Entre el siglo XVII y el XXI han pasado cuatrocientos años y una eternidad en términos de movilidad. Entonces, ni un sedán ni un sportaback eran lo que son en la actualidad. Hoy, estos dos conceptos se perpetúan en el Audi A3.
Sedán y el sportback son dos siluetas que, aunque comparten genes, ofrecen ciertas singularidades. El sedán tiene sus raíces en las sillas de manos del siglo XVII, aquellas «sedan chairs» que transportaban a la nobleza por las calles con comodidad y discreción. Con la llegada del automóvil, la idea de un compartimento cerrado para pasajeros, con una clara distinción entre el espacio para la gente y el maletero, se trasladó a las cuatro ruedas. Así nació el sedán moderno: una carrocería con cuatro puertas, dos volúmenes definidos (uno para el motor y otro para el habitáculo) y un tercer volumen trasero para el equipaje, separado del habitáculo como ocurre en el Audi A3 sedán.
Audi A3 con carrocería sedán
El término Sportback es una invención relativamente moderna, popularizada por marcas como Audi, para describir una carrocería que combina la versatilidad de un portón trasero con la estética deportiva de un coupé. Su origen no es tan remoto como el del sedán. Se trata, en esencia, de un coche de cinco puertas con una línea de techo que desciende suavemente hacia la zaga similar a la de los coupés.
La principal ventaja de esta silueta radica en su versatilidad. En el Audi A3 Sportback se pueden abatir los asientos de manera que el maletero llegue a los 1.200 litros de capacidad.
Audi A3 Sportback
Gasolina sí, pero con truco
Además de una mecánica diésel, el Audi A3, tanto en la carrocería Sportback como Sedán, ofrece una mecánica de gasolina de cuatro cilindros y una potencia de 110 kW (150 CV). En la casa lo denominan 35 TFSi, (Turbo Fuel Stratified Injection) porque el sistema además de inyectar el combustible directamente en la cámara de combustión, cuenta con un turbocompresor que utiliza los gases de escape para comprimir el aire que entra en el motor y aumentar la potencia. Cuando la demanda de energía es baja, dos de los cuatro cilindros se desconectan para minimizar el consumo y se vuelven a reactivar automáticamente cuando la exigencia es mayor.
Pero además el Audi A3 cuenta con otro truco. Se llama MHEV y no es otra cosa que un sistema eléctrico de 48 voltios acoplado a un alternador y a una batería de iones de litio. Lo que consigue, además de la etiqueta Eco de la DGT, es aprovechar la energía que se iba a desperdiciar. Es decir, al desacelerar o frenar, el coche es capaz de recuperar hasta 12 kW. Esta potencia se usa para alimentar la batería híbrida y bajar el consumo. Además, y gracias a la energía almacenada, se obtienen mejores aceleraciones. Además, el A3 puede «navegar a vela” con el motor de combustión desactivado en algunas situaciones, pero siempre bajo el control absoluto del conductor. Algo similar ocurre con la solución Start/Stop, que evita el despilfarro de combustible al desactivar el propulsor cuando se circula por debajo de los 22 km/h.
El resultado de todos estas soluciones se traduce en una reducción del consumo de 0,4 litros a los 100 kilómetros en condiciones de funcionamiento normal, lo que equivale a unos 5,2 litros a los 100 porque hoy, además del dilema de elegir qué tipo de carrocería se adapta mejor a nuestras necesidades, el debate está en el consumo.