El nuevo Volkswagen T-Roc no quiere impresionar levantando la voz. Prefiere hacerlo quitándote trabajo. Menos esfuerzo al conducir, menos consumo, más tecnología útil y, si quieres, hasta aparca por ti desde el teléfono móvil.
El gesto lo dice todo: puedes bajarte del nuevo Volkswagen T-Roc, sacar el teléfono del bolsillo y dejar que aparque por ti. No es una demostración futurista ni un truco de salón. Es una tecnología pensada para una realidad cada vez más común: garajes estrechos, coches grandes y poco margen para abrir una puerta sin rozar la del vecino.
Ya no hace falta que bajes el volumen de la radio para concentrarte cuando vas a aparcar. Puedes estacionar desde el móvil gracias a un sistema de cámaras, sensores y control remoto que mueve el coche a baja velocidad y elimina el agobio de las maniobras finales. Y sirve, sobre todo, como introducción a la filosofía de la nueva generación de este coche.
Fuera romanticismos
Volkswagen ha decidido refinar su SUV compacto en lugar de reinventarlo. La carrocería de 4,37 metros es ahora 281 mm más baja, una decisión que responde menos a la moda que a la física. Reducir altura mejora la aerodinámica y permite ajustar consumos en un segmento donde cada décima cuenta. No es casualidad que los SUV empiecen a parecerse más a turismos elevados que a todoterrenos urbanos. ¿Por qué? Porque hacerlos más bajos mejora la aerodinámica y ayuda a contener el consumo. El resultado son carrocerías menos 4×4 y más eficientes. ¡Ya era hora!
En el interior, el salto del Volkswagen T-Roc es menos espectacular, pero más necesario. La pantalla central ahora es más rápida y, sobre todo, más lógica. Desaparece esa sensación de estar aprendiendo un idioma nuevo cada vez que se toca el sistema multimedia. También se han retroiluminado los mandos de la climatización: de noche simplemente no se veían en la generación anterior.
Sinergias de grupo
La experiencia al volante también ha sido afinada, aunque no sin matices. Al arrancar, especialmente con el coche frío, el T-Roc exige algo más de tacto del esperado. El cambio DSG, rápido y eficiente cuando el coche se mueve con alegría, no siempre dosifica con delicadeza a velocidad de peatón. Es el precio de un sistema pensado para optimizar rendimiento más que para reptar milímetro a milímetro.
El Volkswagen T-Roc, candidato a los premios Women’s Worldwide Car of the Year, está construido sobre la plataforma MQB que tantas alegrías ha dado al grupo Volkswagen
Bajo la carrocería sigue estando uno de los grandes pilares del T-Roc: la plataforma MQB. La misma arquitectura que sostiene al Golf y a buena parte del catálogo del grupo desde hace más de una década. Su fortaleza está en su rigidez, seguridad y posibilidad de montar mecánicas híbridas sin necesidad de partir de cero en cada generación. No servirá para la versión eléctrica del T-Roc que llegará previsiblemente a partir de 2026, pero sí para que sobre ella se monte el 1.5 TSI microhibridado de 150 CV.
Se trata de un motor ampliamente probado en el grupo Volkswagen que mantiene buen nivel de prestaciones y un consumo real que ronda los 6,2 l/100 km en uso mixto. En este caso, lleva el plus de la microhibridación con un motor de 14 kWh y una batería de 48 voltios.
Cosas que funcionan bien
Los motores de TSi actuales no son una revolución, pero sí una evolución bien medida de una tecnología titubeante en sus primeras generaciones. Hoy, superada aquella incertidumbre de juventud, los TSi son una de las soluciones más eficaces cuando hablamos de motores de combustión.
En el caso del Volkswagen T-Roc esta tecnología se ve completada con un sistema que a bajas revoluciones desactiva automáticamente dos de sus cuatro cilindros para reducir el consumo de combustible. Cuando las circunstancias lo requieren el coche vuelve a activar los dos que estaban inactivos y a partir de ahí entrega su máxima potencia. La idea no es nueva. Ya el T-Roc de la generación anterior utilizaba este solución, pero mucho antes, en 1981, General Motors sorprendía a los aficionados con el Cadillac V8-6-4 que recibía esta denominación porque podía circular con ocho, seis o cuatro cilindros.
El nuevo Volkswagen T-Roc rehúye del sensacionalismo. Prefiere ofrecer respuestas discretas a problemas cotidianos. Y en un mercado saturado de promesas tecnológicas, conseguir que el coche aparque solo mientras tú observas desde fuera es mucho más que un truco: es una declaración de intenciones. Está disponible partir de 34.300 euros.