La kisspeptina, la hormona que no conocías y que controla el deseo sexual en adultos

amígdala en el cerebro

Un ensayo con hombres sanos muestra que la kisspeptina, la hormona que da la orden de arranque a la pubertad, intensifica la respuesta del cerebro ante imágenes sexuales y de pareja.

Un total de 29 hombres jóvenes se tumban, uno tras otro, dentro de un escáner de resonancia magnética funcional. En la pantalla que tienen sobre la cara van a desfilar fotografías de parejas felices, imágenes eróticas, rostros con miedo y paisajes neutros. Nada de esto resulta extraño en un laboratorio de neurociencia. Lo insólito es lo que circula por sus venas durante 75 minutos: una infusión de una hormona bautizada, sin ninguna intención romántica, en homenaje a un caramelo de chocolate.

Índice
  1. La hormona que salió de un laboratorio contra el cáncer
  2. Qué ocurrió dentro del escáner
  3. Una hormona que también mejora el ánimo
  4. Lo que este experimento todavía no puede afirmar
  5. REFERENCIAS

La hormona que salió de un laboratorio contra el cáncer

La kisspeptina no se descubrió buscando el deseo sexual. En 1996, el equipo del investigador Danny Welch, entonces en el campus de la Universidad de Pensilvania en Hershey, aisló un gen capaz de frenar la metástasis del melanoma maligno y lo llamó KISS1. El nombre no tiene nada romántico, sino que se trata de un guiño a los bombones que se fabrican esa misma localidad, los famosos Hershey's Kisses.

Solo siete años más tarde, otro equipo distinto encontró mutaciones en el receptor de esta molécula en familias con infertilidad y descubrió que aquel gen anticanceroso era también un activador clave del eje reproductivo: estimula en el hipotálamo la liberación de la hormona GnRH, la que pone en marcha la pubertad y regula el ciclo hormonal durante toda la vida adulta.

Qué ocurrió dentro del escáner

El equipo de Alexander Comninos y Waljit Dhillo, del Imperial College de Londres, quiso comprobar si esa misma hormona reproductiva también deja huella en cómo el cerebro procesa el sexo y los vínculos afectivos. Diseñaron un ensayo aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo: cada participante recibió, en dos sesiones distintas, una infusión intravenosa de kisspeptina o de suero salino mientras un escáner registraba su actividad cerebral.

Los resultados, publicados en The Journal of Clinical Investigation, muestran un efecto muy específico. Ante las imágenes sexuales, la kisspeptina aumentó la actividad de la amígdala izquierda y de la corteza cingulada, dos estructuras del sistema límbico implicadas en la emoción. Ante las fotografías de parejas felices sin contenido erótico, potenció en cambio la actividad del tálamo y el globo pálido.

Los propios autores resumen el hallazgo: "la administración de kisspeptina potenció la actividad límbica específicamente en respuesta a estímulos sexuales y de vínculo de pareja". Ante las caras de miedo, imágenes negativas o paisajes neutros no hubo ningún cambio, lo que indica que el efecto no es una activación cerebral genérica.

Una hormona que también mejora el ánimo

El experimento fue más allá de las imágenes cerebrales. Con cuestionarios de estado de ánimo aplicados antes y después de cada infusión, los participantes que recibieron kisspeptina redujeron su afecto negativo de forma significativa. Cuanto mayor era el aumento de actividad en la amígdala, mayor era también la mejora anímica registrada (una correlación de 0,69, con una probabilidad de que fuera azar inferior al 0,1%).

Esta conexión entre una hormona reproductiva y el estado de ánimo encaja con lo que ya se sabe sobre los circuitos cerebrales del deseo y el enamoramiento, cómo se activa la tensión sexual en el cerebro o qué ocurre en la cabeza cuando alguien se enamora. La kisspeptina añade una pieza distinta. No actúa como la dopamina del enamoramiento ni como los estrógenos cerebrales que, según otra investigación reciente, sostienen el deseo sexual masculino, sino como una señal capaz de amplificar la respuesta emocional a estímulos sexuales y de pareja, sin alterar el estado afectivo.

Lo que este experimento todavía no puede afirmar

Lo curioso es que el efecto en la amígdala solo alcanzó significación estadística en el lado izquierdo, no en el derecho. La muestra se limitó a 29 hombres jóvenes, heterosexuales y sanos, así que nada de esto puede extrapolarse todavía a mujeres, a personas de otras edades u orientaciones, ni a contextos fuera del laboratorio.

En España, el catedrático Manuel Tena-Sempere, de la Universidad de Córdoba y galardonado con el premio internacional Geoffrey Harris por sus aportaciones a la neuroendocrinología, es una de las referencias mundiales en el estudio de la kisspeptina y su papel en el eje reproductivo, una línea de investigación que sigue ampliando lo que esta molécula hace más allá de la pubertad. Nadie planeó que la molécula del cáncer y del chocolate terminara siendo también la que ilumina, en una resonancia magnética, los circuitos cerebrales del deseo.

REFERENCIAS

Si quieres conocer otros artículos parecidos a La kisspeptina, la hormona que no conocías y que controla el deseo sexual en adultos puedes visitar la categoría SER HUMANO.

Artículos relacionados

Continúa Leyendo

Subir