José Almansa es el director ejecutivo y cofundador de NomadIA.digital, una innovadora plataforma diseñada para posicionar a España como un destino mundial de primer orden para los nómadas digitales y el talento profesional. UnpPionero en espacios de trabajo colaborativos, Almansa cofundó Impact Hub Madrid en 2008 y más tarde cofundó LOOM junto con su hermana. Lanzado a finales de 2025, NomadIA tiene como objetivo cambiar el enfoque de la competencia por los turistas a la competencia por el talento global.
Darío Pescador: ¿Por qué España se ha convertido en un destino para los nómadas digitales de otros países?
Jose Almansa: Lo primero es que en España hay 300.000 nómadas digitales, que sepamos, no los conocemos, nadie los conoce. Tú preguntas ahora en la mayoría de los destinos, como islas, preséntame a diez, y nadie los conoce, no están ahí.
DP: ¿Pero estamos hablando de personas que están registradas con visa de nómada digital?
JA: Estamos hablando de personas que están trabajando desde aquí para empresas de fuera. Ese es el concepto del nómada digital como trabajador remoto, que también incluye a los españoles. Hace solo cuatro meses sale el informe de Savills que dice que la primera causa por la que el talento elige en qué empresa quiere trabajar es que pueda trabajar desde donde quiera. Esto es muy importante porque significa que estamos metidos en una ola de cambio del trabajo. No es que nosotros tengamos que empujar para que haya un cambio, para que existan más nómadas digitales. No es que sea un grupo reducido de colgados, o que quieren una vida alternativa. Es cómo se va haciendo el futuro del trabajo, va a más.
Se espera un millón de nómadas digitales para el año 2030 en España, y solo internacionales. Otro ejemplo, en la provincia de Málaga, con un dato del Banco de Sabadell, hay 103.000 extranjeros trabajando, de los cuales se considera que entre un 25 y un 40% son nómadas digitales, es decir, trabajan para empresas extranjeras.
Sin embargo, ¿qué ocurre? Que el nómada digital, si no es no está planificado desde el destino, es un arma de doble filo. Imagínate una isla, por ejemplo Lanzarote, Gran Canaria, o una ciudad como Málaga. Si no tienes ninguna planificación, cuando vienen los nómadas, van a una zona donde normalmente pasan cosas. ¿Dónde van? Al mismo sitio, porque es donde han identificado en redes sociales que pasan cosas. Es como un efecto llamada. Hay otras personas que han llegado antes que dicen este sitio está muy bien, hay playa, hay animación, y otras que dicen: pues yo también me voy. Hay webs como nNomadlist, por ejemplo, que hacen rating de los destinos.
Cuando hablamos de un nómada digital es una persona que trabaja por una empresa de fuera, con una media de ingresos entre 100.000 y 120.000 dólares al año. Aquí suena a mucho dinero, pero para los sueldos de Suiza o de Alemania o de otros países no es tan descabellado. Esa es la media, hay gente que gana mucho más.
Nosotros apoyamos y estuvimos haciendo una asistencia técnica al Ministerio para el visado de nómada digital, que reduce la tributación al 24%, la llamada ley Beckham. ¿Qué ocurre con el impacto local? Que cuando te llega una persona que gana 120.000 dólares y tributa al 24%, mientras que el local tributa al 47%, y encima el piso que tiene en Alemania o en Suecia no es renta universal, es decir, no tributa ni allí aquí, tiene una renta disponible enorme. Está compitiendo por el recurso habitacional, por el café o por el menú con el local. Es imposible. ¿Qué ocurre ahí? Gentrificación, es decir, el nómada genera un efecto negativo porque gentrifica. Tenemos muchas zonas donde no queda ni un local, porque no merece la pena vivir allí.
DP: Se expulsa a los habitantes locales
JA: Nosotros fundamos el espacio coworking más antiguo de Europa en activo que es Impact Hub Madrid. Después cofundé con mi hermana Loom, que es uno de los más grandes operadores de espacios flexibles de trabajo. De esta experiencia sacamos una fórmula que es lo que hace que los espacios funcionen: espacios mágicos, comunidad vibrante y programación inspiradora. Son tres palancas que necesitas para que funcione. Si tú estás en una región, en una isla, que está muy estresada, y creas espacios mágicos, te permite repartirlos por la isla o por el territorio. Esto hace que el recurso habitacional o los espacios de trabajo no estén concentrados en el mismo sitio.
Si yo te digo que puedes ir a trabajar en una zona al aire libre, en unas ruinas o en una almazara, estoy repartiendo los destinos. Lo segundo es que si tienes una programación, te deja activar y desactivar el que vengan los nómadas digitales, y qué tipo de perfil quieres que venga. En un destino que tiene temporalidad, es decir, muy lleno en verano, pues obviamente lo que voy a intentar es no hacer nada de programación para nómadas en verano, para que no sume los otros nómadas y haya más presión.
