Si hoy tenemos epidural, es gracias a un médico que se dejó estrujar los testículos
En 1898, el cirujano alemán August Bier inyectó cocaína en el canal espinal de su ayudante y lo golpeó, quemó, pinchó y pellizcó sin que sintiera nada
Antes de probar una anestesia nueva en un paciente, alguien tiene que demostrar que funciona de verdad. En el verano de 1898, el cirujano alemán August Bier y su ayudante August Hildebrandt decidieron que ese alguien serían ellos mismos, y el experimento que diseñaron es tan metódico como grotesco.
Seis pacientes antes de probarlo con su propio cuerpo
El 16 de agosto de 1898, en el Hospital Quirúrgico Real de la Universidad de Kiel, Bier realizó el primer bloqueo espinal con cocaína a un paciente de 34 años que necesitaba una amputación parcial por tuberculosis en la pierna. El hombre permaneció consciente y sin dolor durante toda la operación, un resultado casi milagroso en una época en la que la alternativa era la anestesia general con éter o cloroformo, con sus propios riesgos de asfixia y parada cardiaca en pacientes ya debilitados.
Bier repitió la técnica con éxito en cinco pacientes más antes de dar el siguiente paso: comprobar sobre un cuerpo sano, y consciente en todo momento, hasta dónde llegaba realmente la insensibilidad al dolor. No bastaba con que un enfermo dijera no sentir molestias durante una operación concreta: hacía falta un sujeto capaz de describir con precisión los límites exactos del bloqueo, y ese sujeto tenía que estar dispuesto a algo que ningún paciente aceptaría de buen grado.
Hildebrandt intentó primero inyectar la solución de cocaína en el canal espinal de Bier, pero la jeringa no encajaba bien en el cono de la aguja y se perdió la mayor parte del líquido y del anestésico. El intento fracasó. Invirtieron entonces los papeles: Bier inyectó con éxito la cocaína en el canal espinal de Hildebrandt, y empezó la parte más incómoda del experimento.
Estrujar los testículos, un cigarro encendido y ningún dolor
Con Hildebrandt plenamente consciente, Bier le pinchó con una aguja hasta el fémur, le golpeó la tibia con un martillo de hierro, le arrancó vello púbico, le quemó con un cigarro encendido y ejerció fuerte presión y tracción sobre los testículos. En ningún caso hubo dolor. Terminaron la sesión cenando, bebiendo vino y fumando puros, satisfechos con el resultado. Su experimento fue descrito con detalle y publicado en un artículo científico con el título "Ensayo de cocainificación de la médula espinal".
Aun así, ambos sufrieron después una intensa cefalea con vómitos (varios días, hasta más de una semana en el caso de Bier), causada probablemente por la propia pérdida de líquido cefalorraquídeo durante el experimento fallido inicial: el precio, en su propio cuerpo, de haber demostrado que la anestesia espinal funcionaba.
El español que perfeccionó la idea 23 años después
El siguiente gran paso de esta historia tiene acento español. En 1921, el cirujano militar Fidel Pagés Miravé, del Hospital Militar de Madrid, publicó en la Revista Española de Cirugía un trabajo titulado "Anestesia metamérica", la primera descripción de la anestesia epidural moderna, una técnica de la misma familia que el bloqueo espinal que Bier se había atrevido a probar en su propio cuerpo.
Pagés murió joven, en un accidente de tráfico en 1923, y su hallazgo permaneció casi olvidado fuera de España durante años, hasta que el cirujano italiano Achille Dogliotti lo popularizó y publicó resultados similares, lo que generó una disputa histórica, documentada por investigadores médicos españoles, sobre quién merece realmente el crédito del descubrimiento. Hoy la comunidad médica reconoce cada vez con más claridad a Pagés como el verdadero pionero de una técnica que se usa a diario en millones de partos y operaciones en todo el mundo.
Da qué pensar que muchas de las técnicas médicas que hoy damos por rutinarias, de la anestesia general a la epidural que se usa hoy en los partos, empezaran exactamente así: dos personas dispuestas a hacerse daño la una a la otra para averiguar, con certeza, si algo funcionaba de verdad, en la misma tradición que después seguirían otros cirujanos que se convirtieron en su propio sujeto de prueba.
REFERENCIAS
- Bier, A. "Versuche über Cocainisirung des Rückenmarkes". Deutsche Zeitschrift für Chirurgie, vol. 51, pp. 361-369, 1899. DOI 10.1007/BF02792160. https://doi.org/10.1007/BF02792160
- Drasner, K. "Spinal anaesthesia: a century of refinement, and failure is still an option". British Journal of Anaesthesia, vol. 102, n.º 6, pp. 729-730, 2009. DOI 10.1093/bja/aep085. https://doi.org/10.1093/bja/aep085
Imagen: el doctor August Bier, Wikimedia Commons.
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