Un análisis de más de una década de datos en el Reino Unido muestra que la masturbación aumentó en mujeres y hombres, y que no es solo “sustituto para ellos y complemento para ellas”.
La masturbación es una forma de autoestimulación sexual que puede incluir manos o juguetes, con o sin pornografía. Un equipo de investigadores analizó dos oleadas de la National Survey of Sexual Attitudes and Lifestyles en el Reino Unido. Son encuestas extensas, con entrevistas en el hogar y un apartado de autocompletado por ordenador para preguntas delicadas. La segunda ola se realizó entre 1999 y 2001 con 11.161 personas de 16 a 44 años. La tercera, entre 2010 y 2012, incluyó a 15.162 participantes de 16 a 74 años.
Primero compararon periodos con el mismo rango de edad, de 16 a 44, para trazar tendencias. Encontraron un aumento estadísticamente significativo de quienes dijeron masturbarse en el último mes. En mujeres, del 37,0 al 40,3%. En hombres, del 73,4 al 77,5%. También bajó el porcentaje de mujeres que nunca se habían masturbado, del 28,5 al 24,1%.
El aumento fue más marcado entre los hombres más jóvenes, de 16 a 24 años. Al mirar el estado de relación, subió tanto en quienes tenían parejas esporádicas como estables. No cambió de forma significativa entre quienes declararon estar solteros. Los autores apuntan a cambios culturales amplios entre ambos periodos, incluido el mayor acceso a internet y al contenido sexual online.
Después usaron los datos más recientes, con edades de 16 a 74, para explorar qué factores sociales, demográficos, de salud y de pareja se asocian con la masturbación. Si uno mira solo la frecuencia de coito, el viejo modelo parece cuadrar. Las mujeres con más relaciones sexuales informaron más masturbación, lo que sugiere un papel complementario. Los hombres con coito más frecuente informaron menos masturbación, lo que sugiere un patrón compensatorio.
Más sexo en pareja, más masturbación
Sin embargo, cuando entran en juego satisfacción y deseos, el cuadro se complica. En mujeres y hombres, quien quiso tener coito más a menudo que en la realidad señaló más masturbación en el último mes. También fue más frecuente entre quienes percibían diferencias de interés sexual con su pareja, estaban insatisfechos con su vida sexual, o sentían malestar o preocupación al respecto.
Algo parecido ocurre con las dificultades sexuales. Quienes reportaron problemas propios, o de su pareja, informaron más masturbación. Esto sugiere que, cuando la sexualidad en pareja genera insatisfacción o tropieza con barreras, la masturbación puede actuar como reemplazo tanto en mujeres como en hombres, y no solo en ellos.
La edad importó. La gente más joven mostró mayor probabilidad de masturbarse recientemente en ambos sexos. La religiosidad también pesó. Quienes consideraron importantes sus creencias religiosas informaron menos masturbación. La orientación sexual marcó diferencias. Las personas gais, lesbianas y bisexuales informaron tasas más altas que las heterosexuales.
El comportamiento sexual general también se asoció. Quien tuvo más parejas sexuales en el último año reportó más masturbación. En el plano de actitudes, quienes creían aceptable el sexo sin amor mostraron más probabilidad de haberse masturbado recientemente. En cambio, quienes creían que con la edad “apetece menos sexo por naturaleza” informaron menos masturbación.
La salud percibida jugó su papel. Un peor estado de salud se vinculó con menor probabilidad de masturbación en mujeres y hombres. En la vida en pareja, convivir con alguien se asoció con menor reporte de masturbación si se compara con las personas solteras. En los hombres, además, sentirse feliz en la relación se relacionó con menor probabilidad de masturbarse recientemente.
Los autores advierten de limitaciones. Todo procede de autoinformes, sujetos a deseabilidad social y a fallos de memoria, más aún en temas sensibles. La segunda parte del análisis usa datos de 2010 a 2012. Desde entonces, la expansión del smartphone y las aplicaciones de citas puede haber alterado los comportamientos sexuales.
Además, el diseño es transversal. Muestra asociaciones, no causa y efecto. Futuros trabajos deberían mirar periodos más recientes y usar métodos que capten mejor las motivaciones, para entender cuándo y por qué la masturbación complementa o reemplaza el sexo en pareja.
En conjunto, la evidencia desafía el cliché. La masturbación no es solo suplente masculino ni aderezo femenino. Depende del contexto, del deseo y de cómo va la vida sexual compartida.
REFERENCIA