La psilocina es mejor que la psilocibina de las setas mágicas, ¿por qué no se había usado en 60 años para la depresión?
Un ensayo de la UCSF con 20 voluntarios muestra que la psilocina oral produce menos efectos adversos que la psilocibina, con igual intensidad psicodélica.
La psilocibina de las setas mágicas se ha revelado como un fármaco con unos resultados muy positivos en el tratamiento de la depresión, el estrés postraumático y otros trastornos psiquiátricos, triunfando allí donde han fracasado los antidepresivos. Pero, en realidad, la psilocibina nunca fue el compuesto activo.
En las sesiones de terapia psicodélica, los pacientes pueden esperar hasta dos horas a que la psilocibina empiece a hacer efecto, y otras seis a que termine la experiencia. El compuesto que en realidad actúa en el cerebro es la psilocina: el hígado transforma la psilocibina en esta sustancia antes de que cruce la barrera hematoencefálica. Por primera vez desde 1962, un equipo de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) ha administrado psilocina directamente a seres humanos para comprobar si su uso directo ofrece alguna ventaja respecto a la psilocibina.
La psilocina es el compuesto que actúa en el cerebro
Cuando alguien ingiere psilocibina (el compuesto activo de los hongos alucinógenos), su organismo la transforma de inmediato en psilocina. La psilocibina es, en este sentido, un profármaco: una molécula inerte que sirve de vehículo para transportar la sustancia activa hasta la sangre. La razón por la que los investigadores trabajan habitualmente con psilocibina y no con psilocina directamente es su inestabilidad química. La psilocina se oxida con facilidad y resulta difícil de conservar en condiciones estables. Hasta que los avances en extracción botánica permitieron obtener psilocina estable en cantidad suficiente para ensayos clínicos, la sustancia estuvo fuera del alcance de la ciencia durante décadas.
Veinte voluntarios, tres condiciones
El ensayo publicado en el Journal of Psychopharmacology en agosto de 2026 reclutó a 20 adultos sanos (diez hombres y diez mujeres, con una media de 40 años) en un diseño cruzado: cada participante recibió las tres condiciones experimentales en sesiones separadas por cuatro semanas, actuando así como su propio grupo de control. Las condiciones comparadas fueron psilocibina oral (25 mg, la dosis estándar en estudios terapéuticos), psilocina oral (17,5 mg, la dosis equimolar) y psilocina sublingual en dosis progresivas de entre 2 y 8 mg. Todas las sesiones contaron con supervisión terapéutica continua en entorno clínico, una medida de seguridad habitual en los ensayos con sustancias psicodélicas.
Menos jaquecas y ansiedad, misma experiencia subjetiva
La psilocina oral demostró un perfil de efectos adversos ligeramente más favorable que la psilocibina: los participantes reportaron menos dolores de cabeza y menor ansiedad durante las sesiones. Las diferencias en náuseas entre ambas formulaciones orales no resultaron estadísticamente significativas, lo que sugiere que el malestar gastrointestinal no proviene exclusivamente del proceso de conversión metabólica, como se había supuesto. Los efectos psicológicos medidos (experiencias místicas, avances emocionales y experiencias desafiantes) resultaron prácticamente idénticos entre la psilocibina oral y la psilocina oral, lo que apunta a que la diferencia entre ambos compuestos es clínica, no terapéutica. La psilocina sublingual resultó segura y bien tolerada, aunque las dosis utilizadas produjeron efectos subjetivos más suaves, lo que limitó la comparación directa con las formulaciones orales.
Un primer paso con muchas incógnitas
Los propios autores señalan las limitaciones del estudio: la muestra era reducida, mayoritariamente blanca y con alto nivel educativo, y no incluyó un grupo placebo. Las concentraciones de las sustancias en sangre tampoco se midieron durante las sesiones, lo que impidió extraer conclusiones definitivas sobre biodisponibilidad y farmacocinética. El trabajo del equipo del Programa de Investigación Traslacional en Psicodélicos de la UCSF, liderado por Josh D. Woolley y Marlene L. Tai, abre la puerta a ensayos más amplios con psilocina en poblaciones clínicas. Si su perfil más limpio de efectos adversos se confirma en pacientes con depresión resistente o trastorno por estrés postraumático, la psilocina podría convertirse en una alternativa más manejable para la terapia psicodélica.
La investigación retoma un camino interrumpido hace más de seis décadas por el prohibicionismo de los años sesenta. El verdadero experimento empieza ahora: escalar estos hallazgos de veinte voluntarios sanos a miles de pacientes con necesidades clínicas reales.
REFERENCIA
- A randomized crossover trial comparing the acute physiological and psychological effects of botanical formulations of oral psilocybin, oral psilocin, and sublingual psilocin — Tai et al., Journal of Psychopharmacology (2026)
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