Un equipo de científicos alemanes ha analizado dos piezas de ámbar de la colección personal de Johann Wolfgang von Goethe revelando una hormiga extinta de 40 millones de años de antigüedad
Goethe fue muchas cosas: poeta, dramaturgo, novelista, ministro, geólogo aficionado, botanista intuitivo y pionero de la morfología, la ciencia de las formas que estudia cómo los organismos adquieren su estructura. En su colección privada conservó 40 piezas de ámbar báltico, el tipo de resina fosilizada procedente de los bosques de coníferas del Eoceno (hace entre 47 y 34 millones de años) que cubre la costa sur del mar Báltico desde Polonia hasta Letonia.
Hormiga en ámbar: Ctenobethylus goepperti en ámbar (a la izquierda en la piedra) de la colección de Goethe. Crédito: Bernhard Bock/Daniel Tröger
El ámbar báltico es el archivo paleontológico de insectos más rico del mundo y era objeto de fascinación científica ya en el siglo XVIII. Pero Goethe, pese a su interés en observar la naturaleza, nunca advirtió que dos de sus piezas ocultaban criaturas. Eso es lo que acaban de descubrir los investigadores de Jena al escanear el ámbar en el sincrotrón del DESY en Hamburgo: tres fósiles de insectos invisibles desde el exterior por el estado de opacidad del ámbar sin pulir.
Ctenobethylus goepperti y sus secretos internos
De los tres insectos (un mosquito de los hongos, una mosca negra y una hormiga), la hormiga concentró el interés del equipo. Pertenece a la especie extinta Ctenobethylus goepperti, descrita originalmente por Gustav Mayr en 1868 a partir de otros especímenes de ámbar báltico y relativamente frecuente en las colecciones mundiales. Pero la calidad de preservación del ejemplar de Goethe es inusualmente alta incluso para los estándares del ámbar báltico, permitiendo reconstruir no solo su morfología externa (antenas, mandíbulas, el patrón de venas de las alas) sino también estructuras internas: el tentorio (el esqueleto interno de la cabeza de los insectos) y el prosternum (parte del esqueleto torácico).
Esas estructuras son clave para inferir la biología del animal, porque las inserciones musculares revelan cuáles músculos eran prominentes y cuáles no. El análisis sugiere que Ctenobethylus goepperti era probablemente una especie arborícola que construía nidos grandes en árboles, similar en ecología a las actuales hormigas del género Liometopum del oeste de América del Norte, con el que el equipo propone una relación de grupo hermano. El estudio también propone una nueva sinonimia taxonómica: Eldermyrmex exsectus, descrita en 2019 como especie independiente, queda subsumida en Ctenobethylus goepperti como sinónimo junior.
Colecciones históricas como archivo de datos futuros
La dimensión epistemológica del hallazgo la captura bien Bernhard Bock, uno de los autores: «Goethe es considerado el fundador de la morfología y probablemente se hubiera alegrado de ver cómo obtuvimos valiosas ideas en este campo usando métodos completamente nuevos. Al mismo tiempo, los resultados demuestran el valor de estas colecciones históricas. Es verdaderamente fascinante que un objeto que salió de sus manos y de su época, cuando esta ciencia apenas comenzaba, pueda todavía enriquecernos tanto hoy».
El modelo 3D de la hormiga está disponible en línea a través de la plataforma Sketchfab, donde cualquier investigador del mundo puede descargarlo gratuitamente para compararlo con nuevos especímenes. Es la paleontología virtual en su expresión más democrática: un insecto de 40 millones de años que un poeta alemán compró por curiosidad en el siglo XVIII se convierte en dato científico global en el siglo XXI.
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