La interacción entre el derretimiento del hielo y los volcanes en la Antártida podría intensificar erupciones, acelerando procesos volcánicos durante siglos

El fenómeno del deshielo en la Antártida está vinculado con el rebote isostático, un ajuste de la corteza terrestre cuando se aligera su carga. Este proceso, combinado con la actividad de cámaras magmáticas subterráneas, puede aumentar la frecuencia y la intensidad de las erupciones volcánicas. Además, los gases atrapados en el magma, como el dióxido de carbono y el agua, generan presiones internas que pueden desencadenar erupciones. Estas interacciones, estudiadas mediante simulaciones, revelan la peligrosa conexión entre el cambio climático y el comportamiento volcánico.

Un reciente estudio, publicado en la revista Geochemistry, Geophysics, Geosystems, explora cómo el cambio climático, al derretir las vastas capas de hielo que cubren la Antártida, puede alterar drásticamente el comportamiento volcánico en la región del Sistema de Rift de la Antártida Occidental (WARS). Este sistema alberga más de 130 volcanes, muchos de los cuales están enterrados bajo espesos glaciares. La retirada de estas masas de hielo no solo expone estos volcanes, sino que modifica las dinámicas internas del magma en la corteza terrestre.

El fenómeno clave detrás de esta actividad se denomina rebote isostático, que ocurre cuando el peso del hielo que comprime la corteza terrestre disminuye, permitiendo que esta se eleve y reduzca la presión sobre el magma subyacente. Según los científicos, esto puede acelerar la evolución de los procesos volcánicos, llevando a erupciones décadas o incluso siglos antes de lo que ocurriría en condiciones normales.

Para comprender este efecto, los investigadores usaron modelos termomecánicos de cámaras magmáticas y simularon los cambios de presión causados por la retirada del hielo. Los resultados, basados en más de 4,000 simulaciones, muestran que las cámaras magmáticas más grandes son particularmente sensibles a la disminución de presión, aumentando el riesgo de erupciones. Adicionalmente, la disminución de presión permite que los gases disueltos en el magma, como el dióxido de carbono y el agua, formen burbujas. Estas burbujas incrementan la presión en la cámara magmática, aumentando las probabilidades de una explosión volcánica.

El estudio también examinó la historia volcánica de los Andes durante la última glaciación, hace entre 18,000 y 35,000 años. Durante este período, la retirada de los glaciares coincidió con un aumento en la actividad volcánica, lo que refuerza las conclusiones de los investigadores sobre la relación entre deshielo y volcanismo.

Además de las implicaciones directas, los científicos advierten sobre un efecto amplificador llamado retroalimentación de albedo. A medida que el hielo retrocede, la superficie expuesta de agua o tierra absorbe más radiación solar, lo que acelera aún más el calentamiento global y, con ello, el deshielo. Este círculo vicioso podría significar que los efectos del cambio climático en el sistema volcánico antártico se sientan durante miles de años.

Aunque los esfuerzos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero son esenciales, los cambios ya desencadenados por el calentamiento global podrían alterar permanentemente la actividad volcánica en regiones como la Antártida. Esto subraya la necesidad de entender no solo los impactos inmediatos del cambio climático, sino también sus efectos geológicos y ecológicos a largo plazo.

REFERENCIA

Magma Chamber Response to Ice Unloading: Applications to Volcanism in the West Antarctic Rift System