Pilotos y auxiliares de vuelo sometidos a altos niveles de radiación cósmica, y eso tiene consecuencias

tripulación de cabina

Un análisis de 12,7 millones de certificados de defunción en EE. UU. halla que pilotos y tripulantes de cabina tienen más muertes por cáncer que los técnicos nucleares

La radiación cósmica que nos llega del espacio exterior aumenta de forma notable con la altitud, y quienes se ganan la vida en el aire la acumulan año tras año. Durante décadas, los estudios sobre el riesgo de cáncer en la tripulación aérea fueron fragmentados, pequeños y difíciles de comparar. Ahora, un equipo de Harvard ha aprovechado una base de datos sin precedentes para dar la respuesta más clara hasta la fecha, y el resultado es lo suficientemente sólido para que el debate sobre la protección laboral ya no pueda seguir aplazándose.

Índice
  1. La radiación del cielo, cifrada en muertes reales
  2. Los mecánicos de aviación como control
  3. Por qué los pasajeros están más seguros
  4. La brecha entre EE. UU. y Europa en protección
  5. REFERENCIA

La radiación del cielo, cifrada en muertes reales

En 2020, los certificados de defunción de Estados Unidos empezaron a vincularse de forma sistemática a la profesión habitual del fallecido, algo que nunca antes había sido posible a gran escala. El equipo liderado por Vishal Patel, médico investigador en el Hospital Brigham and Women's de Boston, aprovechó ese cambio para analizar 12,7 millones de fallecimientos entre 2020 y 2024 en 503 profesiones, incluidos unos 14.200 pilotos y 7.200 tripulantes de cabina.

Tras ajustar por edad, sexo, etnia, educación y estado civil, el resultado publicado en JAMA Internal Medicine fue contundente. El 6,9% de las azafatas y auxiliares de vuelo falleció por cánceres relacionados con la radiación (linfomas, cáncer de mama, de próstata, de tiroides, melanoma, tumores del sistema nervioso central y leucemias, entre otros), la proporción más alta de cualquier profesión. Los pilotos quedaron segundos, con un 6,7%. En términos de probabilidades ajustadas, el riesgo de morir por esos cánceres fue un 50% mayor en la tripulación de cabina y un 36% mayor en los pilotos respecto al resto de ocupaciones.

Los mecánicos de aviación como control

La fortaleza del trabajo está en sus controles internos. Si la radiación cósmica fuera el motor del exceso, el patrón debería ser específico: más muertes por los cánceres que la radiación ionizante provoca, y no por los que no tiene relación con ella. Eso es exactamente lo que se observó. Para los cánceres sin vínculo conocido con la radiación, como el colorrectal, pilotos y azafatas se situaron en la mitad de la tabla de las 503 profesiones, sin ningún exceso.

Los mecánicos de aviación, que conviven con el entorno del avión pero nunca acumulan horas de vuelo, tampoco mostraron elevación alguna, lo que descarta el ambiente químico de la aviación como causa. Los técnicos en medicina nuclear, expuestos a radiación ionizante de fuente completamente distinta, quedaron en el puesto 12, justo donde los colocaría la hipótesis de la radiación. Los tres controles funcionaron.

Por qué los pasajeros están más seguros

La razón física es conocida. La atmósfera actúa como escudo natural frente a la lluvia de partículas de alta energía procedentes del espacio, pero a 10.000 metros de altitud ese escudo se adelgaza considerablemente. Los tripulantes de vuelo reciben entre tres y seis milisieverts de radiación cósmica al año, dependiendo de las rutas, con los vuelos polares y transocéanicos de larga distancia aportando las dosis más altas.

El dato de contexto más importante para los pasajeros es que un viajero frecuente que haga diez vuelos transatlánticos al año acumula unas diez veces menos radiación que un profesional de cabina: alrededor de 0,4 milisieverts anuales según los cálculos de los Centros para el Control de Enfermedades de EE. UU. La diferencia de escala entre la exposición ocupacional y la del pasajero ocasional es, en pocas palabras, la diferencia entre un problema laboral y algo que no requiere ninguna preocupación práctica. Las mujeres de la tripulación mostraron, además, un riesgo ajustado más alto que los hombres, probablemente por el peso del cáncer de mama en el análisis.

La brecha entre EE. UU. y Europa en protección

Aquí está el verdadero nudo del asunto. La Administración Federal de Aviación de EE. UU. reconoce formalmente que pilotos y tripulantes están expuestos ocupacionalmente a radiación ionizante, pero a diferencia de lo que ocurre con otros trabajadores expuestos a radiación, y a diferencia de lo que llevan años exigiendo las regulaciones europeas, en EE. UU. no existe ningún límite de dosis obligatorio ni ningún sistema de monitorización para el personal de vuelo.

La UE, por su parte, exige dosímetros, registros de dosis acumuladas durante toda la carrera profesional, límites regulatorios y ajustes de horario durante el embarazo. La diferencia es notable. El propio Patel señala que blindar los aviones contra la radiación cósmica no es una solución viable, ya que los rayos cósmicos de alta energía generan partículas secundarias al golpear el fuselaje, de modo que añadir masa podría empeorar el problema. Las soluciones que funcionan son de planificación: dosimetría individual, límites de horas de vuelo anuales acumuladas, rotación del personal en las rutas de mayor dosis, ajuste de asignaciones durante el embarazo y descenso o desvío de ruta durante eventos de partículas solares, que pueden multiplicar brevemente la dosis por un factor elevado.

El trabajo tiene los límites habituales de cualquier estudio observacional: documenta una asociación estadística respaldada por controles sólidos, pero no puede excluir del todo otros factores, como la disrupción crónica del ritmo circadiano que provoca la aviación de largo radio. Con esa cautela, es el estudio con mayor potencia estadística que se ha publicado sobre esta cuestión, y los propios autores lo resumen en una conclusión directa. La tripulación de vuelo debería tener protecciones contra la radiación acordes con sus niveles de exposición, y el primer paso razonable, que no requiere nueva tecnología, sería sencillamente empezar a medir y registrar las dosis que acumula cada persona a lo largo de su carrera.

REFERENCIA

Si quieres conocer otros artículos parecidos a Pilotos y auxiliares de vuelo sometidos a altos niveles de radiación cósmica, y eso tiene consecuencias puedes visitar la categoría SER HUMANO.

Continúa Leyendo

Subir