Los retrasos y los fallos pasan factura y se reprograma el programa Artemis de la Nasa a la Luna: Artemis III se queda en una prueba en órbita terrestre y el alunizaje se deja para 2028
Volver a la Luna no consiste solo en tener ganas, también exige un encaje fino entre cohetes, naves, trajes, combustible y margen de seguridad. El programa Artemis nació para llevar astronautas al polo sur lunar y montar una infraestructura sostenida, pero la realidad de la ingeniería, y de los calendarios, ha vuelto a imponer su ley.
La NASA ha decidido posponer la primera misión con aterrizaje humano del plan actual a Artemis IV, con objetivo en 2028, y transformar Artemis III en una misión de pruebas en órbita terrestre para reducir riesgos y “quitarle demasiados primeros pasos” a un solo vuelo. Según han explicado en los últimos días varios medios, el cambio responde a retrasos y a problemas técnicos acumulados en elementos críticos del sistema, desde el cohete SLS hasta el desarrollo de los módulos de alunizaje comerciales.
Hasta ahora, Artemis III figuraba como el gran regreso: Orion y el Space Launch System (SLS) llevando una tripulación hasta las inmediaciones de la Luna, para después descender con un módulo de aterrizaje del programa Human Landing System (HLS). En la práctica, la misión se estaba convirtiendo en una torre de Jenga con demasiadas piezas nuevas a la vez. El propio administrador de la NASA, Jared Isaacman, lo resumió con una frase tajante: «Este no es el camino correcto».
El programa Artemis de la NASA se queda en una demo, por ahora
Con el nuevo plan, Artemis III se reorienta a una demostración clave en órbita baja de la Tierra. La tripulación practicará maniobras que luego resultan imprescindibles para un alunizaje, como el encuentro y el acoplamiento con un vehículo de aterrizaje, además de otras operaciones complejas que conviene ensayar sin el “peaje” de estar a días de distancia. La NASA busca así un enfoque más escalonado, parecido al método de Apolo, donde la agencia encadenó pruebas antes de bajar por primera vez en 1969.
El trasfondo técnico pesa. Artemis II, la próxima misión tripulada del programa, ha ido acumulando ajustes y ahora apunta a abril de 2026, después de problemas detectados durante el procesamiento y pruebas del SLS. Esa misión debe llevar a cuatro astronautas en un vuelo de unos diez días alrededor de la Luna, sin alunizaje, y servirá para validar Orion y los sistemas de soporte vital antes de aumentar la ambición.
Mientras tanto, el aterrizador lunar sigue siendo el cuello de botella más mediático. SpaceX desarrolla su versión de Starship como HLS, y Blue Origin trabaja en su propuesta, y ambos proyectos tienen que madurar a un nivel que no se consigue solo con presentaciones bonitas. La NASA también quiere mejorar la cadencia de misiones estandarizando el SLS para reducir cambios entre vuelos, algo que, según lo publicado, podría recortar el intervalo histórico de varios años entre lanzamientos.
La presión por la seguridad no viene solo de dentro. El Aerospace Safety Advisory Panel, un órgano independiente, llevaba tiempo advirtiendo de que Artemis III concentraba demasiadas novedades y un riesgo elevado si la agencia mantenía el diseño original. Su informe anual de 2025 pide reexaminar objetivos y arquitectura para equilibrar mejor el riesgo en Artemis III y más allá, justo la línea que ahora parece marcar la replanificación.
La Luna no se mueve, pero los planes sí. Si la NASA acierta con esta “dieta de riesgos”, Artemis IV debería llegar con menos épica improvisada y más probabilidades de que el momento histórico ocurra donde debe, en la superficie.
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