Un nuevo estudio comprueba que en las empresas los autistas son inteligentes y menos vulnerables al efecto Dunning-Kruger, el síndrome del «cuñado» 

Llega la navidad y tu cuñado, o cualquier otro familiar, te llevará la contraria en una conversación, a ti y a todos los expertos del mundo, sobre temas tan diversos como el cambio climático, la mecánica cuántica o la macroeconomía. Su justificación: algo que ha leído.

Esto tiene un nombre en psicología: el efecto Dunning-Kruger, por los dos investigadores que lo describieron. Es una trampa cognitiva: quienes menos dominan un tema tienden a sobreestimar su habilidad, mientras que los más competentes a veces se infravaloran.

La investigación psicológica lo ha documentado en la lógica, la gramática y el juicio profesional (y en las conversaciones de Nochebuena). Pero, por otra parte, diversos trabajos han observado que las personas autistas suelen resistirse más a la presión social y a ciertos sesgos, como el efecto Dunning-Kruger. En otras palabras, los autistas tienen menos probabilidades de comportarse como tu cuñado. Un nuevo artículo en la revista Autism Research da una respuesta clara.

Los autistas son inteligentes: menos posibilidades de caer en la ilusión de la competencia

El trabajo reclutó a 100 empleados de Canadá y Estados Unidos mediante organizaciones de apoyo al empleo y redes sociales. Cincuenta y tres participantes eran autistas y 47 no autistas. La edad media fue de 32 años en el grupo autista y de 39 en el grupo no autista. En la muestra autista participaron 39 mujeres y en la no autista 33. Los autores comprobaron primero los rasgos de espectro autista con el Subthreshold Autistic Trait Questionnaire, un cuestionario estandarizado que sirve para cuantificar rasgos autistas en población general. Así confirmaron que el grupo autista presentaba más rasgos que el grupo comparativo.

Después, todos completaron el CRT-Long, una versión ampliada del Cognitive Reflection Test, una prueba que mide la tendencia a frenar respuestas intuitivas pero erróneas y a activar un razonamiento analítico deliberado. El CRT se ha convertido en un clásico para estudiar cómo pensamos cuando la intuición se equivoca. Al terminar, los participantes estimaron cuántas preguntas habían acertado y situaron su habilidad respecto a otras personas en una escala ordinal, desde “estoy en lo más bajo” hasta “estoy en lo más alto”.

Cuanto menos sabes, más crees que sabes

Los resultados replicaron el patrón típico del efecto Dunning–Kruger. Quienes obtuvieron las peores puntuaciones tendieron a sobrestimar su rendimiento y quienes lo hicieron mejor tendieron a infravalorarse. La novedad apareció al comparar por grupos. Entre los participantes de menor rendimiento, las personas autistas sobrestimaron mucho menos que las no autistas. La distancia entre la puntuación real y la estimada fue más corta en el grupo autista.

En el rango medio ocurrió algo parecido. Los empleados no autistas siguieron sobreestimando su desempeño más que los autistas, que mostraron estimaciones más ajustadas. El sesgo de exceso de confianza, característico del efecto, se redujo de forma consistente en la muestra autista.

Entre los participantes con mejores resultados, el patrón cambió de signo. Los autistas infravaloraron su rendimiento más que los no autistas, tanto en número de aciertos como en su posición percentil frente a sus pares. Los autores interpretan que esta infravaloración podría ser la otra cara de una autoevaluación prudente, útil para aceptar feedback y planificar mejoras. En conjunto, la discrepancia entre desempeño real y estimado fue significativamente menor en los empleados autistas.

“Los resultados indicaron una mejor calibración entre el rendimiento real y el estimado en empleados autistas. La menor susceptibilidad al DKE, el efecto Dunning-Kruger, resalta posibles ventajas de los empleados autistas en el lugar de trabajo”, concluyen los investigadores. Los datos sugieren que los equipos ganan cuando escuchan a quienes calibran mejor su propio rendimiento y son menos «cuñados».

REFERENCIA

Reduced Susceptibility to the Dunning–Kruger Effect in Autistic Employees