El impacto de un gran meteorito sobre la Tierra ocurrirá, dicen los expertos, lo que no sabemos es cuando. Este sería el devastador efecto, paso a paso

Pongámonos en situación. La peli de Netflix, No mires arriba, va de esto: La NASA descubre que en seis meses un cometa del tamaño del Everest impactará contra la Tierra. Pero imaginemos que esta vez no es una peli.

Que va a ocurrir alguna vez en la historia parece indiscutible. En la Fundación B612, dedicada a rastrear rocas espaciales, lo tienen claro: «es 100 por ciento seguro que nos golpeará un asteroide devastador, pero no estamos 100 por ciento seguros de cuándo”. Y era uno de los miedos públicos de Stephen Hawking. En su último libro, Respuestas breves a las grandes preguntas, consideró la colisión de un asteroide como la mayor amenaza para el planeta.

 ¿Qué ocurriría si mañana un cometa tipo Dibiasky se estampara contra la Tierra?

Partimos de que se trata de un cometa de 10 kilómetros de diámetro o más, un cometa tipo Dibiasky. Si impacta, liberará una energía de unos 100 teratones.

El impacto de un objeto de 10 kilómetros puede bloquear el sol durante un año o más

La energía que liberaría su impacto sería de 100 teratones. Hiroshima y Nagasaki están en la escala de entre los 10 y los 30 kilotones. Veamos como va la escala. Mil kilotones son un megatón. Mil megatones son un gigatón. Mil gigatones son un teratón. Así, su efecto no es ni una mota de polvo en el ojo en comparación con la potencia del meteorito tipo Dibiasky.

  • Para empezar, el impacto inicial crea una enorme bola de fuego que mata a cualquiera que pueda verla.
  • Al mismo tiempo, el impacto levanta los océanos. Entre las terribles consecuencias del meteorito que acabó con los dinosaurios, provocó un tsunami como nunca se ha visto en la historia moderna, que se extendió por todos los océanos del globo con olas de hasta un kilómetro y medio de altura.
  • La eyección (material arrojado al aire) del impacto estalla en el espacio y cubre una gran área, la mitad del mundo, tal vez –con escombros en llamas. (Algo como esto se vio cuando el cometa Shoemaker-Levy 9 chocó con Júpiter en 1994).
  • Es como si el cielo se hubiera incendiado, el calor desatado por esta lluvia de escombros incandescentes enciende bosques y ciudades, quemándolos hasta convertirlos en brasas.
  • Luego, el polvo del impacto y el humo de los incendios rodean la tierra, sumergiendo nuestro planeta en el llamado invierno de impacto.
  • La luz solar desaparece por completo. Un objeto de 10 kilómetros puede bloquear el sol durante un año o más.
  • Las temperaturas bajan y no hay luz para la fotosíntesis. Las plantas mueren. Los animales que viven bajo tierra, donde las raíces y otras fuentes de alimento, tienen una probabilidad relativamente alta de sobrevivir.
  • Durante el impacto, el cometa se hace añicos. Libera miles de millones de toneladas de polvo cargado de azufre, parte del propio cometa, parte de rocas ricas en azufre que pueden encontrarse debajo del punto de impacto.
  • El calor del impacto también crea óxidos de nitrógeno. El material sulfuroso y los óxidos de nitrógeno producen una lluvia ácida corrosiva que desnuda cualquier vegetación superviviente.
  • La lluvia ácida corre hacia los océanos y mata los organismos marinos, especialmente a lo largo de las plataformas continentales.
  • Los óxidos de nitrógeno y los escombros arrojados a la estratosfera por la explosión inicial destruirían la capa de ozono en unos días.
  • El impacto y los incendios posteriores también liberan una enorme cantidad de dióxido de carbono a la atmósfera. Después del impacto inicial, el invierno termina, mucho dióxido de carbono en el aire que puede resultar en un efecto invernadero de varios siglos.

El meteorito que impactó contra la tierra hace 65 millones de años aniquiló más del 70% de las especies que había sobre la Tierra. Se cargó a los dinosaurios, y sobrevivieron otras que, de alguna manera, ocuparon esos nichos ecológicos.  Una vez que el polvo se asentó, emergieron para extenderse por el mundo recién formado.

La información de este artículo procede del libro del radioastrónomo Gerrit L. Verschuur , ‘Impact: The Threat of Comets and Asteroids, publicado por la Oxford University Press