La Antártida pierde hielo y el fondo del océano se vuelve más salada, ¿qué significa?

Hielo marino

La gran masa de agua que conecta el océano Austral con el Atlántico, el Índico y el Pacífico se está volviendo más salada, densa y se desplaza hacia mayores profundidades, y cada vez se pierde más hielo

Podemos pensar que con la mayor pérdida de hielo en la Antártida, el agua del mar se volverá más dulce, pero no es tan sencillo. En realidad, una parte del fondo del océano se está volviendo más salada, y eso es a causa de la pérdida de hielo.

Cada invierno, el mar que rodea la Antártida se cubre de hielo, con el regreso de la primavera, buena parte se derrite y libera agua relativamente dulce. Este ciclo ayuda a determinar las características del agua que circula bajo la superficie, pero el equilibrio está cambiando.

Una investigación publicada en Nature Climate Change ha detectado una inversión de tendencia en el agua intermedia antártica, conocida como AAIW. Durante décadas había ido perdiendo salinidad, pero desde aproximadamente 2016 se está volviendo más salada y densa, y su núcleo se desplaza hacia mayores profundidades.

El trabajo, realizado por científicos del Instituto Indio de Ciencia y de las universidades de Melbourne y Southampton, describe un cambio que ocurre a cientos de metros de profundidad, pero cuya influencia puede extenderse mucho más allá de la Antártida.

Índice
  1. Una masa de agua que conecta tres océanos
  2. Los robots que siguieron la pista
  3. Un pequeño cambio en la salinidad, un gran significado
  4. El hielo también regula la salinidad
  5. Qué falta por saber
  6. Referencias

Una masa de agua que conecta tres océanos

La pérdida de hielo en la Antártida suele contarse con imágenes de superficies blancas que retroceden. Pero una parte de la historia ocurre donde las cámaras no llegan, a cientos de metros bajo la superficie, una enorme masa de agua está cambiando sus propiedades. Como esa agua viaja hacia otras latitudes, la transformación puede extenderse mucho más allá del continente helado.

La AAIW se forma en el océano Austral y se desplaza hacia el norte por el Atlántico, el Índico y el Pacífico, generalmente a unos 700–1.200 metros de profundidad. Es agua marina relativamente poco salada y rica en oxígeno.

A medida que avanza, contribuye a configurar la estructura vertical del océano, aunque desde fuera parezca una superficie continua, bajo ella hay capas de agua con diferentes temperaturas, salinidades y densidades. Esta organización influye en la circulación y en el intercambio de calor entre las aguas superficiales y las profundas.

Por eso, los cambios en esta masa de agua importan más allá de la cantidad de sal, pueden modificar su posición respecto a otras aguas y las condiciones en las que se mezclan.

Los robots que siguieron la pista

La investigación no buscaba inicialmente este cambio. Kaushik Mishra, Bishakhdatta Gayen y Alberto C. Naveira Garabato estaban estudiando la circulación del agua intermedia antártica hacia el Índico, cómo se mezclaba con otras aguas y cómo evolucionaba con el tiempo, pero encontraron algo inesperado en los registros de salinidad.

Ampliaron el análisis a otras regiones y conjuntos de datos, y observaron que el patrón se repetía. La masa de agua había pasado de volverse más dulce, ligera y somera a hacerse más salada, densa y profunda, sus registros llevaron a investigar la conexión con el hielo marino.

Para hacerlo, analizaron mediciones de temperatura y salinidad, incluidas las de Argo, una red internacional de flotadores robóticos que registra las condiciones bajo la superficie. El equipo combinó esos datos con observaciones de satélite sobre el hielo marino y reconstrucciones del estado del océano.

Al comparar las tendencias anteriores y posteriores a 2016, encontraron una señal consistente de salinización. Entre 2016 y 2024, el aumento estimado de salinidad en el núcleo de la AAIW fue de unos 0,0048 gramos por kilogramo y por década, con diferencias entre regiones.

Es una cifra pequeña, pero describe una tendencia extendida en una gran masa de agua. Su relevancia está en cómo puede modificar la densidad y la organización del océano.

Un pequeño cambio en la salinidad, un gran significado

La salinidad, junto con la temperatura, ayuda a determinar la densidad del agua, y las diferencias de densidad son las que contribuyen a organizar el océano en capas.

El estudio interpreta los resultados como una señal de reorganización de la picnoclina, la zona donde la densidad aumenta rápidamente con la profundidad.

Este cambio puede alterar la relación entre las aguas superiores y las profundas, así como las condiciones en las que se produce el intercambio y almacenamiento de calor. La cuestión es cómo evolucionará esa reorganización y hasta dónde se extenderán sus efectos.

El hielo también regula la salinidad

El hielo marino antártico no solo modifica el paisaje. Su formación y deshielo también intervienen en la cantidad de agua dulce que recibe el océano.

Bishakhdatta Gayen, investigador de la Universidad de Melbourne y del Instituto Indio de Ciencia, propone una comparación para entender la escala del cambio. Antes de 2016, el deshielo estacional aportaba un volumen de agua equivalente aproximadamente a tres veces la descarga anual del Amazonas. Después, ese aporte se redujo hasta unas dos veces.

La comparación describe un volumen de agua redistribuido por el ciclo del hielo, no un río de agua dulce que desemboque en la Antártida.

Al reducirse ese aporte, cambia el equilibrio de salinidad de las aguas que participan en la formación de la AAIW. Los investigadores relacionan esta reducción con la inversión de tendencia detectada en los registros oceánicos.

Qué falta por saber

Si la reducción del hielo marino persiste, la transformación del agua intermedia antártica podría continuar e influir en otros componentes de la circulación oceánica.

Las consecuencias para el almacenamiento de calor y carbono todavía necesitan más investigación. El estudio documenta el cambio en las propiedades del agua, pero no permite calcular todas sus consecuencias climáticas.

Los autores destacan la necesidad de mejorar las observaciones en las regiones polares y la representación de estos procesos en los modelos oceánicos.

Seguir el hielo desde los satélites es una parte del trabajo. La otra consiste en observar qué ocurre debajo, donde las aguas llevan la influencia de la Antártida hacia otros océanos.

Referencias

Reversal of Antarctic Intermediate Water trends triggered by sea ice decline. Nature Climate Change.

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