Por qué España, Francia y toda Europa se calienta el doble de rápido que el resto del mundo
Los incendios de este verano han obligado a evacuar a más de 325.000 personas en España y Francia, y Europa se calienta a más del doble de ritmo que la media mundial
El humo sobre las playas del suroeste de Francia y los pueblos evacuados en Madrid, Galicia, Extremadura o Castilla y León se han convertido en la postal amarga de otro verano europeo. Detrás de cada llamarada concreta, con su chispa y su viento, hay una tendencia de fondo que la ciencia mide con creciente precisión: Europa se está calentando más deprisa que ningún otro continente, y ese calentamiento está preparando el terreno para incendios cada vez más grandes y difíciles de apagar.
Un verano de cifras difíciles de asimilar
Los números de esta temporada asustan por sí solos. Más de 325.000 personas han tenido que abandonar sus casas en España y Francia por el avance del fuego. En España han ardido más de 150.000 hectáreas desde enero, alrededor de seis veces la superficie quemada en el mismo periodo del año pasado, según cifró el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Francia, por su parte, contabiliza unas 115.000 hectáreas y vive algunos de sus peores incendios en décadas. El contexto tampoco invita al optimismo, ya que 2025 fue el peor año de incendios registrado en Europa, con más de dos millones de hectáreas calcinadas según Naciones Unidas. Conviene recordar que estas cifras son provisionales y proceden del sistema europeo de vigilancia de incendios EFFIS y de las autoridades nacionales, de modo que cambian casi a diario.
El continente que más rápido se calienta
La clave de fondo la aporta el informe European State of the Climate, elaborado por el servicio de cambio climático Copernicus y la Organización Meteorológica Mundial con el trabajo de un centenar de científicos. Su diagnóstico es rotundo: desde la década de 1980, Europa se calienta a más del doble de velocidad que la media global, lo que la convierte en el continente que más rápido se recalienta del planeta. En términos de temperatura, el continente ha subido ya unos 2,5 ºC respecto a la era preindustrial, frente a alrededor de 1,4 ºC de media en todo el mundo. Las razones de esa diferencia son varias: la tierra se calienta más deprisa que el océano, los cambios en la circulación atmosférica favorecen olas de calor más intensas, la reducción de la contaminación del aire ha retirado unas partículas que antes hacían de sombrilla, y la menor cobertura de nieve deja el suelo más expuesto.
Del calor al fuego
El puente entre ese calentamiento y las llamas es directo. Las olas de calor y las sequías, cada vez más frecuentes e intensas, resecan la vegetación y la convierten en yesca. A eso se suma un patrón que los climatólogos observan con preocupación: el clima calentado tiende a alternar temporadas húmedas, que hacen crecer abundante matorral, con veranos largos y abrasadores que lo secan y lo dejan listo para arder. El resultado son temporadas de incendios más largas, con índices de peligrosidad más altos y un fuego que, cuando prende, se propaga con una virulencia difícil de contener. Los servicios meteorológicos advierten, además, de que este año el periodo de riesgo podría prolongarse más allá del pico habitual del verano.
El fuego sube hacia el norte
Otro rasgo llamativo de esta crisis es que el peligro se desplaza. Durante años, los grandes incendios se asociaban sobre todo al sur mediterráneo, pero este verano las condiciones extremas de fuego han llegado a las puertas de París, y Francia sufre episodios impropios de su clima tradicional. La franja de riesgo se estira hacia el centro y el norte del continente, de manera que cada vez más regiones que se creían a salvo quedan expuestas. La ciencia de la atribución, que calcula cuánto ha influido el cambio climático en un fenómeno concreto, es cada vez más clara al señalar que estas olas de calor y estas condiciones de incendio son mucho más probables e intensas en un planeta recalentado.
Los incendios de España y Francia funcionan, en el fondo, como el síntoma visible de un continente que se calienta a ojos vista, y la fotografía que ofrecen Copernicus y la OMM no deja mucho margen a la duda sobre esa tendencia. Ante ella, expertos y responsables públicos apuntan a dos frentes complementarios: por un lado, reducir las emisiones que alimentan el calentamiento; por otro, adaptarse ya a un fuego más agresivo con mejor prevención, gestión del monte y planificación del territorio. Mientras ese debate avanza, a los habitantes del sur de Europa nos toca asumir que los veranos de humo y evacuaciones, lejos de ser una anomalía puntual, encajan con lo que la ciencia lleva tiempo anticipando.
REFERENCIAS
- European State of the Climate 2025: Why is Europe warming so quickly (Copernicus Climate Change Service, ECMWF y Organización Meteorológica Mundial, 2025).
- Datos de superficie quemada: European Forest Fire Information System (EFFIS), Copernicus.
Imagen generada con IA
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