Un estudio muestra que en la mayoría de los primates no hay un sexo dominante claro; machos y hembras compiten en igualdad.

En biología, el concepto de «dominancia» se refiere a la capacidad de un individuo para imponerse sobre otros en interacciones sociales, especialmente en contextos de acceso a recursos, pareja o territorio. En los primates, el grupo que incluye simios, monos y a nosotros, los humanos, tradicionalmente se pensaba que los machos eran los dominantes por ser más grandes o agresivos.

Pero un estudio reciente publicado en la revista PNAS ha sacudido las ideas preconcebidas sobre quién manda en el mundo de los primates. Investigadores del Centro Alemán de Primatología y la Universidad de Montpellier han analizado más de 250 estudios sobre 100 especies distintas de primates para entender cómo se reparte la dominancia entre machos y hembras. El resultado: la dominancia masculina clara es bastante rara. En la mayoría de los casos, no hay un sexo dominante fijo, y las luchas por el poder pueden terminar con victoria para cualquiera de los dos bandos.

La primera autora del estudio, Élise Huchard, explica que los machos primates suelen recurrir a la fuerza física y la coerción para imponerse, mientras que las hembras usan estrategias más sutiles, especialmente reproductivas, como decidir cuándo y con quién aparearse. “El empoderamiento femenino depende de vías alternativas”, señala Huchard, especialista en comportamiento de mamíferos.

El análisis, que revisó datos de 253 estudios y evaluó enfrentamientos entre sexos en 151 poblaciones de 84 especies, reveló que las peleas entre machos y hembras representan aproximadamente la mitad de todos los conflictos observados. Sin embargo, la mayoría no tuvo un resultado predecible. En 25 poblaciones de 16 especies los machos ganaban siempre, mientras que en 20 poblaciones de otras 16 especies las hembras eran las vencedoras constantes. Pero en el resto —106 poblaciones de 69 especies— el panorama era más matizado, con inclinaciones suaves hacia un sexo u otro.

Además, el tipo de dominancia puede cambiar dentro de una misma especie. Las hembras de bonobo, por ejemplo, ganaban entre el 48 % y el 79 % de sus disputas, dependiendo del grupo observado. En los monos patas (Erythrocebus patas), ese rango iba del 0 % al 61 %. Incluso dentro de la misma especie, como los talapoins angoleños (Miopithecus talapoin), los investigadores vieron poblaciones con dominancia masculina, femenina o sin un patrón claro.

Uno de los hallazgos más interesantes fue que el entorno y el estilo de vida influían significativamente en la dominancia. En las especies arborícolas (que viven en los árboles) y monógamas, donde las hembras pueden alejarse fácilmente de los machos, ellas tienden a tener más control reproductivo y, por tanto, más poder. Esto también protege mejor a sus crías en gestación. En cambio, en especies terrestres donde los machos son más grandes y viven con varias hembras, el dominio masculino es más frecuente.

Peter Kappeler, coautor del estudio, destaca que “la visión tradicional de la dominancia masculina como la norma ha sido cuestionada en los últimos años”, y que este trabajo aporta una imagen más completa de la complejidad de las relaciones entre sexos en los primates.

Los ejemplos de dominancia femenina no son raros fuera del laboratorio. En la naturaleza, muchas hembras son líderes natas. Las orcas (Orcinus orca) viven en sociedades matriarcales donde las madres mayores dirigen el grupo. En las suricatas (Suricata suricatta), las hembras alfa pueden ser especialmente agresivas y dominan a los machos sin problemas. Entre los primates, las hembras de bonobo y los lémures de cola anillada (Lemur catta) también mandan con frecuencia.

Las reglas del poder en el mundo animal no son universales. Lejos de los estereotipos sobre el macho alfa dominando a su grupo, los primates nos muestran una realidad mucho más compleja y equitativa. Machos y hembras negocian el poder de maneras diversas y adaptadas a su entorno, demostrando que la naturaleza no sigue siempre nuestras narrativas simplificadas.

REFERENCIA

The evolution of male–female dominance relations in primate societies