Un estudio sugiere que el ejercicio moderado a vigoroso reduce el riesgo de demencia, ansiedad, depresión, accidentes cerebrovasculares y trastornos del sueño.
Las recomendaciones sanitarias a menudo promueven el ejercicio moderado, sin embargo, cada vez se descubren más beneficios del ejercicio más intenso. El cerebro, como cualquier otro órgano, necesita cuidados para mantenerse en buen estado. La actividad física mejora el flujo sanguíneo, reduce la inflamación y promueve la liberación de sustancias químicas beneficiosas para el cerebro. Por otro lado, el comportamiento sedentario está asociado con problemas metabólicos y una peor salud cardiovascular, factores que influyen en el desarrollo de enfermedades neurológicas. Para medir el impacto del ejercicio, los científicos usan equivalentes metabólicos (METs), que indican cuánta energía se gasta en diferentes actividades.
Un estudio preliminar presentado en la 77ª Reunión Anual de la Academia Americana de Neurología ha encontrado que las personas que realizan actividad física moderada a vigorosa tienen menos probabilidades de desarrollar enfermedades neurológicas y trastornos del sueño. El análisis se basó en datos de 73.411 personas del Reino Unido, con una edad media de 56 años, que usaron acelerómetros durante siete días para medir su actividad y el tiempo que pasaban sentados.
Los investigadores emplearon equivalentes metabólicos (METs) para cuantificar el gasto energético. Se considera ejercicio moderado a vigoroso cualquier actividad con un gasto de al menos tres METs, como caminar o limpiar, mientras que ejercicios más intensos, como el ciclismo, pueden alcanzar seis METs, dependiendo de la velocidad. Según los resultados, las personas con mayor actividad física tenían entre un 14% y un 40% menos de riesgo de desarrollar demencia, trastornos del sueño, accidentes cerebrovasculares, depresión y ansiedad en comparación con las menos activas.
En términos de gasto energético, quienes no desarrollaron ninguna de estas enfermedades tenían un promedio diario de 1,22 kilojulios por kilogramo en actividad moderada a vigorosa. En contraste, los que desarrollaron demencia tenían un promedio de 0,85, los que sufrieron trastornos del sueño 0,95, los que padecieron un accidente cerebrovascular 1,02, los diagnosticados con depresión 1,08 y los que experimentaron ansiedad 1,10.
Por otro lado, el tiempo que las personas pasaban sentadas se relacionó con un mayor riesgo de enfermedad, con aumentos en la probabilidad de entre un 5% y un 54%, dependiendo de cuánto tiempo permanecieran inactivas.
«Algunos estudios previos se han basado en autoinformes de los participantes sobre su actividad física», explicó la autora principal del estudio, la doctora Jia-Yi Wu, de la Universidad de Fudan en Shanghái, China. «Con nuestra gran muestra de participantes y el uso de dispositivos que proporcionan mediciones objetivas, estos resultados podrían tener implicaciones en la evaluación de factores de riesgo y en el desarrollo de estrategias de prevención».
El estudio, sin embargo, presenta una limitación importante: el 96% de los participantes eran personas blancas, lo que podría limitar la aplicabilidad de los resultados a otras poblaciones.
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