El comercio de especies silvestres es mucho peor de lo que se creía

animales exóticos

El recuento supera en más del doble la estimación anterior y revela un problema, de muchas especies sabemos que se venden, pero no cuántos ejemplares se extraen de la naturaleza

Un pez de colores en un acuario, una mariposa en una vitrina y una planta medicinal tienen algo en común, los tres pueden haber pasado por el comercio de especies silvestres, pero seguirles la pista ya es otra historia. Un pez puede cruzar una frontera bajo una etiqueta tan genérica como “pez ornamental”, la aduana habrá registrado el envío, pero quien consulte esos datos difícilmente podrá saber de qué especie se trataba.

Por ejemplo, la anguila europea es uno de los ejemplos que recoge el estudio. Esta especie, en peligro de extinción, tiene una elevada demanda en Asia y  un mercado ilegal difícil de controlar. Se ha detectado anguila europea en supermercados de Hong Kong. Lo mismo ocurre con otras especies, aunque no se coman: el caballito de mar o los macacos.

Caballitos-de-mar
¿El caballito de mar de tu acuario es ilegal?

En ese registro de aduanas, un cargamento puede figurar simplemente como “cuero de reptil”, la descripción basta para saber qué mercancía ha cruzado la frontera, pero deja unas cuantas preguntas en el aire ¿De qué reptil procede la piel? ¿Cuántos animales hicieron falta? ¿Se criaron en cautividad o se capturaron en la naturaleza?

No es que ahora se venda el doble de animales que hace unos años, sino que ha mejorado la forma de contarlos

Un equipo internacional encabezado por Alice Hughes, de la Universidad de Melbourne, y Benjamín Marshall ha identificado 107.356 especies de animales, plantas y hongos que se utilizan o comercializan en el mundo, mientras que la estimación anterior rondaba las 50.000. No es que ahora se venda el doble de animales que hace unos años, sino que ha cambiado la forma de contarlos, por primera vez han cruzado los registros de aduanas, bases de datos de conservación y estudios sobre ventas por internet y han aparecido miles de especies que las estimaciones anteriores no recogían.

Índice
  1. La pista estaba en las aduanas
  2. ¿Puede una población reponer los animales que se capturan?
  3. Referencias

La pista estaba en las aduanas

Como no existe una lista mundial que reúna todo ese comercio, para reconstruir la lista, los investigadores combinaron fuentes que cuentan partes distintas de la historia, el convenio internacional CITES permite seguir las ventas entre países de las especies incluidas en sus listas, la FAO recoge datos sobre actividades como la pesca y los estudios de ventas por internet permiten detectar, por su parte, animales que se ofrecen como mascotas o para colecciones y que apenas dejan rastro en las estadísticas oficiales.

Una de las herramientas definitivas para destapar este mercado fantasma ha sido el sistema de seguimiento LEMIS de Estados Unidos, que registra minuciosamente la flora y fauna silvestre que cruza sus fronteras. Solo al escrutar las importaciones y exportaciones de mamíferos, el equipo documentó 2.266 especies diferentes, donde el 54 % de ellas aparecía exclusivamente en esta base de datos estadounidense. Es decir, sin el rigor aduanero de un solo país, más de la mitad de estos mamíferos habrían seguido siendo invisibles para la ciencia.

El estudio cifra en 47.685 las especies animales comercializadas, lo que supone un 42 % de todos los vertebrados descritos por la ciencia, e incluye grupos tan castigados por el coleccionismo como las mariposas, con más de 4.100 especies rastreadas. En el reino de las plantas y los hongos, los investigadores han documentado el uso y comercio de otras 59.671 especies, basándose tanto en ventas directas como en registros de su uso como materias primas o remedios medicinales.

¿Puede una población reponer los animales que se capturan?

El problema de fondo tras estas cifras va mucho más allá del tráfico ilegal, porque la legalidad no garantiza la sostenibilidad. Imaginemos dos reptiles idénticos a la venta en una tienda de mascotas: uno ha nacido en una incubadora artificial y el otro fue capturado en un valle remoto donde su población está colapsando. En el papel, ambos figuran bajo el mismo nombre y la venta es cien por cien legal, pero las consecuencias ecológicas son radicalmente distintas.

No hay datos sobre cantidad y origen para evaluar si el comercio supone un riesgo para la supervivencia de las especies, explica Hughes y también denuncia que, la voracidad del mercado es tal que algunas especies exóticas acaban a la venta en internet pocas semanas después de que la ciencia publique su descubrimiento oficial. Si habitan en un territorio muy reducido, la repentina demanda de los coleccionistas puede esquilmar una población entera antes de que los biólogos tengan tiempo de estudiarla. Que una captura esté permitida no significa que la especie pueda soportar el ritmo al que se extrae de la naturaleza.

Para frenar esta sangría silenciosa, los autores proponen una solución directa, aprovechar los controles aduaneros y sanitarios que ya operan en los puertos y aeropuertos de todo el mundo para obligar a registrar de forma estandarizada tres datos innegociables: qué especie exacta se vende, de dónde procede (cautividad o libertad) y en qué cantidad. Solo cruzando las capturas reales con el número de ejemplares que sobreviven en la naturaleza podremos saber si el comercio global está vaciando, de forma legal pero implacable, los ecosistemas del planeta.

Referencias

The true scale of global wildlife trade is obscured by data gaps. Science Advances

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