El secreto de los centenarios está en su sistema inmune

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En un estudio con 28 japoneses de distintas edades, los centenarios presentaban una proporción de células T citotóxicas CD4 más del doble que los mayores de 70 a 90 años, y los supercentenarios casi cuadruplicaban ese valor

Llegar a los 100 años es raro. Superar los 110 lo es aún más, y quienes lo consiguen llevan décadas sorteando enfermedades que se cobran a la mayoría mucho antes. Un estudio japonés ofrece una pista sobre uno de los mecanismos que podrían estar detrás de esa resistencia, y lo hace desde un ángulo que invierte el relato habitual sobre el sistema inmune en la vejez.

Índice
  1. Células que normalmente escasean
  2. Las cifras por grupo de edad
  3. Colaboradores que se vuelven asesinos
  4. Cautelas imprescindibles
  5. REFERENCIA

Células que normalmente escasean

El sistema inmune dispone de varios tipos de linfocitos T. Los más conocidos son los T colaboradores (CD4), que coordinan la respuesta inmune, y los T citotóxicos (CD8), cuyo trabajo es identificar y destruir las células infectadas, dañadas o cancerosas. Existe, además, una variante poco frecuente: los linfocitos T citotóxicos CD4, que conservan el marcador de superficie de los colaboradores pero actúan como asesinos. En condiciones normales, representan una fracción pequeña del total de linfocitos. El equipo de Kosuke Hashimoto, de la Universidad de Osaka, observó que en las personas de edad muy avanzada esa proporción cambiaba de forma llamativa. Los resultados se publican en la revista Cell Reports.

Las cifras por grupo de edad

El estudio incluyó 28 participantes japoneses repartidos en tres grupos. En ocho personas de entre 70 y 90 años, la mediana de linfocitos T citotóxicos CD4 era el 4% del total de CD4. En diez centenarios (entre 100 y 109 años), esa cifra ascendía al 9,6%. En los diez supercentenarios (110 años o más), alcanzaba el 17,6%. La tendencia era clara dentro de la muestra: a más edad extrema, mayor proporción de estas células.

Había, además, una observación interesante: las células mostraban plena actividad y ningún signo de agotamiento, y alrededor del 33% de las presentes en los adultos más mayores eran copias clonales de una sola célula original, con algún individuo llegando al 50%. Esa multiplicación en masa es exactamente lo que hace el sistema inmune cuando detecta una amenaza y necesita refuerzos rápidos.

Colaboradores que se vuelven asesinos

Al analizar las proteínas de la superficie de las células, los investigadores encontraron una secuencia de cambio: los linfocitos T colaboradores perdían primero la proteína CD27 y después la CD28, dos marcadores de identidad del estado colaborador, y en ese proceso adquirían capacidad citotóxica. El sistema inmune, en definitiva, estaría reclasificando parte de su infantería de apoyo como tropa de choque.

Una posible explicación, que los autores proponen con cautela, es que a partir de cierta edad se acumulan en el organismo amenazas persistentes, células senescentes y células con cambios cancerosos tempranos, y que el sistema inmune responde expandiendo precisamente la variante capaz de eliminarlas. Como resume Hashimoto, el envejecimiento inmune no es simplemente un proceso de declive: la expansión selectiva de ciertos linfocitos T sugiere que, incluso en la vejez extrema, el sistema inmune puede seguir adaptándose a los retos que plantea el paso del tiempo.

Cautelas imprescindibles

La frase anterior resume bien el hallazgo, pero conviene rodearla de matices. Se trata de un estudio con solo 28 personas, todos ellos japoneses, lo que hace imposible saber si el mismo patrón aparece en otras poblaciones con distintos patrimonios genéticos, dietas y estilos de vida. Es un trabajo observacional y transversal, que describe una asociación sin poder establecer si estas células contribuyen a la longevidad o son simplemente una consecuencia de haber sobrevivido con buena salud, o ambas cosas a la vez.

La dirección de la causalidad no está clara. El estudio no ofrece ninguna pista sobre cómo podría una persona aumentar su proporción de estas células: no hay dieta, suplemento ni intervención que se haya probado. Hay una excepción llamativa, una persona que todavía no había cumplido los 100 años y tenía la proporción más alta de CD4 citotóxicos de toda la muestra, lo que recuerda que la biología individual varía mucho dentro de cualquier tendencia estadística.

El estudio apunta a que la clave puede estar tanto en evitar el deterioro como en mantener una capacidad de adaptación inmune activa hasta edades que la mayoría de nosotros nunca alcanzará. Si esa pista se confirma en muestras más grandes y diversas, podría orientar el diseño de inmunoterapias específicas para enfermedades del envejecimiento. Por ahora es una fotografía pequeña y sugerente de algo que ocurre en unos pocos organismos extraordinarios.

REFERENCIA

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