La tundra del Ártico no se congela de golpe en invierno, y eso son malas noticias
La NASA detecta que el suelo del Ártico se queda atascado entre el barro y el hielo durante semanas, y en ese tiempo los microbios siguen liberando gases de efecto invernadero.
Cuando el otoño da paso al invierno en el Ártico, el suelo no se congela de golpe. Se queda atascado alrededor de los cero grados durante días, a veces semanas, atrapado en un estado que no es hielo ni barro. El fenómeno tiene nombre desde hace décadas (cortina cero) y funciona igual que un vaso de agua con hielo: mientras quede hielo por fundir, el agua no sube de temperatura, porque toda la energía que entra se gasta en el cambio de estado. En el suelo ártico ocurre al revés durante el otoño, ya que el agua al congelarse libera calor y ese calor mantiene el terreno en el punto de congelación antes de que pueda seguir enfriándose.
La NASA, los satélites y la inteligencia artificial para la tundra
Un equipo dirigido por la NASA ha publicado en Scientific Reports los primeros mapas de alta resolución de la cortina cero en todo el círculo ártico. La herramienta se llama GeoCryoAI y combina observaciones por satélite, resultados de modelos climáticos y mediciones tomadas sobre el terreno que se remontan hasta 1891. Estos datos permite ver la duración, la intensidad y la extensión del fenómeno a escala continental, algo que hasta ahora solo se conocía por estaciones sueltas repartidas por Alaska, Canadá y Siberia.
El problema está en el carbono
El permafrost alrededor del polo norte no es solo hielo, es tierra helada. Almacena en torno a 1,7 billones de toneladas métricas de carbono orgánico, casi el doble de todo el carbono que hay ahora mismo en la atmósfera. Si se liberara de golpe, tendríamos un problema muy grave.
El deshielo del permafrost es una crisis medioambiental. A medida que se descongela el suelo que antes estaba permanentemente helado, los microbios descomponen la materia orgánica atrapada, liberando enormes cantidades de dióxido de carbono y metano a la atmósfera, lo que acelera aún más el calentamiento global. Este deshielo también provoca hundimientos del terreno, deslizamientos de tierra, edificios que se hunden, carreteras que se deforman y la liberación de virus y bacterias, y contaminantes industriales que llevaban mucho tiempo inactivos.
En la fase de la cortina cero, mientras el suelo permanece por encima del punto de congelación y con agua líquida disponible, los microbios que descomponen esa materia orgánica siguen trabajando y liberando dióxido de carbono y metano. Cuanto más se alarga la cortina cero, más larga es la ventana de actividad microbiana. En algunos emplazamientos estudiados anteriormente, ese periodo llegó a durar más que el propio verano ártico.
Un radar que ve a través de las nubes
El equipo ha diseñado GeoCryoAI para trabajar con los datos de NISAR, el radar desarrollado conjuntamente por la NASA y la agencia espacial india ISRO, lanzado en julio de 2025. La ventaja del radar de apertura sintética frente a los instrumentos ópticos es que atraviesa la nubosidad, un detalle importante en una región donde el cielo despejado escasea. Con esa combinación se puede vigilar cómo responden los paisajes helados al calentamiento y hacer mejores previsiones de emisiones futuras.
Observar mejor no siempre equivale a predecir mejor. Una cartografía más precisa de la cortina cero mejora los datos para de los modelos de simulación del clima terrestre, pero la validación con mediciones de campo independientes sigue siendo necesario. En España el fenómeno tiene un pariente cercano: el permafrost residual de los Pirineos, que el Instituto Pirenaico de Ecología del CSIC monitoriza desde hace años y que está en franco retroceso.
REFERENCIAS
- Resolving circumarctic zero-curtain phenomena with AI-integrated earth observations. Gay, B. A. et al. Scientific Reports (2026). Publicado el 18 de agosto de 2026.
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