Los investigadores de las universidades de Bristol y Buffalo descubren que las personas a dieta que ven contenidos de comida basura en redes sociales terminan comiendo menos en la vida real, un efecto llamado «saciedad intermodal»

¿Has sentido alguna vez ese placer culpable de mirar fotos de hamburguesas rebosantes de queso o pasteles de chocolates tan cremosos que parecen salir de la pantalla mientras intentar mantener la dieta?  Siempre se ha pensado que este consumo visual es el enemigo del autocontrol, que incita a saltarse la dieta y a comer descontroladamente.

La comida basura domina los feeds de las redes sociales: hasta el 85% del contenido relacionado con la alimentación en plataformas como Instagram y TikTok muestra productos con alto contenido calórico y bajo valor nutricional. Esta tendencia, impulsada por el marketing de influencers y las empresas alimentarias, crea un entorno digital que influye en hábitos alimenticios poco saludables, especialmente entre los niños y los jóvenes, que se ven expuestos a cientos de anuncios cada semana.

Sin embargo, una reciente investigación, publicada en la revista Computers in Human Behavior, sugiere que es justo al contrario de lo que se piensa, el consumo de este tipo de contenido podría ayudar a regular el apetito. 

El trabajo, liderado por la Universidad de Bristol en colaboración con la Universidad de Buffalo, analizó el comportamiento de 840 participantes de entre 19 a 77 años a través de tres experimentos, con el objetivo de entender cómo interactúan las personas con los contenidos culinarios en redes sociales, especialmente quienes intentan controlar su alimentación. 

Forrajeo digital y la saciedad intermodal

El estudio, liderado por la la Dra. Esther Kang de la Universidad de Bristol y el Dr. Arun Lakshmanan de la Universidad de Buffalo, probó que las personas que están a dieta e intentan evitar los antojos muestran un mayor interés por el contenido de comida basura, un comportamiento que los expertos llaman digital foraging o forrajeo digital. 

En uno de los experimentos, los participantes a dieta pasaron hasta un 50% más de tiempo viendo videos de comida como pizzas o hamburguesas que el resto de los sujetos. Curiosamente, cuando a estos “dietistas” se les ofreció chocolate real después de ver los videos, consumieron mucho menos que el grupo que no estaba a dieta, es decir, mirar los videos logró satisfacer parte de su antojo. 

Pero ¿Cómo es posible que ver comida nos quite las ganas de comer? El equipo ha denominado a este proceso psicológico crossmodal satiation o saciedad intermodal, que es sencillamente la capacidad de nuestro cerebro para obtener cierto nivel de gratificación sensorial a través del sentido de la vista reduciendo el deseo del sentido del gusto y engañando a nuestro apetito. Como dice el coautor Arun Lakshmanan, las personas pueden satisfacer parcialmente su deseo de comer consumiendo comida de manera visual. 

Cuando nos exponemos intensamente a imágenes de alimentos de aspecto delicioso y calórico, nuestra mente realiza una especie de inducción simbólica, y al devorar visualmente el contenido generamos una sensación de satisfacción que calma la urgencia por la ingesta real. Como si el cerebro se llenara de píxeles, dejando menos espacio para las calorías de verdad. 

¿Un futuro con apps de dieta visual? 

Este estudio también se apoya en el efecto rebote, ese proceso que ocurre cuando intentamos no pensar en algo, como ese postre que tenemos prohibido, y ese pensamiento se vuelve más poderoso y persistente. La propuesta de los investigadores es que, en lugar de luchar contra este tipo de pensamientos, se utilice el contenido digital como una válvula de escape, para satisfacer la curiosidad y la fijación mental sin romper la dieta. 

Esta nueva perspectiva abre la puerta al diseño de estrategias de salud basadas en la exposición visual controlada, utilizando estos contenidos como una herramienta de autorregulación. Porque, aunque las imágenes no sustituyen completamente el deseo de comer si son una buena medida de apoyo para evitar atracones puntuales. 

Quizás en el futuro podamos ver aplicaciones diseñadas específicamente para activar esta saciedad visual y ayudarnos a cumplir con nuestros objetivos nutricionales. 

REFERENCIA 

Feeding on screens, not on plates: The paradoxical impact of unhealthy food content in digital media