Un experimento sugiere que moléculas complejas detectadas en los penachos de agua de Encélado se forman por radiación superficial, lo que pone en duda su habitabilidad

Encélado, una luna helada de Saturno, expulsa penachos de agua a través de fracturas conocidas como “tiger stripes”. En esos chorros se han hallado compuestos orgánicos, sustancias que contienen carbono y que, en presencia de agua líquida y energía, pueden convertirse en moléculas base para la vida. La teoría es que estas moléculas podrían originarse en su océano subterráneo, pero un nuevo descubrimiento pone en duda estas conclusiones.

“Si bien la identificación de moléculas orgánicas complejas en el entorno de Encélado sigue siendo una pista importante para evaluar la habitabilidad de la luna, los resultados demuestran que la química impulsada por radiación en la superficie y en los penachos también podría crear estas moléculas”, dijo la doctora Grace Richards, del Istituto Nazionale di Astrofisica e Planetologia Spaziale (INAF) en Roma, que presenta los resultados en en la reunión conjunta EPSC–DPS2025 en Helsinki.

Los penachos se descubrieron en 2005 con la nave Cassini de la NASA. El agua procede de un océano bajo el hielo, y la energía que calienta ese océano y produce los penachos deriva de las fuerzas de marea, ya que el gigantesco Saturno produce fuerzas que tensionan el interior de la luna.

Cassini atravesó los penachos y “degustó” parte de sus moléculas. Encontró sales disueltas y una variedad de compuestos orgánicos. Como los compuestos orgánicos, en un océano de agua, podrían ensamblarse en moléculas prebióticas, precursores de la vida, aquellos resultados entusiasmaron a la astrobiología.

Sin embargo, los experimentos de Richards y su equipo muestran que la radiación atrapada en la potente magnetosfera de Saturno podría desencadenar la formación de esos compuestos orgánicos en la propia superficie de Encélado. Si es así, su relevancia astrobiológica ya no es tan directa.

Richards, con financiación de Europlanet, visitó las instalaciones del Instituto HUN-REN de Investigación Nuclear en Hungría. Allí, el equipo simuló la composición del hielo que cubre la superficie y las paredes de las tiger stripes. Elaboraron hielos con agua, dióxido de carbono, metano y amoníaco. Enfriaron la mezcla hasta 200 grados bajo cero.

Después bombardearon ese hielo con iones, átomos y moléculas a los que se ha arrancado un electrón, para reproducir el entorno radiactivo de Encélado. Los iones reaccionaron con los componentes del hielo y generaron una amplia familia de especies moleculares. Entre ellas aparecieron monóxido de carbono, cianato y amonio. También surgieron precursores moleculares de aminoácidos, y los aminoácidos forman cadenas que dan lugar a proteínas, responsables de reacciones metabólicas, reparación celular y transporte de nutrientes.

Algunos de estos compuestos ya se habían detectado en la superficie de Encélado. Otros también se han identificado en los penachos. El solapamiento refuerza la idea de que el hielo procesado por radiación puede explicar parte de lo visto por las sondas.

“Moléculas consideradas prebióticas podrían formarse plausiblemente in situ mediante el procesamiento por radiación, en lugar de originarse necesariamente en el océano subterráneo”, dijo Richards. “Aunque esto no descarta la posibilidad de que el océano de Encélado sea habitable, sí significa que debemos ser cautos al hacer esa suposición solo por la composición de los penachos”.

Distinguir qué orgánicos vienen del océano y cuáles nacen del hielo irradiado será difícil. En la práctica, los penachos mezclan señales de procesos distintos. Separar las fuentes requerirá nuevas mediciones y técnicas más finas.

Hacen falta más datos de futuras misiones. Una propuesta centrada en Encélado está en estudio dentro de las recomendaciones Voyage 2050 del programa científico de la ESA, que marca prioridades hasta mediados de siglo. Una misión dedicada podría analizar granos de hielo con mejor resolución, buscar isotopos diagnósticos y medir la energía de las partículas incidentes.

También ayudaría comprender mejor el campo magnético de Saturno y su dinámica. La dosis y el tipo de radiación que baña Encélado cambian con el tiempo. Ese detalle puede alterar la tasa a la que se forman moléculas orgánicas en la superficie, y por tanto la interpretación de los penachos.

Conviene recordar que el océano sigue ahí, en contacto con un núcleo rocoso, alimentado por marea. La química hidrotermal continúa siendo plausible. Si compuestos típicos de ambientes hidrotermales emergen en cantidades y relaciones específicas, la balanza volvería a inclinarse hacia un origen profundo.

Mientras tanto, los penachos deben leerse con prudencia. Son un escaparate espectacular, pero también un escenario donde la radiación reescribe el guion. La clave estará en saber quién firma cada línea de esa obra.