Dos estudios combinan por primera vez observaciones reales del océano con modelos climáticos y concluyen que la AMOC se debilitará entre un 42 y un 58% para 21o0, mucho más de lo que calculaban las estimaciones anteriores.

Hay una razón por la que Lisboa tiene inviernos más suaves que Nueva York, aunque ambas ciudades están a la misma latitud. Esa razón tiene nombre: AMOC, la Circulación de Retorno Meridional del Atlántico. Este colosal sistema de corrientes oceánicas transporta calor tropical hacia Europa y el Ártico y regula el clima de cientos de millones de personas. Durante años, los científicos han debatido cuánto podría debilitarse por el cambio climático. Ahora, dos nuevos estudios llegan a una conclusión que ha encendido todas las alarmas: los modelos pesimistas eran los correctos.

circulación de vuelco meridional del Atlántico

Circulación de vuelco meridional del Atlántico (AMOC) Wikimedia Commons

El termostato del Atlántico, más cerca del colapso de lo que pensábamos

La AMOC funciona como una cinta transportadora gigante. Las aguas tropicales cálidas y saladas viajan hacia el norte por la superficie del océano, ceden su calor a la atmósfera (calentando Europa en el proceso) y luego, más frías y densas, se hunden y regresan hacia el sur por las profundidades. Es un ciclo que lleva millones de años funcionando con una regularidad casi perfecta. Pero el calentamiento global está rompiendo ese equilibrio: el Ártico se calienta más rápido, el hielo de Groenlandia se derrite y vierte agua dulce (menos densa y salada) en el Atlántico Norte, lo que interfiere con el hundimiento de las corrientes y ralentiza toda la circulación.

El problema hasta ahora era que los modelos climáticos ofrecían predicciones muy dispares: algunos auguraban una ralentización mínima antes de 2100, otros proyectaban descensos de hasta el 65%. Esa incertidumbre permitía a quienes restaban importancia al problema aferrarse a los escenarios más optimistas. El nuevo estudio liderado por Valentin Portmann, del Instituto Inria de Burdeos, ha reducido drásticamente ese margen de duda.

El truco: escuchar al océano, no solo a los ordenadores

El equipo de Portmann aplicó cuatro métodos diferentes de restricción observacional: en lugar de confiar únicamente en las simulaciones, filtraron los modelos climáticos comparando sus predicciones con datos reales del océano (temperatura y salinidad superficial, medidas desde 1900). Solo los modelos que reproducían fielmente lo que los instrumentos han medido durante 120 años fueron considerados fiables. El resultado fue una convergencia inesperadamente precisa: una ralentización de la AMOC del 51% (±8%) para el año 2100, en el escenario de emisiones intermedias.

Simultáneamente, un segundo estudio analizó registros de cuatro boyas de monitorización distribuidas a lo largo del borde occidental del Atlántico Norte. Los datos mostraron un descenso coherente en el transporte de aguas profundas en las últimas dos décadas en las cuatro latitudes. «El hecho de que el debilitamiento se observe en los cuatro puntos es muy significativo», explicó Shane Elipot, oceanógrafo físico de la Universidad de Miami y coautor del segundo trabajo. La zona estudiada es «el canario en la mina de carbón» de lo que ocurre con la AMOC en su conjunto.

Lo que esto significa para Europa, y para España

Un debilitamiento de entre el 42 y el 58% no es un ajuste menor. Según los investigadores, una ralentización de esa magnitud situaría a la AMOC en o muy cerca del punto de inflexión a partir del cual el colapso total se volvería prácticamente inevitable. Las consecuencias serían de gran alcance: inviernos mucho más fríos y veranos más secos en el norte y oeste de Europa, un desplazamiento de los cinturones de lluvia tropical (con sequías severas en el Sahel y alteraciones del monzón), y un incremento del nivel del mar de entre 50 y 100 centímetros en las costas del Atlántico, incluidas las españolas.

Stefan Rahmstorf, del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, uno de los científicos que llevan más tiempo estudiando la AMOC, fue directo en su valoración: «Esto es un resultado importante y muy preocupante. Demuestra que los modelos pesimistas, que mostraban un fuerte debilitamiento de la AMOC para 2100, son, por desgracia, los realistas, porque concuerdan mejor con los datos observacionales». Rahmstorf añadió además que la realidad podría ser incluso peor de lo que refleja el nuevo estudio, porque los modelos utilizados no incorporan el agua de deshielo de Groenlandia, un factor adicional que acelera la perturbación.

¿Cuándo podría ser demasiado tarde?

La pregunta que más inquieta a los investigadores no es cuánto se debilitará la AMOC en 2100, sino cuándo se cruzará el punto de no retorno: el umbral a partir del cual el colapso se volvería irreversible aunque las emisiones cayesen a cero. Rahmstorf estima que ese momento podría llegar a mediados de este siglo, mucho antes de que los efectos más dramáticos sean visibles. Valentin Portmann, el investigador principal del estudio, lo formuló con claridad meridiana: «Encontramos que la AMOC va a declinar más de lo esperado. Esto significa que estamos más cerca de un punto de inflexión».

Los resultados reclaman una revisión urgente de las estrategias de adaptación climática en Europa. Durante décadas, los escenarios de planificación se han basado en los modelos más optimistas; estos dos estudios publicados en Science Advances obligan a recalibrar esas estimaciones hacia los extremos que hasta ahora se consideraban improbables. La cinta transportadora del Atlántico no se ha detenido todavía, pero los instrumentos que la vigilan envían una señal cada vez más inequívoca.

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