A los 70 años, muchos hombres ya han perdido parte del cromosoma Y en sus células, y los estudios empiezan a relacionarlo con enfermedades del corazón, cáncer y alzhéimer

De los dos cromosomas sexuales, el cromosoma Y tiene las de perder. Contiene pocos genes comparado con otros cromosomas, y se asocia sobre todo a la determinación de los caracteres sexuales masculinos. Por eso, cuando los investigadores detectaron que algunos hombres mayores perdían el cromosoma Y en parte de sus células, no le dieron importancia. A esa edad, la posible pérdida de fertilidad era el menor de los problemas.

Pero la pérdida en mosaico del cromosoma Y, que se da en unas células sí y en otras no, puede tener consecuencias mucho más graves para la salud en la vejez.

Así perdemos el cromosoma Y

Cuando un hombre llega a los 70 años, existe un 40% de probabilidades de que ya haya empezado a perder el cromosoma Y. A los 93, esa cifra sube al 57%. Una acumulación creciente de investigaciones señala que la pérdida del cromosoma Y no representa un detalle inofensivo del envejecimiento. Los científicos la consideran ahora una mutación somática común, es decir, un cambio genético que aparece en células del cuerpo a lo largo de la vida, con implicaciones serias. La han vinculado a mayor mortalidad y a riesgos más altos de cáncer y enfermedad de Alzheimer.

Lo que ocurre dentro del cuerpo resulta más fácil de imaginar si piensas en tus células como fotocopiadoras trabajando sin descanso. Cada división celular implica copiar cromosomas, y en ese proceso el cromosoma Y puede “no colarse” en la nueva célula. La pérdida ocurre sobre todo en células con recambio rápido, como las sanguíneas. Los estudios describen fallos en la mitosis, el momento en que la célula reparte sus cromosomas, y mencionan un detalle técnico con nombre de villano de serie B: los micronúcleos, pequeñas estructuras donde el cromosoma Y puede quedar atrapado y terminar desintegrándose.

El cromosoma Y y el corazón

Con el tiempo, se forma un mosaico: algunas células conservan el Y y otras ya no. En un caso extremo descrito por investigadores, estimaron que un hombre de 81 años acumuló al menos 62 eventos independientes de pérdida del cromosoma Y, ocurriendo en paralelo en células de su sangre. Y hay un dato que convierte el asunto en irreversible a escala celular: una vez una línea celular pierde el Y, esas células y sus descendientes no lo recuperan.

Las consecuencias médicas se amontonan. Entre las más llamativas aparece el corazón. Según trabajos citados en el texto original, los hombres que habían perdido el cromosoma Y en al menos el 40% de sus glóbulos blancos mostraban más riesgo de morir por enfermedades del sistema circulatorio. Los investigadores afinan el mecanismo con una pieza clave del sistema inmune, los macrófagos, células defensivas que nacen en la médula ósea y pueden infiltrarse en el corazón. En ratones sin cromosoma Y en esas células, muchos macrófagos empezaron a favorecer la fibrosis, una cicatrización interna que estimula la producción de tejido conectivo. Esa rigidez puede acabar empujando al corazón hacia el fallo.

El cáncer también entra en la ecuación. El texto cita estudios que relacionan la pérdida del Y con la capacidad de ciertos tumores para esquivar al sistema inmune, con ejemplos como un cáncer de vejiga más agresivo. Además, revisiones recientes agrupan asociaciones con enfermedades cardiovasculares, trastornos neurodegenerativos y varios tipos de cáncer. El alzhéimer figura en esa lista, aunque los científicos aún discuten los mecanismos exactos.

Otra confusión habitual tiene que ver con lo que “creemos” que hace el cromosoma Y. Mucha gente asume que solo sirve para construir anatomía masculina. Sin embargo, el texto subraya que el Y incluye genes no codificantes, piezas que no fabrican proteínas pero sí pueden regular la actividad de otros genes. Si pierdes ese regulador en parte de tus células, no dejas un hueco neutro, cambias cómo esas células se coordinan y defienden el organismo.

Cómo saber si estás perdiendo el cromosoma Y

La edad manda, pero no actúa sola. Factores ambientales como fumar y exponerse a carcinógenos parecen acelerar la pérdida. Un estudio grande con UK Biobank encontró una asociación fuerte entre fumar en la actualidad y tasas más altas de pérdida del Y, y observó que los exfumadores mantenían un riesgo elevado hasta 20 años después de dejarlo. Los científicos también han identificado componentes genéticos, con estudios que describen decenas y hasta cientos de regiones del genoma vinculadas al fenómeno, muchas relacionadas con el ciclo celular y la susceptibilidad al cáncer. Eso deja un mensaje doble: parte viene “de serie”, pero otra parte depende del entorno y de hábitos.

La duda era si la pérdida del Y causaba enfermedad o solo acompañaba a la enfermedad. En un experimento con ratones, los científicos usaron CRISPR-Cas9, una herramienta de edición genética, para eliminar el cromosoma Y de células de médula ósea y trasplantarlas a ratones macho jóvenes. Los ratones con células sin Y murieron más durante el seguimiento y su corazón perdió fuerza de contracción con el tiempo.

En medio de lo preocupante aparece una posibilidad práctica: un fármaco ya aprobado por la FDA, la pirfenidona, que se usa contra la fibrosis pulmonar idiopática, podría ayudar a contrarrestar parte del daño si el problema central pasa por la fibrosis. El texto insiste en que aún no está lista para recetarse con ese objetivo, pero abre una vía directa hacia tratamientos antifibróticos en cardiología y otras áreas.

El último gran obstáculo es que hoy la mayoría de los hombres no sabe si está perdiendo el cromosoma Y. Los médicos no lo miden de forma rutinaria. Existe una prueba sencilla tipo PCR, parecida a las que se popularizaron con la COVID-19, pero se queda sobre todo en laboratorios de investigación. Aun así, un investigador citado en el texto ve posible que cambie: “Si el interés por esto continúa y se demuestra que tiene utilidad para predecir enfermedades en los hombres y puede llevar a una terapia personalizada, quizá esto se convierta en una prueba diagnóstica rutinaria”.

Si todo esto se confirma, la conversación sobre por qué los hombres viven menos que las mujeres sumará una capa biológica que hasta ahora pasaba desapercibida. La ciencia empieza a tratar la pérdida del cromosoma Y no como un pie de página genético, sino como una señal de inestabilidad del genoma y de estrés acumulado. Y esa señal, por fin, parece querer que le hagamos caso.

REFERENCIA

Loss of the Y Chromosome: A Review of Molecular Mechanisms, Age Inference, and Implications for Men’s Health