El Congo juega su gran carta contra el ébola, arranca el ensayo "Esperanza"
En medio de las devastadoras noticias sobre la epidemia explosiva del virus del ébola (en su variante Bundibugyo) en la República Democrática del Congo, con más de 9.500 casos registrados y 4.600 muertes a sus espaldas, asoma una luz al final del túnel. El país está a punto de lanzar un ensayo clínico histórico bautizado como Tumaini, que en suajili significa “esperanza”.
El objetivo principal es frenar un brote que ya empieza a cruzar fronteras. Kenia acaba de confirmar su primer caso mortal (un hombre de 40 años que viajó desde la RDC pasando por Uganda) y Nigeria también ha reportado recientemente el contagio de una mujer viajera. Aunque la situación en Ituri (el epicentro original) parece estar desacelerándose, los casos están subiendo en la región de Kivu del Norte.
Además, el gran reto sobre el terreno sigue siendo el rastreo, actualmente, un 40% de los nuevos infectados no estaban en ninguna lista de contactos previos, lo que significa que mucha gente sigue enfermando y muriendo en sus casas sin control médico. Lograr que este ensayo funcione y obtener una vacuna altamente eficaz es, ahora mismo, la única vía realista para ganar esta carrera contrarreloj.
¿En qué consiste la estrategia Tumaini?
Al principio, los médicos van a utilizar la vacuna Ervebo. Curiosamente, esta inyección se diseñó hace más de 25 años para combatir otra especie del virus (el ébola Zaire), demostrando una eficacia total en la terrible epidemia de África Occidental entre 2013 y 2016. Ahora, basándose en estudios con animales, los científicos confían en que esta vacuna también sirva como escudo contra la cepa Bundibugyo.
El ensayo utilizará una estrategia conocida como "vacunación en anillo". Consiste en localizar a los contactos de una persona enferma y actuar sobre ese grupo, donde existe un mayor riesgo de transmisión. El anillo lo forman personas relacionadas con el caso en vez de una delimitación por barrios o zonas. Dentro de cada grupo, los participantes se asignarán al azar a dos pautas, la mitad recibirá Ervebo el primer día y una vacuna contra la fiebre tifoidea cuatro semanas después y la otra mitad recibirá las mismas vacunas en el orden inverso.
Comparar lo que sucede en ambos grupos permitirá estimar si administrar Ervebo desde el principio reduce el riesgo de enfermar de ébola. Elegir la pauta de cada participante al azar, en lugar de hacerlo por grupos completos, debería ayudar a obtener respuestas más deprisa. Hay un posible inconveniente: la vacuna contra la fiebre tifoidea podría estimular las defensas de una forma que ofreciera cierta protección genérica. Si eso ocurriera, la diferencia entre los grupos podría reducirse y complicar la interpretación, por ahora, es una posibilidad que los investigadores tienen en cuenta.
Explicar el ensayo también forma parte del trabajo
El diseño puede generar dudas entre la población. Ervebo ya se administra por uso compasivo a algunos equipos de respuesta y se estudia en personal sanitario mediante otro ensayo sin grupo de control. Eso puede llevar a preguntarse por qué se ofrece a unos mientras se investiga su eficacia en otros. La clave es que utilizar una vacuna ante una emergencia no demuestra científicamente que funcione contra Bundibugyo, obtener esa respuesta exige una comparación bien diseñada y explicar con claridad qué se sabe y qué sigue siendo incierto.
Además de la prevención, los médicos están atacando la enfermedad en los pacientes ya infectados, hay en marcha un ensayo con más de 600 personas para probar dos tratamientos prometedores: el cóctel de anticuerpos MBP134 y el antiviral remdesivir.
Nuevas armas hechas a medida contra el ébola
La vacuna Ervebo no estará sola mucho tiempo. Si todo sale según lo previsto, en noviembre se sumarán al ensayo dos nuevas vacunas diseñadas específicamente para aniquilar al ébola Bundibugyo. Una está desarrollada por la Universidad de Oxford, utiliza un adenovirus de chimpancé modificado y transporta una proteína de Bundibugyo, la otra es una vacuna de ARN mensajero (la misma tecnología que nos salvó del COVID-19) fabricada por Moderna.
Los datos de eficacia podrían tardar hasta febrero o marzo de 2027. Mientras tanto, el ensayo tendrá que seguir el movimiento de la epidemia, eso implica trasladar equipos, mantener laboratorios y conservar las vacunas a la temperatura adecuada en lugares con infraestructuras limitadas. Tumaini busca convertir una posibilidad prometedora en una respuesta comprobable. La esperanza da nombre al ensayo, pero los datos tendrán que decir qué vacuna protege y cuánto.
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