Un estudio publicado en PNAS identifica los genes SP6 y SP8 como piezas clave de la regeneración en tres especies muy distintas, abriendo la puerta a una terapia génica para personas que han perdido un miembro.
Cada año se producen en el mundo más de un millón de amputaciones de extremidades por causas tan diversas como la diabetes, el cáncer, los traumatismos o las infecciones graves. Prótesis cada vez más sofisticadas han mejorado la vida de muchas de estas personas, pero la ciencia lleva décadas persiguiendo algo más ambicioso: hacer crecer de nuevo el miembro perdido. Sería estupendo si nos crecieran nuevos miembros, como a las salamandras, ¿verdad? Un nuevo estudio acaba de dar uno de los pasos más sólidos en esa dirección, y la pista llegó de un anfibio con una capacidad casi sobrenatural para reparar su propio cuerpo.
Tres animales, un mismo programa genético
El trabajo, publicado esta semana en las Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), reunió a tres laboratorios que estudian la regeneración en especies muy diferentes: el axolotl (una salamandra mexicana), el pez cebra y el ratón. El hilo conductor fue la búsqueda de genes compartidos que expliquen por qué algunos animales son capaces de regenerar tejidos complejos y los mamíferos, en general, no.
Los investigadores encontraron que los genes SP6 y SP8, presentes en la epidermis en regeneración de las tres especies, son esenciales para que ese proceso funcione correctamente. El axolotl puede regenerar extremidades completas, la cola, partes del corazón y del cerebro. El pez cebra regrow sus aletas con rapidez y sin límite aparente. El ratón, como los humanos, solo consigue regenerar la punta de los dedos, siempre que se conserve la base de la uña. En los tres casos, los genes SP actuaban como directores de orquesta del proceso regenerativo.
Sin SP8, los huesos no vuelven a crecer
Para entender exactamente qué hacen estos genes, el equipo del biólogo Josh Currie, de la Universidad Wake Forest, utilizó la tecnología de edición genética CRISPR para eliminar SP8 del genoma del axolotl. El resultado fue claro: sin ese gen, los huesos de la extremidad no se regeneraban correctamente. El mismo experimento con ratones a los que se suprimieron SP6 y SP8 produjo resultados similares.
Confirmado el papel de los genes SP, el equipo del cirujano plástico David A. Brown (Universidad Duke) desarrolló una terapia génica viral basada en un potenciador de la regeneración tisular descubierto en el pez cebra. Esta terapia entregaba a las células una molécula llamada FGF8 (un gen normalmente activado por SP8) y logró estimular el recrecimiento parcial de los huesos de los dedos en ratones a los que faltaban los genes SP. En otras palabras: la terapia suplió lo que el gen ausente ya no podía hacer.
Una prueba de concepto con enormes implicaciones
Los investigadores son cautos al hablar de aplicaciones clínicas. Pasar de la yema de un dedo de ratón a una extremidad humana completa requiere todavía mucha investigación. Pero Currie lo define como un estudio fundacional: demuestra que existe un programa genético universal para la regeneración y que es posible activarlo desde fuera, mediante una terapia génica diseñada específicamente para imitar ese mecanismo.
«Podemos usar esto como una especie de prueba de principio de que quizá seamos capaces de administrar terapias que sustituyan a este estilo regenerativo de epidermis para hacer crecer tejido en humanos», explicó Currie. La investigación no descarta otras vías (andamiajes bioingeniería, terapias con células madre), sino que abre una nueva que podría complementar y potenciar lo que, casi con seguridad, será una solución multidisciplinar. La salamandra, una vez más, señala el camino.
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