Es difícil explicar por qué las personas con estudios caen en teorías de la conspiración, pero el narcisismo puede tener mucho que ver

Tylor Cosgrove, Universidad de Adelaida

Si hay dos cosas de las que a internet le encanta hablar, son las teorías de la conspiración y quién puede o no ser narcisista.

La desinformación y el pensamiento conspirativo son preocupaciones de larga data, mientras que el narcisismo se ha convertido en el diagnóstico de sillón favorito de TikTok.

La investigación muestra que ambos conceptos, aunque aparentemente separados, pueden estar en realidad estrechamente relacionados.

En mi nueva investigación, publicada en el Journal of Personality and Individual Differences, más de 600 personas completaron encuestas, y los resultados muestran que las puntuaciones más altas en medidas de narcisismo se asociaban con la creencia en teorías de la conspiración y desinformación.

Es importante destacar que este resultado se mantuvo independientemente del nivel educativo de los participantes.

Cabeza frente a corazón

La evidencia académica muestra que las personas con niveles más bajos de educación tienen más probabilidades de creer en teorías de la conspiración. Pero eso es solo una parte de la historia.

También sabemos que, históricamente, las teorías de la conspiración han prosperado en momentos de incertidumbre, incluidos periodos de guerra, recesiones económicas y dificultades generalizadas (como durante la pandemia de COVID).

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Una explicación destacada de este fenómeno es que las creencias conspirativas satisfacen necesidades psicológicas subyacentes. Entre ellas se incluyen ofrecer respuestas cuando las cosas no están claras o son inciertas, proporcionar una sensación de control al identificar a un grupo poderoso contra el que actuar y, por razones sociales, mostrar a los demás a qué grupos políticos se pertenece y señalar lealtad hacia ellos.

Quería averiguar cuándo las personas con estudios también pueden “caer por la madriguera del conejo” y comprender mejor qué necesidades psicológicas las llevan a hacerlo.

La investigación

A lo largo de dos estudios, se pidió a 660 adultos que completaran una serie de cuestionarios para medir rasgos narcisistas. Estos incluían:

  • tener un sentimiento de superioridad o derecho (grandiosidad)
  • la necesidad de ser único (querer ser especial y destacar frente a los demás)
  • y la necesidad de “cierre cognitivo”: el deseo de obtener respuestas concretas y ver las cosas en blanco y negro.

A continuación, los participantes respondieron hasta qué punto creían en determinadas teorías de la conspiración. Uno de los ejemplos que se les planteó fue: “el asesinato de John F. Kennedy no fue cometido por un tirador solitario, Lee Harvey Oswald, sino que fue una conspiración detallada y organizada para matar al presidente”.

También intentaron distinguir afirmaciones verdaderas de desinformación, entre ellas: “El virus del ébola fue causado por pruebas de armas nucleares de Estados Unidos, según un nuevo estudio”.

Los participantes tenían distintos niveles educativos, desde secundaria o menos hasta máster o doctorado. También presentaban una amplia variedad de creencias políticas.

Las personas que obtuvieron puntuaciones más altas en rasgos narcisistas aceptaban en mayor medida las teorías de la conspiración y la desinformación.

Es importante subrayar que esto era así independientemente del nivel educativo de la persona.

Los resultados mostraron que estos rasgos podrían compensar las diferencias asociadas a la educación. Cuando estos rasgos estaban por encima de la media, las personas con estudios superiores tenían la misma probabilidad de respaldar estas creencias que quienes no tenían formación reglada.

¿Por qué podría ocurrir esto?

La educación suele proporcionar a las personas habilidades para evaluar pruebas, pensamiento crítico y una comprensión compartida de cómo podemos encontrar la verdad.

Sin embargo, los seres humanos somos bastante buenos en el razonamiento motivado: utilizar las capacidades de razonamiento para llegar a conclusiones agradables porque queremos creer algo.

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Este tipo de razonamiento suele estar vinculado a creencias infundadas, es decir, sin respaldo empírico. Cuando las personas se sienten superiores a los expertos, quieren sentirse especiales o necesitan una respuesta concreta en tiempos de incertidumbre, pueden utilizar su razonamiento para mantener determinadas creencias pese a la falta de pruebas.

Mi investigación sugiere que las personas con estudios no son inmunes a este fenómeno.

¿Qué podemos hacer con esta información?

Es importante reconocer que existe una variedad de factores que determinan las creencias de las personas y aquellas a las que se aferran con más fuerza. Entre ellos se incluyen los rasgos de personalidad y estilos de pensamiento mencionados, así como factores como la identidad, la forma en que las personas se ven a sí mismas y cómo muestran apoyo a los grupos a los que pertenecen.

Estos hallazgos sugieren que incluso las personas con un alto nivel educativo pueden resistirse a cambiar de opinión si se ven amenazadas sus necesidades psicológicas subyacentes. Es importante tenerlo en cuenta al debatir temas controvertidos, ya sea con amigos, familiares o con personas que sostienen opiniones políticas opuestas a las nuestras.

También deberíamos tener en cuenta nuestras propias motivaciones y necesidades, y cómo estas pueden influir en nuestros puntos de vista. Hacerlo podría ayudar a encontrar puntos en común y mejorar el debate social a mayor escala.The Conversation

Tylor Cosgrove, Profesor de Psicología, Universidad de Adelaida

Este artículo se republica de The Conversation bajo una licencia Creative Commons. Lea el artículo original.