Es muy importante el que yo pueda elegir el perfil de nómada que quiero que venga. Es decir, si hago una programación para hippies, atraigo hippies, si la programación está en consonancia con los retos o con la estrategia del territorio, va a venir gente que pueda apoyarme en lo local. El nómada es alguien que, si no lo trabajamos, se convierte en un turista disfrazado que va a estresar los territorios. Si el nómada está bien planificado vamos a conseguir a alguien que se va a involucrar, puede generar nuevas maneras de pensar, nuevo conocimiento, nuevas tendencias, y aportar muchísimo valor. Si estamos atrayendo talento, a mí me parece una increíble oportunidad perdida de tener a lo mejor a un director de innovación de una empresa
sueca o americana, que esté aquí pasándoselo muy bien, siendo muy feliz, pero que no deja nada en el territorio. Eso es un error que hay que corregir.
DP: ¿Pero es posible crear esos espacios «mágicos» cuando estamos hablando de cientos de miles de personas? Es un gran volumen y estos movimientos de población se producen muy rápido.
JA: Esto no es una cuestión de cuatro paredes. ¿Cuál es la idea aquí? Aprovechemos que estamos delante de un gran cambio en el mundo del trabajo. España no va a ser la una gran potencia en emprendimiento, aunque nos empeñemos. Es muy difícil competir ahí. Pero España puede ser la primera potencia en atracción de talento. Tener aquí a quienes más saben de una cosa, gente que otros países han se han gastado un montón de dinero en formar, que vienen con ese conocimiento, con las tendencias, con la visión de hacia dónde va el mundo, y nos pueden dejar ese valor que traen. Yo creo que es una apuesta muy importante.
Yo he visto la transformación que puede generar en un pueblo, en una ciudad y creo que podemos hacerlo como país. No es una cuestión que se lo absorba un coworking o un coliving, sino que todo el país genere propuestas de valor diferentes pero complementarias. La propuesta de valor de Málaga no compite con la de un pueblo como Baena o con la de Madrid o con la de Zaragoza. Todos tienen cosas increíbles y absolutamente únicas que ofrecer. El nómada quiere vivir experiencias, viajar, moverse de un sitio a otro y que pasen cosas, no solo el nómada, sino también el talento nacional. Si yo puedo trabajar desde donde quiera y me voy a ir a Salamanca, y resulta que están haciendo un encuentro de tres días de Inteligencia Artificial, hay actividad cultural, una comunidad donde hay cuatro o cinco personas clave del mundo de Inteligencia Artificial mundial, pues me voy a trabajar esa semana a Salamanca.
DP: ¿Cuál es el catalizador para que estos estas comunidades en distintos sitios en España funcionen? Porque si ya hay actividades y personas que son punteras, eso es un atractor, pero ¿cómo las llevas allí?
JA: Las administraciones tienen que facilitarlo, tener una apuesta decidida porque el talento suma y es de mucho valor. Lo segundo es poder crear un ecosistema desde la ciudadanía. los comercios, las cámaras de comercio, las asociaciones, las universidades, todo el mundo se tiene que sumar. Entonces es muy importante que podamos delimitarlo territorialmente. Después un emprendedor, un comercio, puede llegar y ofrecer actividades a los nómadas, facturar y de ganar dinero y dejarlo abierto para que los propios nómadas también puedan proponer.
Tenemos la experiencia con Málaga, por ejemplo. Cuando hacemos algún evento con nómadas habemos un «busco y ofrezco». El nómada, el 80% de lo que escribe es ofrezco, no es busco. Para el nómada es la manera de introducirse en la vida local. El nómada no es no es un expatriado que busca un gueto, no es un turista, es alguien que quiere conectar y quiere hacer vida de local. Puede saber de inteligencia artificial o de storytelling, y enseñarlo a los locales.
DP: ¿Tiene sentido, en lugar de hablar de atraer al nómada individualmente, hablar con las empresas en origen y que traigan a parte de su plantilla?
JA: Históricamente era algo más individual. A principios de los 2000 era más el programador que iba viajando por el Pacífico. Ya pasamos un poco esa etapa. Loom era la sede de los nómadas digitales en Madrid y Barcelona cuando venían en el año 2016. Descubrimos también que éramos capaces de atraer corporaciones a los espacios de coworking porque se enriquecían más, porque había una heterogeneidad que los enriquecía. Yo registré en el año 2018 el término «corporate digital nomad», porque yo creo mucho en este concepto. En Nomadia hablamos con las empresas, tenemos un sello que es «digital nomad friendly» porque precisamente el talento lo que busca es que te dejen ser nómada digital o trabajar desde donde quieras, por lo cual tiene todo el sentido y hay un efecto secundario que genera y es hacia todas las oficinas que hay de atracción de empresas. Ya hay casos reales de empresas que se están estableciendo en diferentes partes de España porque llegó gente, se pusieron a trabajar desde aquí, les encantó, se enamoraron y cuando había que abrir una sede, pues dijeron, tráemela aquí, que aquí estoy muy feliz.