Las pantallas para los niños pequeños son perjudiciales... oh, espera
Los científicos finlandeses siguieron durante ocho años a 260 chicos y chicas analizando su consumo de pantallas hallaron el resultado opuesto al esperado, pero con matices
Pocas cosas preocupan tanto a madres y padres como la idea de que las pantallas estén perjudicando el cerebro de sus hijos. Un estudio a largo plazo viene a matizar ese temor con un resultado que sorprende a primera vista, porque apunta justo en la dirección contraria, pero con letra pequeña.
Ocho años siguiendo a 260 adolescentes
El trabajo forma parte del estudio PANIC de la Universidad de Jyväskylä, en Finlandia, que siguió durante ocho años a 124 chicas y 136 chicos hasta una edad media de 15,8 años. Los investigadores midieron su actividad física, su tiempo sedentario y sus horas de pantalla, combinando cuestionarios con un dispositivo que registraba la frecuencia cardíaca y el movimiento, y evaluaron su cognición (aprendizaje, atención y memoria de trabajo) con una batería de pruebas llamada CogState. El resultado, publicado en la revista Pediatric Exercise Science, fue que acumular más tiempo de pantalla desde la infancia se asociaba con un mejor procesamiento cognitivo en la adolescencia, en contra de lo que suele darse por supuesto.
Importa más el qué que el cuánto
Los propios autores se apresuran a poner el hallazgo en contexto, y su lectura es la parte más interesante. No sostienen que enchufar a un niño a una pantalla lo vuelva más listo, ya que sospechan que lo determinante es el tipo de actividad que se realiza en ella. Las tareas que implican aprender, crear, resolver problemas o pensar de forma activa podrían explicar la relación observada.
Como resume el investigador Petri Jalanko, conviene dejar de ver el tiempo de pantalla como algo puramente dañino y buscar un equilibrio entre la actividad física y un uso de los dispositivos que estimule el pensamiento activo. Hay que subrayar, eso sí, que el estudio midió el tiempo total de pantalla y no el contenido concreto, de modo que esa explicación es una hipótesis razonable, pero aún no es un dato demostrado.
El ejercicio, un cuadro más enredado
La relación entre actividad física y cognición resultó bastante más liosa, y además dependía del sexo. En las chicas, una mayor cantidad de actividad de intensidad ligera desde la infancia se asociaba a una mejor memoria de trabajo, mientras que en los chicos ese beneficio aparecía con la actividad física guiada o dirigida. De forma inesperada, un mayor ejercicio no supervisado, según lo que los propios adolescentes declaraban, se relacionaba con un peor procesamiento cognitivo.
Por si fuera poco, la actividad y el sedentarismo medidos de forma objetiva con el dispositivo no mostraron vínculo alguno con la cognición, quizá porque los sensores captan el movimiento pero no lo que la persona está haciendo realmente en cada momento. Chicos y chicas, en definitiva, parecen beneficiarse de tipos distintos de actividad, y hasta el método de medición cambia las conclusiones.
Una foto, no una causa
Se trata de un estudio observacional, capaz de detectar asociaciones pero incapaz de demostrar que las pantallas o cualquier tipo de ejercicio provoquen directamente esas diferencias cognitivas. La muestra es modesta, 260 adolescentes, y solo se fija en un aspecto concreto, el procesamiento cognitivo medido con una prueba determinada, sin entrar en otras preocupaciones bien documentadas en torno a las pantallas, como el sueño, la salud mental o qué contenidos consumen los más pequeños.
Los propios investigadores piden estudios de intervención para aclarar las relaciones de causa y efecto y las diferencias entre sexos. El trabajo funciona, por tanto, como un correctivo útil al relato de que toda pantalla pudre el cerebro, no como una luz verde al uso ilimitado de los dispositivos.
La aportación más valiosa quizá sea la de desplazar la conversación desde el simple recuento de horas hacia una pregunta más difícil y más provechosa, la de qué hacen exactamente los niños con sus dispositivos. La mejor guía tampoco parece la prohibición absoluta ni el todo vale, y se acerca más a un equilibrio entre el movimiento y unos usos de la pantalla que obliguen a pensar. Como tantas veces en la ciencia del comportamiento, la respuesta sencilla y tranquilizadora, o la alarmante, suele ser menos exacta que la respuesta matizada.
REFERENCIA
- Associations of Physical Activity and Sedentary Time From Childhood to Adolescence With Cognition in Adolescence: The PANIC Study (Jalanko, Leppänen, Bond, Laukkanen, Lakka y Haapala, Pediatric Exercise Science 38(3):268-283, 2026. DOI: 10.1123/pes.2025-0083)
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