Míralo bien porque este Mercedes Clase E Cabrio es uno de los pocos descapotables que quedan en el mercado. Una rara avis que ha sobrevivido a una especie, la de los descapotables, casi en vías de extinción.

Si hay alguien que sabe hacer un descapotable es Mercedes Benz. El primer coche con motor de combustión de la historia, el Benz Patent-Motorwagen, era un cabrio. Lo condujo una mujer, Bertha Benz, en el año 1888, y desde entonces la marca ha diseñado bellísimos automóviles abiertos al cielo. Este Clase E Cabriolet es uno de los últimos convertibles de cuatro plazas, un extraño ejemplar que escapa del apabullante dominio de los SUV.

Y si raro es que destaque por encima del común de los vehículos de nuestras vías, más lo es que tenga una versión con motor diésel. La explicación está en que el Mercedes Clase E 220 d Cabriolet ha sido concebido para los grandes viajes de placer, para sentir el aire y embriagarse de naturaleza recorriendo kilómetros de libertad con el menor gasto de combustible posible. Y eso, en este caso, según nuestros datos, es 5,7 litros/100 km. Ni tan mal.

El boom de los descapotables

Pero hubo un tiempo en el que los descapotables no eran tan escasos. La eclosión se produjo a raíz de que las tradicionales lonas textiles de accionamiento manual dieran paso a sofisticados techos rígidos escamoteables automáticamente. Las marcas generalistas entraron de lleno en el segmento y a finales de los 90 y principios del siglo XXI muchos utilitarios empezaron a venderse en versión cabrio. El Renault Megane, el Peugeot 206 CC y el Volkswagen Eos fueron solo algunos de estos ejemplos de aquella fiebre por el top less automovilístico.

Los techos rígidos accionables eléctricamente tenían muchos argumentos para triunfar. Se basaban en un concepto que en el sector se conoce como targa. Aquellos eran vehículos que se descubrían de una manera un tanto peculiar porque al abrirse conservaban el pilar delantero y trasero. Solo la parte del techo que estaba entre uno y otro se escondía automáticamente. La fórmula fue utilizada por primera vez en el Fiat 1200 “Wonderful” de 1957, un modelo que se vendió solo en edición limitada. Pero fue Porsche quien la popularizó y dio nombre a este sistema de disfrutar de la conducción a cielo abierto dentro de una jaula de seguridad. El primer Porsche Targa se vio en 1965 en la Targa Fiorio, una competición famosísima en Italia que se estuvo corriendo en Sicilia desde 1906 hasta 1977.

Porsche-911-Targa-de-1972

Porsche 911 Targa de 1972

De ahí a las fórmulas que las marcas generalistas utilizaron un par de décadas después solo hubo un paso, el de abaratar los costes del sistema para poderlo vender a gran escala. Y lo lograron. En principio, la solución era perfecta. O casi, porque en este proceso de adaptación los coches con techo rígido escamoteable perdieron el pilar y la luneta trasera, y con ello la jaula de seguridad. Los problemas no tardaron en aparecer. Demasiadas piezas en movimiento, desajustes, más peso y peor consumo.

Y el boom de los descapotables se fue deshinchando y permitió salir a flote de nuevo a conceptos con más estilo, como este Mercedes Clase E Cabrio. El denostado techo de lona, que parecía condenado al olvido, volvió a recuperar el glamour que siempre tuvo. Hoy, los grandes descapotables, los más exclusivos y elegantes, apuestan por esta solución. Apenas Ferrari se mantiene al margen de la recuperada tendencia, pero ¿quién dijo que Ferrari era elegante?

Una confortable burbuja

Rolls, Bentley, Audi, BMW y la propia Mercedes han vuelto a la capota de lona. Atrás quedaron los problemas de insonorización y aislamiento térmico. Hoy, la cubierta del Mercedes Clase E Cabrio lleva una estructura multicapa que aísla el interior de los ruidos aerodinámicos y de conducción. Ya no hay un bramido atronador a bordo como ocurría antiguamente, sino un espacio confortable en el que se puede hablar.

En apenas 20 segundos se despliega o se oculta la capota automáticamente, incluso en marcha, siempre que no se sobrepasen los 50 km/hora. Los clientes del Mercedes Clase E Cabrio tienen además algunos aliados para que conducir a cielo abierto sea un placer. Se trata de dos deflectores, uno en la parte superior del limpiaparabrisas y otro tras los asientos traseros. El primero eleva el aire 20 cm para minimizar el impacto del viento en los pasajeros de segunda fila. El segundo, contribuye a crear una burbuja para que también el conductor y el acompañante no acusen molestias aerodinámicas.

La capota se pliega en un compartimento específico separado del espacio de carga. En este caso, la capacidad del maletero es de 385 litros (310 litros cuando el techo está abierto). O sea, más que razonable teniendo en cuenta el tipo de coche que es.

Los descapotables no son para el verano

Se tiende a pensar que la mejor época para conducir un descapotable es el verano. Quizá esta afirmación fuera cierta hace unos años, pero ahora los descapotables, o al menos el Mercedes Clase E Cabrio, son para todo el año. No solo por el efecto de los deflectores, sino porque Mercedes Benz también ofrece una solución para que los viajes no se conviertan en una tortura climática. Lo llaman Airscarf y es como una especie de bufanda térmica situada en los reposacabezas que libera aire frío o caliente en función de la temperatura seleccionada en el climatizador del coche.

El Mercedes Clase E 220 d Cabrio está disponible a partir de 70.000 euros. Y si piensas que es mucho dinero, considera que estás adquiriendo una pieza de colección que es un clásico desde el momento en el que nació.