Los astronautas sufren problemas inmunológicos y erupciones cutáneas en el espacio. Un estudio sugiere que la extrema limpieza de la Estación Espacial Internacional podría estar afectando su salud al limitar la diversidad microbiana.
Cuando hablamos de microorganismos, solemos pensar en bacterias peligrosas, pero en realidad, vivimos rodeados de microbios que tienen un papel esencial en nuestra salud. En la Tierra, estamos en constante contacto con una amplia variedad de bacterias provenientes del suelo, el agua y otros seres vivos, lo que ayuda a mantener nuestro sistema inmunológico en equilibrio. Sin embargo, en un ambiente extremadamente esterilizado, como la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), la diversidad microbiana se reduce drásticamente, lo que podría tener efectos negativos en la salud de los astronautas.
Un estudio publicado en la revista Cell el 27 de febrero revela que la ISS alberga una cantidad mucho menor de microorganismos en comparación con los entornos construidos por humanos en la Tierra. Además, los pocos microbios que hay en la estación provienen principalmente de los propios astronautas, lo que sugiere que introducir una mayor diversidad microbiana podría beneficiar su bienestar en el espacio.
Los investigadores, dirigidos por Rodolfo Salido y Nina Zhao de la Universidad de California en San Diego, colaboraron con astronautas para recolectar muestras de 803 superficies distintas de la ISS, una cantidad aproximadamente 100 veces mayor que en estudios previos. De regreso en la Tierra, analizaron las especies bacterianas y los compuestos químicos presentes en cada muestra y crearon mapas tridimensionales para visualizar su distribución dentro de la estación.
Los resultados mostraron que la principal fuente de microbios en la ISS es la piel humana. También encontraron residuos de productos de limpieza en casi todas partes, lo que sugiere que el uso constante de desinfectantes podría estar afectando la diversidad microbiana en distintos módulos de la estación. Cada área tenía una composición microbiana específica según su función: los espacios de comida albergaban más bacterias asociadas a los alimentos, mientras que los baños contenían más microorganismos relacionados con la orina y las heces.
Al comparar la ISS con diversos entornos en la Tierra, los científicos descubrieron que la comunidad microbiana de la estación era menos diversa que la de la mayoría de los espacios terrestres, asemejándose más a hospitales y hábitats cerrados. Además, en la ISS había una notable ausencia de microbios ambientales libres, aquellos que suelen encontrarse en el suelo y el agua.
Los autores del estudio sugieren que introducir estos microorganismos en la estación espacial, junto con los materiales en los que viven, podría mejorar la salud de los astronautas sin comprometer la higiene. Esta idea es similar a los efectos positivos que tiene la jardinería en el sistema inmunológico humano. Según Rob Knight, uno de los investigadores, “hay una gran diferencia entre exponerse a un suelo saludable al cultivar un jardín y simplemente vivir en nuestra propia suciedad en un ambiente cerrado sin acceso a nuevas fuentes de microbios beneficiosos”.
En el futuro, el equipo espera perfeccionar sus métodos para identificar microbios potencialmente patógenos y señales de salud humana a partir de metabolitos ambientales. Además, creen que este enfoque no solo podría beneficiar a los astronautas, sino también a las personas que trabajan y viven en entornos estériles en la Tierra.
Según Salido, “si realmente queremos que la vida prospere fuera de la Tierra, no podemos limitarnos a enviar solo una pequeña parte del árbol de la vida al espacio y esperar que funcione. Debemos pensar en qué otros compañeros beneficiosos deberíamos enviar con los astronautas para ayudarles a desarrollar ecosistemas sostenibles y saludables”.
REFERENCIA
Imagen: En esta foto facilitada por la NASA, los astronautas de Boeing Crew Flight Test Suni Williams y Butch Wilmore, en el centro, posan con los ingenieros de vuelo de la Expedición 71 Mike Barratt, a la izquierda, y Tracy Dyson, ambos astronautas de la NASA, en sus trajes espaciales a bordo de la esclusa Quest de la Estación Espacial Internacional el 24 de junio de 2024.