El eslabón perdido entre la movilidad basada en los motores térmicos y la electricidad tiene un nombre: híbrido enchufable. Así son y así surgieron este tipo de coches. El BYD Atto 2 DM-i es su última expresión.

Si alguna vez te has sorprendido mirando el marcador de autonomía de tu coche eléctrico con la misma tensión con la que uno observa el nivel de batería del móvil antes de una reunión importante… enhorabuena: conoces la ecoansiedad. Esa sensación está empezando a tener los días contados gracias a la llegada de coches como el BYD Atto 2 DM-i.

El truco está en el “Dual Mode”

El truco del Atto 2 DM-i reside en su Sistema Dual Mode, una arquitectura híbrida enchufable que combina electricidad y combustión. Conocido ya en otros modelos de la casa como el SEAL U DM-i y el SEAL 6 DM-i, esta tecnología consta de dos motores eléctricos y uno de combustión de 1.5 litros con una eficiencia térmica del 43%. ¿Esto es mucho o es poco? Bien, la mayoría de los motores de combustión tienen unas pérdidas energéticas cercanas al 80%. Gran parte de la energía que producen se pierde en forma de calor debido a las fricciones de los pistones, el cigüeñal, el árbol de levas, etc. Muy poca se traduce en movimiento. Que ese margen se haya reducido es importante e incide en un mejor aprovechamiento del combustible.

Los primeros prototipos de coches híbridos enchufables se desarrollaron a finales de los sesenta

¿Magia? No, más de un millón de ingenieros trabajando para BYD. Una fuerza intelectual de la que también han salido otros desarrollos como el sistema de hibridación del Atto 2 DM-i. Cuando se agota el rango de autonomía eléctrica de 90 km, entra en funcionamiento el motor de combustión, pero no de la manera convencional, sino para generar energía para los motores eléctricos. Es decir, el coche se mueve la mayor parte del tiempo con electricidad y la rapidez en la aceleración que eso supone por un precio que parte de los 13.469 € (precio con Plan MOVES III, achatarramiento y oferta de financiación)

Hay quien ya lo vio venir

Nissan ya había patentado un planteamiento similar con su tecnología e-Power, donde la mecánica de combustión trabaja exclusivamente como generador de electricidad y la tracción depende del motor eléctrico. La filosofía en BYD es parecida, pero hay matices: en los sistemas como el DM-i, el motor térmico puede participar directamente en el movimiento en momentos concretos, mientras que en el e-Power el motor eléctrico es siempre el que mueve las ruedas. Lo interesante es que ambos se alejan del híbrido tradicional y se acercan más a un “eléctrico con autonomía extendida”, cada uno a su manera.

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Hoy, los híbridos enchufables en cualquiera de sus variantes son la tecnología de moda, pero su historia no es muy larga. La idea comenzó a explorarse hace algunos años. De forma experimental, Audi presentó el 100 Avant Quattro Duo en el Salón de Ginebra de 1990 y llegó a producir unas 10 unidades para pruebas en Ingolstadt, Alemania. Este modelo contaba ya con frenada regenerativa. Pero antes que él, en 1969, General Motors ya hacía sus pinitos con el GM XP-883, un prototipo que exploraba la propulsión híbrida eléctrica y que allanó el camino a los modelos de hoy.

BYD ATTO-2-DM-i

La hazaña de BYD ha sido llevar a la producción en serie esta tecnología lanzando el F3DM en 2008, cuando en Europa seguíamos pensando si era buena idea mezclar cable y gasolina. A partir de ahí, se abrieron las puertas a esta nueva forma de entender la movilidad como en su día lo hizo Henry Ford ofreciendo a los consumidores el Ford T, un automóvil para la clase media.

Esto no es casual

Que el BYD Atto 2 DM-i llegue ahora al mercado no es casualidad. Era el miembro ausente de la gama porque hasta ahora el BYD Atto 2 solo podía adquirirse con motor eléctrico que, de cara a 2026, ha sido actualizado. Ahora puede alcanzar una autonomía de 430 kilómetros, una cifra que supone cruzar una frontera psicológica importante: la de que la distancia ya no es una preocupación

El BYD Atto 2 DM-i no pretende ser un coche más dentro del segmento. Es, más bien, un recordatorio de que la electrificación no tiene por qué vivirse como un salto al vacío. Puede ser un proceso suave, reversible, natural. En un momento en el que la amenaza climática es un hecho y los enchufes aún no están donde deberían, este coche ofrece lo que muchos buscaban sin saberlo: la sensación de futuro sin la ansiedad del presente.

Quizá no sea “un coche”. Quizá, como dice BYD, sea otra cosa. Pero, desde luego, es una máquina diseñada para que por fin dejes de mirar la autonomía con el ceño fruncido. Y eso, hoy, ya es mucho.