La regla de las 48 horas nos aconseja esperar un par de días antes de comprar ese jersey o ese bolso, dar la oportunidad a la reflexión y que evitemos comprar algo que no necesitamos

¿Te gustaría pagar la mitad por tu ropa, electrodomésticos o electrónica? Pues eso es lo que te prometen los grandes carteles rojos en los escaparates de estos días, y ese mensaje es difícil de resistir. Incluso cuando nos acercamos y en letra muy pequeña, detrás del enorme 50% hay un «hasta», y la mayoría de los productos del comercio no tienen un descuento tan pronunciado.

Las rebajas añaden un gasto añadido a la sangría enconómica que suponen las «prerebajas» del Back Friday y los gastos extraordinarios en alimentación y regalos durante las fiestas navideñas. Según la Asociación Española de Consumidores (ASESCON) cada persona en España gastará cerca de 200 euros en las rebajas de invierno de 2026. Aunque esta cantidad ha ido descendiendo desde 2023, según el Observatorio CETELEM, todavía supone un gasto importante para las familias.

Pero además del gasto en sí, las rebajas tienen efectos más profundos y perjudiciales. Un estudio de la compradora acierto.com indicaba que, a pesar de la posibilidad que da Internet de examinar los productos y comparar sus precios antes de la compra, tres de cada cinco consumidores compraban en rebajas productos que no necesitaban.

Las rebajas en el cerebro

¿Por qué caemos en la trampa de las rebajas? La respuesta está en nuestra psicología. Los estudios con imágenes de resonancia magnética han comprobado que a la hora de comprar, hay una batalla entre dos partes de nuestro cerebro. Por un lado, el núcleo accumbens, centro de la sensación de recompensa, se activa con una descarga de dopamina anticipada cuando vemos un producto que deseamos.

Por otro lado, la ínsula es una región que reacciona ante el dolor de pagar un precio excesivo, y nos hace recapacitar, pero en rebajas no ocurre así: los precios más bajos hacen que el placer anticipado supere al dolor del desembolso.

Las compras de cosas que no necesitamos pueden tener otros motivos, como gestionar estados emocionales negativos de ansiedad, depresión, aburrimiento o soledad. Por eso aumentaron las compras en la pandemia de COVID-19, como forma de alivio temporal y de experimentar cierto dominio o control sobre el entorno.

La regla de las 48 horas para protegernos de las rebajas

Frente al asedio a nuestro cerebro que trae la temporada de rebajas, existen estrategias clásicas como hacer una lista de lo verdaderamente necesario, establecer un presupuesto o comparar precios. Sin embargo, paseando por la calle, frente al gran cartel rojo que anuncia el descuento, estos buenos propósitos pueden flaquear. Por eso puede ser más efectivo aplicar una estrategia más simple: regla de las 48 horas.

La regla de las 48 horas es simple pero efectiva: cuando sentimos el impulso de comprar algo, especialmente si es un capricho que no teníamos previsto comprar, motivado por un descuento, debemos esperar 48 horas antes de realizar la transacción.

No estamos renunciando para siempre a la compra, solo nos estamos concediendo un tiempo para pensarlo, lo cual desactiva el sentimiento de urgencia que las rebajas nos producen. Esperar 48 horas es una estrategia que sirve en otros entornos, y que se recomienda desde para tomar decisiones financieras importantes hasta para discutir constructivamente con la pareja.

En las tiendas físicas podemos aplicar directamente la regla. Si un jersey, unos zapatos o un electrodoméstico nos llaman la atención, en lugar de llevarlos a la caja, hacemos una foto del artículo y abandonamos la tienda. Si nos atenaza el miedo a que el producto se agote, en muchas ocasiones los dependientes podrían reservarlo durante un par de días. Si pasado ese tiempo seguimos convencidos de que es una buena decisión, podemos volver a comprarlo, pero veremos que, en muchos casos, el deseo pasa.

En el comercio en línea es incluso aún más fácil, aprovechando la funcionalidad del carrito de compra del comercio. En la mayoría de las tiendas de Internet hay dos botones: comprar ahora y añadir al carrito. Es esta última opción la que usaremos, añadiendo el producto al carrito y cerrando la pestaña o la aplicación de compra. A continuación, programamos en nuestro calendario una alarma que nos avise pasadas 48 horas. Como en el caso anterior, si todavía estamos interesados, completaremos la compra, pero es probable que el antojo haya pasado.

Qué ocurre cuando esperamos 48 horas

Los estudios sobre comportamiento del consumidor indican que el propio proceso de espera de la entrega en las compras en Internet ya actúa como un freno natural a la impulsividad, comparado con la gratificación inmediata de las tiendas físicas. Con la regla de las 48 horas potenciamos deliberadamente este efecto.

Esperar un par de días entrena nuestra capacidad para posponer la gratificación, un concepto psicológico fundamental que se refiere a la capacidad de resistir una recompensa menor e inmediata (comprar ahora) en favor de una mayor y futura (tener ahorros, evitar el arrepentimiento). El famoso experimento con niños conocido como «marshmallow test» prometía a los niños una segunda golosina si esperaban para comer la primera.

En los primeros resultados se vio que los niños que eran capaces de esperar tenían de adultos mejores resultados financieros y a un mayor bienestar general. Sin embargo, aunque más tarde se ha discutido la validez del test para predecir el futuro de los niños, ya que hay muchos más factores, la capacidad de autocontrol sí se asocia con menos problemas en la vida, como menos cuentas bancarias en descubierto, menos uso de drogas y medicamentos y mayor bienestar.

La espera hace que pueda entrar en juego la parte más reflexiva de nuestro cerebro, y contrarrestar la parte guiada por los impulsos y las emociones. Es lo que coloquialmente se llama «tener la cabeza fría» a la hora de tomar una decisión. Esperar combate el FoMO, el miedo a perderse algo, por sus siglas en inglés, que se ha relacionado con las compras compulsivas a través del móvil. Es decir, dejamos de pensar «¿lo quiero?» y en su lugar podemos pensar «¿lo necesito?».

Aunque desarrollar una disciplina financiera es complejo y puede llevarnos tiempo aprenderla, la regla de las 48 horas es un antídoto muy simple contra la compra impulsiva en rebajas, algo que podemos practicar hoy mismo.