Una investigación global revela que la identidad sexual de los adolescentes está en un proceso de cambio: las nuevas generaciones usan etiquetas más diversas y fluidas que sus mayores
¿Cómo se mide la diversidad sexual de las personas? Los estudios han usado hasta ahora encuestas nacionales centradas en países ricos y anglófonos. Estos trabajos ya apuntaban a cambios generacionales y a la expansión del paraguas LGBTQIA+ (lesbianas, gais, bisexuales, trans, queer, intersexuales y asexuales). Faltaba, sin embargo, una fotografía verdaderamente global, que captara también identidades sexuales en regiones poco estudiadas.
Un equipo liderado por la Universidad de Mánchester ha dado ese paso con un estudio que analiza 913.253 perfiles de 122 países en Zoe, una app de citas para mujeres queer y personas no binarias. Es la primera panorámica mundial a esta escala sobre cómo se nombra la gente en el espectro de la orientación. El trabajo, publicado el 12 de diciembre de 2025 en la revista Demographic Research, muestra que lesbianas y bisexuales siguen siendo las categorías mayoritarias dentro de este campo, pero crecen con fuerza etiquetas como queer, pansexual o asexual, sobre todo entre los más jóvenes.
“Las generaciones jóvenes nos muestran que la sexualidad no es una categoría fija, es un espectro”, afirma el autor principal, Francesco Rampazzo, profesor de estadística social en Mánchester. La frase resume un patrón claro por edades. Cuanto menor es la cohorte, más heterogeneidad en las respuestas y mayor uso de términos amplios o novedosos que desafían cajones tradicionales. El estudio no infiere causas individuales, pero sugiere que la disponibilidad de lenguaje y comunidades digitales facilita nuevas formas de identificarse.
La identidad sexual de los adolescentes cambia impulsada por el lenguaje
El mapa no es uniforme. Europa, Norteamérica y Oceanía concentran la mayor diversidad de identidades, mientras que en partes de África y Asia aparecen más respuestas en blanco o categorías menos variadas. Los autores interpretan estas lagunas como señales del contexto, porque la apertura sobre la orientación depende de la seguridad percibida. “Donde la gente se siente segura, es más probable que exprese quién es de verdad”, señala el coautor Canton Winer, de la Northern Illinois University. La heterosexualidad obligatoria y la criminalización aún presentes en varios países reducen el margen para hablar sin miedo.
El trabajo detecta también una fracción visible de personas que se identifican como asexuales, un grupo a menudo pasado por alto que, sin embargo, aparece ya más allá de los contextos occidentales. Para los demógrafos, este dato indica que el vocabulario de la asexualidad ha cruzado fronteras culturales, aunque la magnitud real seguirá dependiente de la seguridad jurídica y social en cada territorio.
Más allá de los porcentajes, los autores insisten en la dimensión humana. “Nuestro estudio recuerda que la tecnología no solo transforma cómo nos conocemos, está remodelando cómo nos entendemos a nosotros mismos y a los demás”, dice Rampazzo. Ese punto conecta con la fuente de datos. El equipo colaboró con Zoe para trabajar con información agregada y anonimizada, un enfoque que no sustituye a las encuestas oficiales, pero las complementa. Las bases digitales pueden captar minorías que los sondeos nacionales pasan por alto y ofrecer series temporales rápidas durante cambios sociales acelerados.
Para la antigua dirección de la app, este tipo de cooperación abre una puerta a la investigación con impacto real. “En Zoe siempre hemos creído que la colaboración responsable entre industria y academia puede producir conocimientos que beneficien de verdad a las comunidades LGBTQ+”, afirma Milan Kovačič. “Estos estudios muestran que, cuando se tratan los datos con cuidado y respeto, ayudan a crear espacios digitales más seguros e inclusivos”. La demografía, históricamente apoyada en censos y encuestas, suma así un nuevo instrumento para seguir el pulso de la diversidad sexual global.
El estudio, llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Mánchester, la Northern Illinois University y Zoe, no pretende cerrar el debate. Ofrece, eso sí, una línea de base descriptiva y mundial para futuras preguntas. La generación que crece hoy no solo elige etiquetas diferentes, también discute qué significan. Y ese diccionario, por lo que muestra la evidencia, ya no entiende de fronteras.
REFERENCIA
Sexual orientation on Zoe: A global analysis of a lesbian dating app