Un artículo que proclamó la seguridad del herbicida y que se ha usado para negar que el glifosato es dañino para la salud es retirado 25 años más tarde

Durante décadas, el glifosato ha sido el herbicida más utilizado en el mundo y un foco constante de polémica científica y regulatoria. En 2015, la IARC, la agencia del cáncer de la OMS, lo clasificó como «probablemente carcinógeno» para humanos, mientras otras agencias mantuvieron su autorización con límites de exposición. En este contexto, una revisión publicada en 2000 se convirtió en piedra angular para defender su seguridad, citada con profusión por reguladores y por la industria.

Un cuarto de siglo después, esa revisión acaba de ser retractada. La revista Regulatory Toxicology and Pharmacology retiró el 28 de noviembre el artículo firmado por Gary M. Williams, Robert Kroes e Ian C. Munro. La nota alega «varios problemas críticos que socavan la integridad académica del artículo y sus conclusiones». La pieza, publicada en abril de 2000, sostenía que el uso de Roundup, el nombre comercial del glifosato, no implicaba riesgos para la salud humana.

Monsanto escribió el artículo científico retractado

La retractación llega ocho años después de que miles de documentos internos de Monsanto, divulgados en procesos judiciales en Estados Unidos y conocidos como los «Monsanto Papers», revelaran que los verdaderos autores del texto no eran los científicos firmantes. Eran empleados de la compañía. Esta práctica, llamada ghostwriting, consiste en pagar a investigadores para que firmen artículos que no han escrito.

En palabras prudentes, Martin van den Berg, coeditor jefe de la revista, apunta que «empleados de Monsanto pueden haber contribuido a la redacción del artículo sin el debido reconocimiento como coautores». Añade que esta falta de transparencia «plantea serias preocupaciones éticas sobre la independencia y la responsabilidad de los autores de este artículo y la integridad académica de los estudios de carcinogenicidad presentados». Cita además la ausencia de declaración sobre una posible compensación económica de los autores por parte de la empresa.

Reevaluar si el glifosato es dañino para la salud

Más allá de la autoría, la revista cuestiona el contenido. La revisión debía sintetizar toda la evidencia relevante sobre la seguridad del glifosato, pero, según van den Berg, «no incluyó varios estudios de toxicidad crónica y carcinogenicidad». Las razones de esas omisiones “se desconocen, lo que pone en duda la objetividad global de las conclusiones”. El último firmante vivo, Gary M. Williams, profesor emérito del New York Medical College, no respondió a las solicitudes de la revista ni del medio que destapó el caso.

La influencia del artículo fue y siguió siendo enorme. En 2017, tras la publicación de los documentos, la pieza continuó citándose para respaldar la seguridad del compuesto. Un análisis académico reciente, firmado por Alexander Kaurov y Naomi Oreskes, mostró que el trabajo permanecía en el top 0,1% por número de citas entre los artículos sobre glifosato. Según este estudio, «nuestros hallazgos subrayan la necesidad de políticas editoriales más estrictas para detectar y retractar trabajos escritos por encargo, con el fin de salvaguardar la integridad científica, así como la salud y la seguridad públicas».

La retractación también ilumina la política regulatoria. Según el recuento del propio medio que informó del caso, la revisión de 2000 aparece citada en torno a 40 ocasiones en el informe europeo de 2015 que desembocó en la reautorización del herbicida en 2017. La revista recuerda, por transparencia, que su decisión no toma partido sobre el debate científico más amplio acerca de la carcinogenicidad del glifosato, sino que responde a directrices editoriales sobre integridad, autoría y conflictos de interés. Es decir, no demuestra que el glifosato sea dañino para la salud, pero niega la fiabilidad de las pruebas presentadas en el estudio de su inocuidad.

Este episodio deja una moraleja incómoda. Las revisiones con apariencia independiente pueden condicionar durante años la evidencia disponible, el debate público y las decisiones regulatorias. Cuando además no declaran pagos, omiten estudios y ocultan quién escribió realmente el texto, ese efecto se multiplica. Por eso la retractación, tardía pero firme, importa. Restituye el registro científico y obliga a mirar con lupa los cimientos de evaluaciones que afectan a millones de personas y a los ecosistemas donde vivimos.

REFERENCIA

Safety Evaluation and Risk Assessment of the Herbicide Roundup and Its Active Ingredient, Glyphosate, for Humans