La palanca de las proteínas es una hipótesis que podría explicar en parte la epidemia de sobrepeso y obesidad, y tener la clave para mejorar la salud a través de la dieta

No comer suficientes proteínas engorda. Esta es la conclusión de la teoría de la palanca de las proteínas, de la cual un nuevo estudio aporta aún mayor evidencia. Los seres humanos, como muchas otras especies, regulan la ingesta de proteínas con más intensidad que cualquier otro componente de su dieta, porque son esenciales para la regeneración celular y, por tanto, la supervivencia.

Si se consume una cantidad insuficiente de proteínas, porque se diluyen frente a los otros macronutrientes, se produce un aumento compensatorio de la cantidad de alimentos. La hipótesis propone que la dilución de proteína en la nutrición moderna por alimentos procesados ricos en grasas e hidratos de carbono está provocando un aumento de la ingesta de energía, ya que el cuerpo trata de satisfacer su impulso natural de proteínas al consumir calorías innecesarias hasta conseguirlas.

Este documento, resultado de la reunión de Debate de la Royal Society celebrada en Londres el pasado mes de octubre y publicado en la revista Philosophical Transactions of the Royal Society B Biological Sciences, muestra que la investigación observacional, experimental y mecanicista apoya cada vez más el apalancamiento proteico como mecanismo significativo que impulsa la obesidad.

El hambre de proteínas

Los autores exponen estudios publicados, que abarcan los mecanismos del apetito proteico, para demostrar cómo el efecto palanca de las proteínas interactúa con los entornos alimentarios procesados industrialmente y con los cambios en las necesidades proteicas a lo largo de la vida para aumentar el riesgo de obesidad.

Por ejemplo, las necesidades cambiantes de proteínas en determinadas etapas de la vida (como la transición a la menopausia) o un impacto combinado con cambios en los niveles de actividad o gasto energético (es el caso de deportistas que se retiran o jóvenes que adoptan estilos de vida más sedentarios). Los datos también indican que los niños y los adolescentes muestran un efecto de palanca de proteínas, los autores discuten el posible impacto de la exposición a una dieta rica en proteínas en la preconcepción o en los primeros años de vida (por ejemplo, a través de algunas fórmulas de alimentación infantil) en el establecimiento potencial de unas mayores necesidades proteicas y una significativa susceptibilidad a dietas procesadas con menos proteínas en años posteriores.

Dado que la Organización Mundial de la Salud ha declarado que la obesidad es la mayor amenaza para la salud a la que se enfrenta la humanidad, los investigadores advierten que es necesario centrarse en enfoques integradores que examinen cómo interactúan los diversos factores que contribuyen a la obesidad, en lugar de considerarlos explicaciones contrapuestas. Esto también ayudará a otros científicos y responsables políticos a entender cómo avanzar en este campo y qué causas pueden ser más relevantes para atajar la creciente epidemia de obesidad.

Los autores concluyen: «Sólo situando nutrientes específicos y factores biológicos en su contexto más amplio podremos esperar identificar puntos de intervención sostenibles para frenar e invertir la incidencia de la obesidad y las complicaciones asociadas».

REFERENCIA

Protein appetite as an integrator in the obesity system: the protein leverage hypothesis