Un ensayo controlado con universitarios enfermos y adultos sanos sugiere que la tos y el aire inmóvil son claves en el contagio de la gripe, y apunta a medidas sencillas para cortar brotes.
La gripe vuelve cada temporada, y desde hace décadas los expertos discuten cuánto se transmite por el aire frente al contacto con superficies. En la pandemia de COVID se consolidó la idea de que los aerosoles, partículas que exhalamos al hablar o respirar, tienen un papel decisivo. Para la gripe, muchos investigadores sospechaban lo mismo, pero faltaban ensayos controlados con personas infectadas de forma natural. Un nuevo trabajo, publicado en PLOS Pathogens, aborda justo ese vacío y ofrece pistas prácticas para reducir contagios en interiores.
Un equipo de la Universidad de Maryland diseñó un ensayo clínico en un hotel del área de Baltimore con un objetivo claro: medir la transmisión aérea de la gripe entre gente enferma y voluntarios sanos. Reclutaron estudiantes universitarios con gripe confirmada por pruebas de laboratorio y los alojaron en la misma planta que once adultos de mediana edad sin infección. Durante dos semanas, en dos cohortes realizadas en 2023 y 2024, todos compartieron actividades cotidianas, desde charlas y juegos a estiramientos, yoga suave o baile. También manipularon objetos de uso común, como un bolígrafo, una tableta o un micrófono, que pasaban de mano en mano.
El resultado desconcertó al equipo: nadie se contagió. Los investigadores midieron síntomas a diario, tomaron hisopos nasales y saliva, siguieron la aparición de anticuerpos y cuantificaron el virus en el aire ambiente y en la zona de respiración de los voluntarios. También analizaron el aliento exhalado con la máquina Gesundheit II, un equipo que captura aerosoles y permite medir la carga viral que lanzamos al hablar o respirar. A pesar de que los estudiantes tenían mucho virus en la nariz, apenas tosieron durante las sesiones y, por tanto, expulsaron poco virus al aire.
Cómo se produce de verdad el contagio de la gripe: la tos
El estudio identifica dos factores que pueden inclinar la balanza. Primero, la tos. Si alguien con gripe tose cerca de ti, el riesgo sube de forma clara, porque la tos dispara la emisión de aerosoles y gotas finas que flotan y se inhalan con facilidad. Segundo, la ventilación y la mezcla del aire. En el hotel, un calefactor y un deshumidificador mantuvieron el aire en constante movimiento, lo que diluyó cualquier virus presente y redujo la exposición. Los autores señalan además que la mediana edad confiere algo más de resistencia frente a la infección que la juventud, un detalle coherente con estudios previos sobre inmunidad acumulada.
En interiores donde la gente se sitúa cara a cara y el aire apenas circula, el riesgo crece. Por eso conviene mover el aire, no solo filtrarlo. Los purificadores portátiles que además agitan el ambiente podrían ayudar de manera notable, porque una buena mezcla evita que se formen «bolsas» de aire cargadas de virus a la altura de la respiración. Y si estás muy cerca de alguien que tose, la medida más directa sigue siendo una mascarilla bien ajustada de alta filtración, como una N95, que retiene gran parte de las partículas finas.
El trabajo es un ensayo clínico controlado con personas infectadas de forma natural, un diseño escaso hasta ahora en gripe. No demuestra que la gripe no se contagie por el aire, ni descarta otras vías, pero aporta dos mensajes claros para este invierno: la tos importa, y el aire inmóvil también. Mejorar la ventilación y la mezcla del aire, junto con mascarillas en situaciones de cercanía y tos, puede cortar brotes en aulas, oficinas y hogares. La investigación continúa para cuantificar con precisión cuánto contagio se debe a la inhalación y en qué condiciones se dispara.
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