Estudio: la relación entre el TDAH y la lactancia materna
Un estudio noruego con más de 5.000 pares de hermanos analiza la influencia de la lactancia materna exclusiva en los síntomas de TDAH en la primera infancia.
El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) afecta a entre el 5% y el 7% de los niños en edad escolar y sus causas son en buena medida genéticas. Un equipo de investigadores noruegos ha analizado datos de miles de familias para estudiar si la duración de la lactancia materna exclusiva influye en el desarrollo de sus síntomas durante la infancia, controlando de forma rigurosa el riesgo genético de cada participante. El trabajo, publicado en la revista Biological Psychiatry, concluye que cada mes adicional de lactancia exclusiva se asocia a menos síntomas del trastorno, aunque el efecto individual es pequeño.
El efecto de la lactancia y el riesgo genético de TDAH
La principal dificultad en este tipo de investigaciones es que las familias que amamantan más tiempo también suelen tener mayor nivel educativo, menor estrés económico y mejor acceso a atención sanitaria. Todos esos factores podrían reducir independientemente el riesgo de TDAH, contaminando la asociación. Para reducir este sesgo, el equipo empleó dos estrategias complementarias.
En primer lugar, calcularon puntuaciones de riesgo poligénico para el TDAH tanto en los niños como en ambos progenitores, lo que permitió controlar estadísticamente la predisposición genética heredada, junto con la educación materna, la edad de los padres, el peso al nacer y la estación de nacimiento. En segundo lugar, compararon pares de hermanos dentro de la misma familia en los que uno había recibido lactancia exclusiva durante más tiempo. Esta comparación intrafamiliar elimina automáticamente los factores compartidos por los hermanos y hace más difícil atribuir los resultados a variables de confusión.
Lo que consigue cada mes adicional de lactancia
Los resultados del análisis principal mostraron que cada mes adicional de lactancia materna exclusiva se asociaba a una reducción de los síntomas de TDAH a los tres, cinco y ocho años de edad. La asociación se atenuó ligeramente al llegar a los ocho años, pero se mantuvo estadísticamente significativa en todos los puntos temporales evaluados.
El análisis de más de 5.000 pares de hermanos arrojó resultados similares, lo que refuerza la robustez de la asociación. Los investigadores observaron, no obstante, que cuando se separaron los datos por sexo, el efecto entre hermanos se debilitó, lo que apunta a que la relación entre lactancia y TDAH podría diferir entre niños y niñas de formas que el estudio no pudo caracterizar con precisión.
La importancia del efecto colectivo
Los autores advierten de que las reducciones son pequeñas a nivel individual y no permiten afirmar que la lactancia tenga un efecto clínico relevante en un niño concreto. La magnitud del beneficio observado cobra más sentido en clave poblacional. Efectos modestos repetidos en millones de niños pueden traducirse en un menor número de diagnósticos clínicos de TDAH, con el consiguiente impacto en los sistemas educativos y sanitarios.
Esta perspectiva es coherente con la forma en que los organismos de salud pública suelen justificar las recomendaciones de lactancia. La Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses de vida, apoyándose en evidencia nutricional, inmunológica y, en creciente medida, también neurocognitiva.
Lo que aún no se puede saber
El diseño observacional del trabajo no permite establecer relaciones de causalidad. Los datos sobre duración de la lactancia y síntomas del trastorno proceden de cuestionarios cumplimentados por los padres, lo que los hace vulnerables a sesgos de recuerdo y de notificación. El seguimiento también registró pérdidas a lo largo del tiempo, lo que podría haber sesgado la muestra hacia familias más implicadas en el estudio.
El trabajo tampoco identifica un mecanismo biológico concreto que explique la asociación. Las hipótesis en el campo apuntan a nutrientes específicos de la leche materna, como los ácidos grasos de cadena larga que participan en el desarrollo neurológico, pero esta conexión no se analiza en el artículo. Establecer causalidad exigiría estudios de diseño experimental que no serían éticamente posibles en esta población.
Los hallazgos se suman a la evidencia que vincula la lactancia materna con distintos aspectos del desarrollo neurocognitivo. Para los profesionales de la salud, ofrecen un argumento adicional para apoyar a las familias que desean prolongar la lactancia exclusiva, sin convertirla en un factor de culpabilización para quienes no pueden o no optan por ella.
REFERENCIA
Breastfeeding and Development of Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder Symptoms Across Childhood. Solberg BS et al. Biological Psychiatry, 2026.
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