Tener hijos no da la felicidad, pero lo que hace con la salud es aún peor

felicidad de los padres

Un análisis de casi 27.000 europeos, España incluida, encuentra la misma satisfacción vital en padres y no padres, pero los padres ganan en peso, tabaquismo y alcohol.

La frase se repite en bodas, en anuncios y en conversaciones de sobremesa: tener hijos es lo mejor que le puede pasar a una persona. Dos investigadores australianos han ido a comprobarlo con los datos de la Encuesta Social Europea, una de las mayores radiografías periódicas del continente, y el resultado es incómodo para todos los bandos. Padres y no padres puntúan prácticamente igual en satisfacción con la vida, en felicidad global y en percepción de su propia salud, pero la salud de unos y otros, en realidad, se resiente.

Índice
  1. Qué se midió exactamente
  2. Ninguno de los dos grupos gana del todo
  3. Los límites del estudio
  4. REFERENCIAS

Qué se midió exactamente

Nida Denson (Western Sydney University) y Thomas F. Denson (University of New South Wales) analizaron las respuestas de 26.914 personas de 24 países europeos, entre ellos España. La ronda 11 de la encuesta incluye entrevistas presenciales con más de doscientas preguntas, y los autores se centraron en tres bloques: felicidad, salud y participación cívica. Los análisis controlaron edad, país de residencia y convivencia en pareja, tres variables que de otro modo contaminan cualquier comparación de este tipo.

Ninguno de los dos grupos gana del todo

En felicidad no aparecieron diferencias apreciables. Aparecieron en cambio dos matices que van en direcciones opuestas. Quienes no tenían hijos declararon con algo más de frecuencia haberse sentido deprimidos durante la semana anterior, y también quedar menos con amigos, familiares o compañeros de trabajo.

Por el lado contrario, los padres salieron peor parados en salud física: más problemas de salud declarados, mayor índice de masa corporal y más consumo de tabaco y alcohol. El grupo con el IMC más alto de los cuatro analizados fue el de los padres varones, con 26,50 frente al 24,73 de las mujeres sin hijos. Los padres varones encabezaron también el consumo de alcohol y el consumo intensivo puntual. Las madres, por su parte, declararon el mayor número de problemas de salud (2,05 de media frente a 1,59 de los hombres sin hijos).

Los límites del estudio

Los propios autores piden cautela con dos advertencias que conviene tomarse en serio. La primera es el tamaño de los efectos: las betas estandarizadas de las interacciones se mueven entre 0,02 y 0,13, cifras pequeñas incluso cuando alcanzan significación estadística gracias al enorme tamaño muestral. La segunda es más de fondo.

La encuesta no permite separar a quien decidió no tener hijos de quien quiso tenerlos y no pudo, dos situaciones vitales muy distintas que aquí quedan mezcladas en la misma casilla. Añádase que son datos transversales y autodeclarados en entrevista cara a cara, con lo que eso tiene una parte de sesgo de deseabilidad social, lo que se supone que tenemos que desear.

Queda la pregunta de fondo, que el estudio no responde y probablemente ninguna encuesta responda: si la felicidad medida en una escala de cero a diez es el instrumento adecuado para evaluar una decisión que se toma una vez y dura cuarenta años. Lo que sí permite afirmar este trabajo es que la afirmación contraria, la de que los hijos garantizan una vida más satisfecha, no se sostiene con los datos europeos en la mano.

REFERENCIAS

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