Europa, no figura entre los cuatro países analizados.

Con todo, el estudio deja una idea incómoda para cualquier gobierno que intente revertir la caída de la natalidad solo con cheques bebé y desgravaciones fiscales: la sensación de que el mundo se está rompiendo puede pesar en la decisión de traer a alguien a él tanto como el precio de la vivienda.

REFERENCIAS

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