El IMC está pasado de moda: el porcentaje de grasa corporal predice mejor la salud, según expertos
El índice de masa corporal se ha usado durante años como medida de la gordura de la gente y, de forma indirecta, de su salud. Tiene una ventaja: es muy fácil de obtener. Pero también tiene una gran desventaja: no es un buen indicador de la salud.
Un nuevo estudio publicado el 24 de junio en la revista Annals of Family Medicine ha desatado el debate sobre la utilidad del índice de masa corporal (IMC) como herramienta para evaluar el riesgo de enfermedades y muerte relacionadas con la obesidad. El equipo investigador concluyó que el IMC no es un predictor fiable del riesgo de mortalidad por ninguna causa, mientras que el porcentaje de grasa corporal sí mostró una correlación clara con ese riesgo.
«En última instancia, la definición actual de obesidad necesita cambiar por una basada en el porcentaje de grasa corporal», afirmó el doctor Frank Orlando, director médico de UF Health Family Medicine y autor principal del estudio.
Este cambio de enfoque podría tener implicaciones importantes en la forma en que se prescriben medicamentos contra la obesidad, como los populares tratamientos basados en semaglutida (como Ozempic o Wegovy). Actualmente, muchos pacientes quedan excluidos de estos tratamientos porque su IMC no alcanza el umbral establecido, a pesar de tener un porcentaje elevado de grasa corporal, según explicó Orlando a Live Science.
El IMC se ha mantenido como una herramienta popular por su bajo coste y facilidad de cálculo: basta con dividir el peso en kilos entre la altura en metros al cuadrado. Sin embargo, esta simplicidad viene con limitaciones importantes. El IMC no distingue entre masa muscular y grasa, lo que puede llevar a clasificar erróneamente a personas musculosas como con sobrepeso u obesidad. Además, los valores de referencia fueron originalmente establecidos para poblaciones blancas no hispanas, por lo que pueden no ser aplicables a otros grupos étnicos con distintas distribuciones de grasa corporal.
A pesar de estos inconvenientes, el IMC sigue siendo ampliamente utilizado porque no existen alternativas igual de prácticas y asequibles. Para comparar su utilidad, el estudio analizó los datos de 4.252 adultos estadounidenses de entre 20 y 49 años, observados durante un periodo de 15 años. Se evaluó el IMC frente a dos métricas alternativas: el porcentaje de grasa corporal y la circunferencia de cintura.
Los resultados revelaron que una circunferencia de cintura elevada se asociaba con un mayor riesgo de morir por enfermedad cardiovascular, pero no necesariamente por otras causas. En cambio, un alto porcentaje de grasa corporal —más del 27% en hombres y del 44% en mujeres— se asoció con un 78% más de probabilidad de muerte por cualquier causa en comparación con quienes tenían niveles más bajos.
Para calcular este porcentaje de grasa, se utilizó una tecnología conocida como análisis de bioimpedancia eléctrica (BIA). Este método consiste en hacer pasar una pequeña corriente eléctrica a través del cuerpo y medir cómo varía su resistencia según el tipo de tejido. Dado que la grasa y el músculo tienen diferentes contenidos de agua, conducen la electricidad de manera distinta, lo que permite estimar la proporción de grasa corporal total.
Pero incluso la bioimpedancia no es una panacea. Como explica Adam Collins, profesor de nutrición en la Universidad de Surrey (Reino Unido), no solo importa la cantidad de grasa corporal total, sino también su localización. La grasa subcutánea, que se acumula bajo la piel, tiene menos impacto en la salud que la grasa visceral, que rodea los órganos internos y se asocia con un mayor riesgo de enfermedades metabólicas.
Cualquier nueva métrica que sustituya al IMC necesitará ser tan accesible como éste. Afortunadamente, los dispositivos de bioimpedancia son cada vez más asequibles y comunes tanto en consultas médicas como en básculas inteligentes para el hogar, lo que podría facilitar una transición hacia esta medida más precisa.
«Hasta ahora hemos definido la obesidad en base al IMC porque es barato y fácil de usar», comentó Orlando. «Pero ahora tenemos estudios como el nuestro que demuestran que la bioimpedancia es precisa y fiable en comparación con el IMC.»
Este hallazgo plantea un desafío directo a las directrices actuales para acceder a tratamientos como Wegovy, que solo se recetan a personas con un IMC que indique obesidad o sobrepeso con factores de riesgo adicionales como la diabetes. Según Orlando, esto deja fuera a personas con IMC dentro del rango “normal” pero con un porcentaje de grasa peligrosamente alto.
«Nuestro estudio demuestra por qué cualquier criterio para medicamentos contra la obesidad debería basarse en el porcentaje de grasa corporal», concluyó Orlando. «De lo contrario, estamos dejando sin tratamiento a pacientes que lo necesitan urgentemente.»
Así pues, el IMC podría estar viviendo sus últimos días como indicador estrella de la salud metabólica. Aunque aún no hay consenso sobre qué métrica lo reemplazará definitivamente, todo apunta a que el futuro de la medicina pasará por medir no cuánto pesamos, sino qué estamos realmente cargando bajo la piel.
REFERENCIA
Body Mass Index vs Body Fat Percentage as a Predictor of Mortality in Adults Aged 20-49 Years