¿Dinosaurios de sangre caliente? Ya sabemos la temperatura del tiranosaurio rex

tiranosaurio rex

Por primera vez, isótopos en el esmalte dental de tres fósiles del T. rex revelan una temperatura corporal similar a la de humanos y elefantes.

En el Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles descansa un fósil conocido como Tomás, uno de los Tyrannosaurus rex más completos jamás hallados. Sus dientes, conservados durante 66 millones de años en las rocas de la Formación Hell Creek de Montana, guardaban información que nadie había podido extraer hasta ahora.

Un equipo de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) analizó los isótopos raros del esmalte de esos dientes y obtuvo la primera medición directa de la temperatura corporal de un tiranosaurio. El resultado fue inesperado. La temperatura de Tomás era de 36,3 grados Celsius, casi exactamente la de un ser humano sano.

Índice
  1. Cómo medir la temperatura por el esmalte dental de un fósil
  2. Más cálido que los cocodrilos, más frío que las aves
  3. Un depredador de sangre caliente
  4. La primera medición directa de calor en un dinosaurio
  5. REFERENCIA

Cómo medir la temperatura por el esmalte dental de un fósil

La técnica empleada se llama paleotermometría de isótopos agrupados y aprovecha el comportamiento de los átomos de carbono y oxígeno en el esmalte dental. Esos átomos pesados tienden a unirse entre sí con mayor frecuencia cuanto más fría es la temperatura a la que se forma el tejido. Cuanto más caliente estaba el animal, menos de esos enlaces se producen, y esa proporción permanece grabada en el esmalte durante decenas de millones de años.

Los investigadores extrajeron muestras microscópicas de tres dientes del T. rex, las disolvieron en ácido fosfórico para liberar dióxido de carbono y analizaron las proporciones de isótopos mediante espectrometría de masas. Una mejora técnica del equipo redujo la cantidad de muestra necesaria en alrededor de un 90 por ciento respecto a métodos anteriores, lo que hizo viable trabajar con fósiles tan valiosos como los de un tiranosaurio.

Más cálido que los cocodrilos, más frío que las aves

Para validar la medición, el equipo comparó los resultados con los de crocodilianos del mismo ecosistema del Cretácico tardío. Esos reptiles, de metabolismo lento y dependientes del calor ambiental, mostraron una temperatura de 30,9 grados Celsius, unos seis grados por debajo del T. rex.

Las aves actuales (descendientes directos de los dinosaurios terópodos y, por tanto, parientes cercanos del tiranosaurio) presentan temperaturas corporales de entre 40 y 43 grados Celsius, cuatro a siete grados más que el T. rex. La temperatura del tiranosaurio se aproxima más a la de los grandes mamíferos actuales como el elefante africano o el asiático, cuya temperatura corporal ronda los 36 a 36,2 grados Celsius. «Encontramos que el T. rex tenía 36 grados Celsius, prácticamente lo mismo que los humanos», señaló Robert Eagle, geobiólogo de la UCLA y coautor del estudio.

Un depredador de sangre caliente

La primera implicación del hallazgo es conductual. Un T. rex con una temperatura corporal estable de 36 grados no dependía del calor ambiental para funcionar, lo que lo convertía en un cazador activo incluso en condiciones de frío moderado. «Eso le permitía sobrevivir en un rango de hábitat más fresco, adentrándose en territorios donde los dinosaurios de sangre fría habrían sucumbido», señaló Alessandro Chiarenza, paleontólogo del University College de Londres y coautor del estudio.

Los fósiles de T. rex hallados en latitudes altas, incluyendo lo que hoy es Alaska, encajan con esa fisiología. «La fisiología térmica determina el comportamiento, el rango geográfico, el presupuesto energético y la respuesta de una especie al cambio climático», subrayó Aradhna Tripati, geoquímica de la UCLA y autora sénior del artículo.

La primera medición directa de calor en un dinosaurio

El debate sobre si los dinosaurios eran de sangre fría o caliente lleva décadas abierto. La evidencia indirecta (estructura ósea, modelos de crecimiento, nicho ecológico) apuntaba al endotermismo, pero nunca había existido una medición directa de temperatura en una especie no aviar. Este estudio cierra esa brecha para el T. rex.

La temperatura registrada, inferior en varios grados a la de las aves actuales, sugiere además que la fisiología de los grandes terópodos ocupaba un territorio intermedio entre los reptiles actuales y los pájaros modernos, abriendo preguntas sobre cómo evolucionó el control de la temperatura corporal en el linaje que daría lugar a las aves.

La técnica podría aplicarse ahora a otras especies de dinosaurios con dientes bien conservados, dibujando un mapa térmico del Mesozoico y ayudando a entender por qué algunos linajes prosperaron durante las grandes extinciones y otros no.

REFERENCIA

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